Oaxaca de Juárez, 9 de octubre. Abstenerse de hablar es guardar silencio y, escuchar sólo nuestra voz interior es escuchar la voz en el silencio. Es meditar como camino hacía el autoconocimiento. Le dije al maestro Domingo Díaz Porta: la voz del silencio y me corrigió: la voz en el silencio. La falta de ruido es estar en silencio, en un panteón, por ejemplo, pero en mi opinión no es fácil escribir del silencio.
Reconozco que el silencio es un tema difícil y original, sin embargo, hay personas que logran hacer fácil lo que considero difícil.
El martes pasado se celebró la décimo séptima sesión ordinaria de la Corresponsalía Oaxaca del Seminario de Cultura Mexicana y tocó a la seminarista Patricia Chiñas López, abordar el tema: Sólo en la paz de los sepulcros creo.
Inició haciendo la pregunta: Los panteones. ¿Refugio para los vivos? Y citó al poeta español de la época del Romanticismo, José de Espronceda: “Allí convidan al sueño / Aguas puras sin murmullo / Allí duermen al arrullo / De una brisa sin rumor…”
La plática la dividió en dos partes, la primera es un ensayo sobre el tema y la segunda sobre lugares en que a estado Patricia Chiñas. Respetando el espacio, pongo a su consideración algunas notas personales de su charla.
Inició, y cito: “Cuando fallece un ser próximo a nosotros irremediablemente acudiremos o pensaremos en un cementerio, aunque hubo un tiempo en que panteón y cementerio no eran lo mismo, uno era para los dioses y el otro para los mortales, hoy ante la escasez de los primeros, convencionalmente los consideramos sinónimos, el pequeño Larousse nos dice que los cementerios son sitios destinados a enterrar cadáveres, sabemos que son mucho más que eso, pero así mismo en el otro extremo podrían reducirse hasta perderse, los poetas han escrito sobre ello Francisco Álvares Hidalgo comienza su poema titulado cementerio como sigue: “En este cementerio no hay tristeza, ni soledad tampoco, ni alegría, ni los muertos están, ya sólo barro, ni se acercan los vivos de visita…”
“Los cementerios además de cadáveres guardan historias, tradiciones e inquietudes de una época y localidad, son testimonio cultural, estético y social, pero además podrían ser nuestros jardines zen, podríamos convertirlos en espacios contemplativos y propiciatorios del estar con uno mismo.
“Al estar en un cementerio nos alejamos del trajín del mundo cotidiano, recordamos emociones y experiencias si en él se encuentra algún ser añorado, y hasta podemos entablar diálogos; yo siempre que visito a mí padre lo pongo al día sobre los acontecimientos desafortunados en mi vida y por alguna razón tal vez primitiva en mis genes, espero que intervenga por mí en la dimensión en que se encuentre.
Nota: “Cuando hice este ensayo sólo estaba mi padre y ahora tengo también a quién contarles lo afortunado en mi vida” Hace una semana Paty perdió a su madre.
Pero aun cuando no “conozcamos” a nadie en el cementerio, podemos imaginar historias y vidas con solo ver o leer los epitafios, uno se puede transportar a otros sitios y tiempos, como me sucedió con el del escritor escocés Robert Louis Stevenson, el autor de la isla del tesoro, citado por Fernando Savater en su libro, Lugares con genio, que me hace no solo imaginar su tumba en Samoa, también la he soñado, les comparto lo que el mismo escribió: “Bajo el inmenso y estrellado cielo cavad mi fosa y dejadme yacer. Alegre he vivido y alegre muero, pero al caer quiero hacerles un ruego, que pongáis sobre mi tumba este verso: ‘Aquí yace donde quiso yacer. De vuelta del mar está el marinero; de vuelta del monte está el cazador’ ”
“Desde siempre la literatura ha estado unida a la reflexión sobre la muerte, Shakespeare pone en boca de Marco Antonio esta frase refiriéndose a Julio César:
“Amigos y Romanos, Compatriotas, atención prestadme: A enterrar, no a ensalzar a César vengo. Al hombre sobrevive el mal que hizo; El bien se entierra con el cuerpo…”
“Al pensar como acompañar las imágenes, se me ocurrió hacer una mezcla entre lo local y lo oriental, así que me di a la tarea de buscar algunos haikus que al capturar instantes nos recuerdan lo breve que puede ser la vida, dichos haikus fueron tomados de la compilación realizada por Gerardo Suzán Llamada al viento y publicada por Alfaguara en 2008, los autores: Basho, Buson e Issa son clásicos japoneses y les comparto lo que resultó.
“Buson: Ciruelos gemelos / Tarde florece uno: / Temprano el otro.
Issa: ¿En qué lugar / De esta galaxia, estrella / mía, estarás?
Basho: Araña, ¿qué cantarías tú? ¿Con qué voz, en este viento de otoño?
Basho: La rama seca / Con un cuervo posado / Tarde de otoño.
Issa: Hasta al abrigo / De un resplandor, mi sombra / rezume frío.
Issa: Grillos, ¡silencio! Escuchad… La primavera / Lluvia de invierno.
Buson: Ráfaga de invierno / El quejido del agua / En la roca se quiebra.
“Y después de haber echado mano de los clásicos japoneses, quisiera cerrar
con un intento de haiku: El encanto del silencio / Y la paz de los sepulcros
Apaciguan el alma.” Hasta aquí la cita.
“Cuando hablas sólo repites lo que sabes, pero cuando escuchas quizás aprendas algo nuevo” Dalai Lama. Al terminar pidió hacer los comentarios y seguir este consejo.
Comentario: En el panteón General la primera sentencia literaria que adorna el frontón de su fachada, es una pieza maestra de la retórica funeral francesa, atribuida a Robespierre, que dice: “Postraos, aquí la eternidad empieza y es polvo aquí la mundanal grandeza”… *
La segunda: A la muerte *
Tú ere piadosa y justa porque igualas / en el silencio de tu sombra oscura / al mendigo y al rey y a la hermosura, / tornando en polvo su mentidas galas. // ¿ por qué si el fin del padecer señalas / tiembla la mírate el hombre con pavura? / Qué no sabe que se halla la ventura / bajo la dulce sombra de sus alas … ? // Yo anhelo la quietud de tu reposo, / pues una voz me dice que te espere / cual se espera un amigo cariñoso; // Hé aquí mi corazón, míralo, hiere; / yo no temo tu aspecto pavoroso, / porque algo siento en mi que nunca muere.
José B. Santaella.
*Fuente: LIBROS DE OAXACA Novedades y publicaciones Colección: las quince letras Ed. Carteles del Sur.
Patricia Chiñas López es Arquitecta egresada de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, su tesis obtuvo mención honorífica; participó en la elaboración del Catálogo de Monumentos Históricos de la Ciudad de Oaxaca; tiene un diplomado en Restauración Arquitectónica; un diplomado en Historia del Arte; es maestrante en Historia de la Arquitectura Mexicana; participó en la construcción del Teatro de la Ciudad de San Cristóbal de las Casas; ha sido catedrática en Chiapas, Guanajuato y Oaxaca; colaboradora de la Fundación y de la Hemeroteca Néstor Sánchez y miembro del Seminario de Cultura Mexicana Corresponsalía Oaxaca de la que es actualmente tesorera.
Desde Santa María Oaxaca
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