Oaxaca de Juárez, 24 de abril. Al evocar el año 1985, muchos recordarán de inmediato el devastador terremoto que sacudió a México. Pero en Chiapas, ese año marcó también otro episodio crítico: el recrudecimiento de los conflictos agrarios y la represión contra organizaciones indígenas bajo el gobierno de Absalón Castellanos Domínguez. A ello se sumó el impacto humanitario de más de 120 mil refugiados guatemaltecos que, a raíz de la guerra civil en Centroamérica, habían llegado desde 1982 a campamentos establecidos a lo largo de la frontera chiapaneca. Este panorama atrajo a un sinfín de activistas, académicos y organizaciones humanitarias, muchas de ellas respaldadas por la diócesis de San Cristóbal.
Así, Chiapas —durante mucho tiempo percibido como una región aislada— se convirtió en el centro de atención nacional e internacional. La frontera sur adquirió un carácter estratégico y simbólico. El temor a un “contagio” de las guerras centroamericanas despertó un interés inusitado por entender su historia, su presente y sus posibles futuros. Políticos y académicos dirigieron su mirada hacia este estado fronterizo, indígena y empobrecido.
En este contexto, y gracias al impulso del abogado de la UNAM, el chiapaneco Cuauhtémoc López Sánchez, la universidad promovió desde fines de 1984 la creación del Centro de Investigaciones Humanísticas de Mesoamérica y el Estado de Chiapas (CIHMECH), con sede en San Cristóbal de Las Casas. En su discurso inaugural, el 26 de abril de 1985, López Sánchez delineó su objetivo principal: profundizar en el estudio de Mesoamérica y apoyar la investigación sobre la realidad chiapaneca, especialmente como entidad fronteriza.
Para 1998, con su transformación en el Programa de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Mesoamérica y el Sureste (PROIMMSE), logró consolidarse formalmente. Su primera coordinadora, Olivia Gall, retomó el espíritu fundacional del centro, orientándolo hacia el análisis multidisciplinario del sureste mexicano y sus vínculos con Centroamérica.
Desde entonces, la producción académica no ha cesado de crecer: 28 libros, 7 tomos de Cuentos y relatos indígenas, la revista Pueblos y Fronteras, y el evento anual del mismo nombre, dan cuenta de una actividad sostenida y comprometida. A partir de 2004, bajo la dirección del Dr. Miguel Lisbona, se diseñó un plan estratégico para convertir al PROIMMSE en sede de programas de posgrado de la UNAM y en un nodo clave para el estudio de las dinámicas México-Centroamérica.
En 2015, con motivo del 30 aniversario, la UNAM otorgó nuevamente el estatus de Centro a esta sede, ahora bajo el nombre de Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur (CIMSUR). Su primer director, el Dr. Gabriel Ascencio Franco, encabezó una etapa de consolidación institucional y científica. Nuevos ejes de investigación —como Frontera Sur: Territorio, Sociedad e Historia; Estado y Diversidad Cultural; y Lenguas de la Frontera Sur— han dado pie a diplomados, seminarios y publicaciones que colocan hoy al CIMSUR a la vanguardia de los estudios regionales.
Actualmente, el Centro cuenta con un equipo fortalecido de 21 investigadoras e investigadores, y 9 personas técnicas especializadas, todas comprometidas con la producción académica y la formación profesional. Chiapas ya no se percibe como un estado periférico, sino como un eje fundamental en la geopolítica nacional y continental. La presencia del CIMSUR en la frontera sur le confiere un papel estratégico en el análisis de las crisis humanitarias, ecológicas y políticas derivadas de la movilidad humana, que afectan no solo al sureste, sino a todo el país.
Hoy, el papel de la UNAM en esta región es más relevante que nunca. Desde el CIMSUR, concebimos la frontera no solo como un espacio de conflicto, sino como un puente cultural, histórico y humano entre México y Centroamérica. Pensar la frontera sur desde Chiapas y Centroamérica es una invitación a mirar más allá de sus límites geográficos; a escuchar voces históricamente silenciadas; y a construir, de forma colectiva, nuevas maneras de habitar el mundo. Esta región no es un problema a resolver desde arriba, sino una posibilidad a abrir desde abajo: desde las prácticas cotidianas, los saberes locales y las resistencias que día a día forjan un horizonte distinto. Esta transformación en curso no es solo una exigencia política, sino también una apuesta ética y ontológica por un mundo más justo, plural y digno.
Frente a los desafíos actuales, el Centro promueve activamente la divulgación sobre la Frontera Sur y el fortalecimiento de vínculos con universidades centroamericanas para construir espacios compartidos de investigación, docencia y difusión. Fruto de este esfuerzo es el diplomado Estudios Transfronterizos México-Centroamérica, organizado junto con el CEPHCIS, el CRIM, la Universidad Centroamericana Simeón Cañas (UCA), la Universidad de El Salvador (UES), la Universidad Rafael Landívar y la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC). Con su próxima transformación en un programa de especialidad en 2026, el Centro reafirma su compromiso con la generación de conocimiento, la formación de profesionales y el diseño de soluciones conjuntas para nuestra región.


