Edwin Meneses
Salina Cruz, Oax. 19 de noviembre. Salina Cruz atraviesa uno de los periodos más violentos de los últimos años, con ejecuciones registradas desde el primer día de enero hasta los meses más recientes de 2025.
Los ataques armados, asesinatos selectivos y hechos de alto impacto han marcado la vida cotidiana del puerto, mientras la administración municipal encabezada por Daniel Méndez Sosa permanece incapaz de frenar esta ola delictiva que se expande sin contención visible.
Desde el 6 de enero, cuando un hombre fue ejecutado en el Barrio El Espinal, los homicidios se han acumulado mes tras mes.
Tan solo en el primer trimestre, se documentaron al menos diez ejecuciones, incluyendo casos como la muerte de un padre en Bahía La Ventosa el 30 de enero, el hallazgo de un cuerpo frente al IMSS el 20 de enero, o la serie de ataques del 24 al 31 de marzo, que dejaron varios muertos y heridos. Ninguna de estas fechas logró activar una respuesta contundente del gobierno municipal.
La violencia continuó sin freno en abril, mayo y junio, con asesinatos en colonias como Héroes de Nacozari, Jesús Rasgado, Granadillo y Boca del Río, donde se registraron jornadas de hasta tres ejecutados en 24 horas. En julio y agosto, la tendencia ascendente se mantuvo con la ejecución de un taxista del sitio “Guardianes del Puerto” y ataques armados en Playa Brasil y Barrio Cantarranas.
Aunque los hechos se multiplicaban, la autoridad municipal se limitó a declaraciones sin resultados palpables.
En septiembre y octubre la situación escaló nuevamente, con ejecuciones dentro de viviendas en Barrio San Francisco y Cantarranas, así como el asesinato del dirigente regional de la CATEM, Noé Pérez Urquidi, atacado en pleno estacionamiento de un centro comercial.
Este último caso reveló no solo la presencia de grupos criminales con capacidad de operar a plena luz del día, sino la fragilidad total del esquema de seguridad municipal, incapaz de prevenir crímenes de alto perfil.
A pesar de esta cronología extensa y alarmante, las autoridades no ha presentado una estrategia clara, coordinada o efectiva para enfrentar la crisis.
Los homicidios continúan, la población vive con miedo y la percepción es que el crimen opera con libertad, ocupando espacios que deberían garantizarse con presencia policial, prevención del delito y una política real de seguridad pública.


