Oaxaca de Juárez, 18 de julio. Los Maestros pueden salvar los Lunes del cerro que es una tradición para el pueblo de Oaxaca. Hablo de pueblo, es decir, los jodidos, que somos todos y no somos turistas. Los Maestros deben seguir promoviendo la guelaguetza (con minúsculas), no el negocio Guelaguetza con mayúsculas. Guelaguetza, el espectáculo es para turistas y la hacen con mayordomías, bodas, bautizos y la danza de los rubios.
Los Maestros deben aprovechar que no tienen compromisos políticos con nadie y además, verdaderamente, les duelen y viven, los sufrimientos del pueblo.
Lo nuestro es la danza, el movimiento, los colores vivos, los cantos alegres y picantes y los presentes de cada región, por supuesto. Las delegaciones de Ejutla, Pinotepa, Juquila, la Sierra con su Torito serrano, Huautla, el Istmo y otras delegaciones vivas, vendrán gustosas a actuar para su pueblo, como lo hicieron en 1932. Esta es la historia.
Las nuevas generaciones que están empezando a vivir, deben saber que Oaxaca es una zona sísmica; es algo que los que estamos vivos debemos tener presente siempre como precaución.
Lo menciono en este momento porque un terremoto originó, real y accidentalmente, las Siete Regiones de Oaxaca.
Sí; fue un terremoto de 7.8 grados en la escala de Richter, a las ocho de la noche, del miércoles 14 de enero de 1931. Destruyó gran parte de lo que hoy conocemos como Centro Histórico y que hasta esa fecha no había crecido desde que Hernán Cortés le había puesto un cincho o raya a la ciudad de Antequera, con los barrios sujetos a la jurisdicción de El Marquesado (Santa María Oaxaca) de Hernán Cortés.
Se habla de que el 95 por ciento de las viviendas quedaron inservibles y era tal la desesperación, el temor y la incomunicación en que quedó Oaxaca (la estación terminal de ferrocarril quedó destruida) que el pueblo y el gobierno empezaron de inmediato, juntos, la reconstrucción con lo que tenían a la mano.
Aprovechando que en 1932, se cumplirían cuatrocientos años de la elevación de Oaxaca a la categoría de ciudad (Nota personal: Fue Antequera, no Oaxaca, la que se elevó a la categoría de ciudad con 30 familias, y desapareció, al consumarse la Independencia de México.
Una de las ideas fue hacer un evento que trajera a la capital del estado, ayuda espiritual que levantara el ánimo decaído de los oaxaqueños y así, para preparar la fiesta se nombró un Comité Organizador de los Festejos del IV Centenario que estuvo integrado por: Lic. Francisco López Cortés, León Olivera, Policarpo T. Sánchez, Demetrio Bolaños Cacho, Lic. Heliodoro Díaz Quintas, Sr. Lauro Candiani Cajiga, Sr. Demetrio Granja, Dr. Manuel Canseco Landero, Luis A. Herrera, Manuel Sainz, Dr. Alberto Vargas, Manuel Sodi, Alberto Dordelly, Guillermo Reimers Fenochio, Zeferino Diego Aguirre, Gabriel I. Carsolio, Lic. Constantino Esteva, Daniel Vargas, Prof. Guillermo Bonilla S., Prof. Gustavo B. Mendoza y Pro. Raúl Fuentes Calvo. Fuente: Sociedad Folklórica Oaxaqueña 1958, p. 18-19.
Este Comité tuvo sus oficinas en los bajos del Teatro Mier y Terán (actual Teatro Alcalá) y se reunió por primera vez en el Palacio Municipal, el 14 de noviembre de 1931.
El Comité fue asesorado por los artistas oaxaqueños: Alfredo Canseco Feraud, Fernando Ramírez de Aguilar (Jacobo Dalevuelta), Carlos González, Guillermo Rosas Solaegui (hermano de doña Arcelia Yañíz) y otros. Sociedad Folklórica Oaxaqueña 1958, p. 18-19.
Hasta esta fecha, 25 de abril de 1932, no participaba ninguna delegación. Rosas Solaegui, 1978, p. 107, cuenta qué: “Era una fiesta casera, sin que tomara parte en ella, ninguna otra región del Estado, más que los habitantes de su capital y sus pueblitos o agencias aledaños. No había turismo exprofeso y menos extranjero; venían eso si muchos oaxaqueños residenciados en la capital del país y en otros lugares de la República a gozar con sus dos lunes.
La fiesta era en la tarde y no en la mañana, pero desde temprana hora, muchas familias especialmente de la clase media, desde las 7 emprendían la marcha para el Fortín, a pie, llevando viandas para almorzar a la usanza de nuestros antepasados, como atole de granillo, chocolate de agua o de leche, tamales de mole, de frijol, de dulce, y de chepil con su salcita con gusanitos de maguey; ricas tortillas “clayudas” embarradas de asiento, sin faltar los chapulines, las hojaldritas y las tortitas tostadas de harina cafecita, que tanto se han escaseado hoy en día. Se desayunaba en pleno campo.”
El Comité Organizador convocó a todos los distritos del Estado, sin embargo únicamente asistieron, por primera vez, siete regiones, a rendir homenaje a Oaxaca, evento al que denominaron Homenaje Racial, con lo más simbólico y significativamente representadas vistiendo sus mejores galas, con sus atributos más preciados y más genuinos, en son de espléndido agasajo, llevando cada región regalos y homenaje para ofrecerlos a Oaxaca, la perla del Sur, que vive su vida típica y generosa, las siguientes siete regiones del Estado, 1.- Región Mixe, 2.- La Sierra, 3.- La Costa, 4.- El Valle, 5.- La Mixteca, 6.- La Cañada y 7.- El Istmo. Iturribarría, 1992, p. 243 – 245. En representación de Oaxaca, recibió el homenaje la Señorita Oaxaca, Margarita Santaella.
Estas siete regiones llegaron presididas, cada una, por dos ancianos venerables que portaban, entre ambos, el bastón con lazos azules, símbolo de la autoridad suprema de su región. Frente a la Señorita Oaxaca entregaron su bastón de mando. El emblema de la suprema aspiración de cada región fue el silabario.
Los mixes, el más alto símbolo de la libertad. Estos indios jamás tuvieron en sus pies el grillete ni llevaban sobre sus espaldas la seña infame de la esclavitud. Trajeron matas de café, begonias, helechos a profusión y canastos de fruta.
Probablemente esta fiesta amable no se perderá en el devenir de los años, nos dice Carlos Filio, 1935, p. 154, porque los oaxaqueños sabemos defender las costumbres del pasado, cultivar con cariñoso empeño la herencia de bondad y de alegría, que es el encanto del recuerdo de los que ya vamos siendo viejos.
Lo positivo: en este momento, 18 de julio de 2015, en que los oaxaqueños atravesamos por una crisis económica crónica, provocada por una casta divina, privilegiada y apoyada; en un intento de salvación, debemos invocar a nuestros abuelos que, en 1932 sentaron las bases de lo debe ser el estado de Oaxaca al celebrar, con la aclaración personal arriba citada, el IV centenario de su exaltación de Antequera, a categoría de ciudad:
*Miembro Titular del Seminario de Cultura Mexicana, Corresponsalía Oaxaca
desde Santa María Oaxaca
castilan.gerardo.castellanos@gmail.com