
Necesitamos un estado fuerte, capaz, efectivo en su gobierno, pero cercano a la sociedad, que rinda cuentas, que permita la participación, que haga de la política un instrumento de la voluntad general y no sólo un espacio de privilegio de grupos.
Los mexicas y zapotecas tenían profecías que anunciaban la llegada de hombres blancos y barbados que era la forma en la que regresaría el dios Quetzalcoátl y que se esperaba al final del reinado de Moctezuma. Antes de su llegada —afirmaban— ocurrirían una serie de fenómenos naturales y catástrofes. Los testimonios así lo enunciaban:
“De aquí a muy pocos años nuestras ciudades serán destruidas y asoladas, nosotros y nuestros hijos muertos…”
Y prevenían al emperador:
“perderéis todas las guerras que comiences y otros hombres con las armas se harán dueños de estas tierras…”
Las profecías comenzaron a cumplirse a los tres años de la ascensión de Moctezuma al trono. En 1510 se sucedieron un eclipse de Sol y la aparición de un cometa.
Al poco tiempo, para desgracia nuestra, Hernán Cortés desembarcó en las costas de México… y no pasó mucho tiempo para que los mexicas, mixtecas, zapotecas nietzichus, mixes y chontales, tomaran conciencia de que sólo eran vulgares rateros que venían a robar oro y vidas y no tenían nada que ver con el dios que aguardaban.
Quinientos años después, nuevamente, debemos tomar conciencia que el anuncio de tiempos difíciles no debe sorprendernos. A los oaxaqueños no nos puede ir peor qué cómo nos ha ido. Sería una necedad negar la realidad. Dice la sabiduría popular que hay tiempo para echar cohetes y tiempo para recoger las varas; lo malo es que por la falta de autoridad, de liderazgo y de credibilidad en cómo detener oportunamente la pandemia provocada por el COVID 19 el contagio se disparó, siguen los contagios y las muertes aumentando; tratar de detener el avance con decretos es una necedad, a nosotros sólo nos queda tiempo para recoger las varas para hacer una fogata e incinerar a nuestros muertos.
El oaxaqueño es un individuo trabajador, inteligente, que navega con bandera propia. La gente que cuenta con recursos económicos los tiene porque trabaja realmente de sol a sol en su propia tierra, en su patio, en su negocio; trabaja para él mismo, es independiente y no le afectan los vaivenes de la política,
El oaxaqueño trabajador ayuda a crecer a sus hijos propiciando su independencia, su desarrollo, su trabajo; reconocen el trabajo como fuente de riqueza, de salud, de belleza; son un ejemplo para todos y sobre todo para los jóvenes y niños; no tienen tiempo para participar en marchas, bloqueos, plantones, toma de instalaciones fomentadas por la incompetencia de las autoridades que se comprometen sólo para salir del paso, en ese momento.
El tiempo de los oaxaqueños trabajadores vale oro y lo aprovechan produciendo el progreso de nuestro estado y para fortuna nuestra los encontramos en el campo, en la ciudad, en el comercio, industria y en negocios particulares.
En mi opinión las marchas, bloqueos, plantones, toma de edificios y pintas tienen un costo social y un costo económico que es reflejo del tutelaje o paternalismo de estado que hace más dependientes, más inútiles y más dóciles a los oaxaqueños que viven de esto.
El sistema está devorando a sus hijos; no hay ningún presupuesto que alcance para seguir manteniendo esta forma, ya tradicional, de lograr más prestaciones laborales para que los políticos incapaces puedan mantenerse en el puesto… “pero hay una cosa que está fuera de la perversidad, y es el fallo tremendo de la historia. Ella nos juzgará” Dn. Benito Juárez. Apuntes para mis hijos p.49
El pueblo oaxaqueños es un pueblo maduro, inteligente, pensante, que en su momento pondrá a cada quien en el lugar que le corresponde y que la historia, sin duda, juzgará.
Debemos tener presente que Oaxaca no va a progresar por Decreto, ni por reformas constitucionales o por reformas políticas; progresará y avanzará si decidimos ponernos de acuerdo en lo fundamental, y si no lo hacemos, volveremos a dejar que nos distraiga lo cotidiano, lo coyuntural.
En mi opinión, el reto al que habremos de enfrentarnos los oaxaqueños para alcanzar estabilidad y seguridad a largo plazo requiere de un esfuerzo mayor, de una gran dosis de madurez e inteligencia política.

