SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
Oaxaca de Juárez, 8 de diciembre. Le pido al Señor que lo que escuchemos en este momento lo hagamos con mucha humildad, con mucha sencillez de corazón, para que Dios pueda hacer Su obra en nosotros.
Al inicio de la Santa Misa, usted y yo nos reconocimos pecadores. Le pedimos a Dios que nos perdonara y yo le pedí a usted que intercediera por mí y, usted, me pidió a mí que yo intercediera por usted. Así recitamos el Yo Confieso, así lo recitamos, reconociéndonos pecadores y pidiendo que usted y yo hiciéramos esa oración para pedirle a Dios que nos perdonara, después de pedirle a la Virgen que intercediera, a los santos que intercedieran, a los ángeles que intercedieran.
Somos intercesores, porque reconocemos ser pecadores. Qué importante es que reconozcamos que, en todos nosotros, hay defectos, hay imperfección, cometemos errores, pero es importante reconocerlos en lo personal, ya no busquemos culpables, ya no queramos echarle la culpa a otra persona de la maldad que cometimos, del desorden que hemos hecho de nuestra vida.
Adán le echó la culpa a Eva y, Eva, le echó la culpa a la serpiente. A veces, nosotros le echamos la culpa a nuestros papás y, a veces, los papás nos echan la culpa a nosotros, sus hijos y papá que es esposo le echa la culpa a mamá, que es esposa y vamos al trabajo y le echamos la culpa al compañero de trabajo. Ya no andemos echando culpas, reconozcamos en dónde está nuestra responsabilidad, en dónde me equivoqué, reconozcamos nuestros errores y, junto con pedir perdón, pues digámonos nosotros mismos, voy a trabajar esto con mucha responsabilidad, me voy a retirar de esto que tanto daño me está causando, voy a dejar de hacer esto, que me impide vivir en paz conmigo mismo, con los demás y me aparta de Dios.
Ya tomemos una decisión, tomemos una decisión, enderezar nuestros pasos, ser diferentes. En usted hay bondad, saque la bondad que hay en su corazón, sáquela, ya libérese de tantos y tantos detalles que no le han traído paz, que no le han traído alegría, gozo, felicidad, ya libérese de eso. Deje de causarse daño, deje de dañar a otros, enderece su vida, sea distinto.
Hoy, ha venido a encontrarse con la Madre, con la Madre de Dios y yo creo que la Madre de Dios repite aquella frase que pronunció en Caná de Galilea, “hagan lo que Él les diga”, la Madre, Inmaculada de Juquila, nos dice “hagan lo que Mi Hijo Jesucristo les dice en el Evangelio, hagan lo que Él les dice”
Dedíquense a hacer el bien, no dañen a nadie, no te apartes de la amistad con Dios, vive buscando siempre el perdón y la misericordia, sé capaz de perdonar, no le niegues el perdón a nadie. Para alcanzar el perdón, no vivas condenando a los demás, no vivas juzgando a los demás, vive el mandamiento nuevo del amor. Sé una persona de corazón limpio, pobre de espíritu, que busca la paz y la justicia, que es misericordioso, que es una persona que pasa por la vida haciendo el bien.
Yo creo que eso nos dice Nuestra Madre, hoy, que hemos venido a encontrarnos con Ella, les ha costado mucho trabajo llegar hasta aquí, a todos, a todos. A los que han venido caminando como peregrinos, a los que han venido en bicicleta, a los que han venido de tantas y tantas partes lejanas a venir a vivir esta fiesta con la Inmaculada de Juquila.
No puede regresar igual, a seguir haciendo lo mismo, pensando en cosas que no agradan a Dios. Usted regrese a su casa convertido, con un propósito de ser mejor, pero no solamente de un propósito acá en su cabecita, ¡no!, tome la decisión y dígase “de hoy en adelante, yo voy a ser así, voy a vivir así, voy a llevar la alegría a mi casa, ya han sufrido demasiado mis padres por la vida desordenada que yo, como hijo, he llevado. Ya basta de lágrimas de mis papás”… ya basta de lágrimas de los hijos, del esposo, de la esposa, ya basta de lágrimas, ya son suficientes.
Todavía es tiempo de hacerlos felices, vaya a su casita a hacer felices a sus seres queridos.
Mire, un día recibió el bautismo usted, derramaron agua en su cabecita, Dios lo limpió de todo pecado, de ese pecado original, Dios le limpió y derramó Su Espíritu. Usted comenzó a ser, desde ese día, templo vivo del Espíritu Santo y, el día que lo confirmaron, lo recibió como un Don. Dios vive en usted, pues haga lo que Dios le está pidiendo, hágalo, ya no se tarde tanto, ya no diga “dentro de un mes o dentro de un año”, ya decídase.
Regrese a su casa con la alegría de haberse llenado de Dios, de haberle hablado a la Madre de Dios, de haber pedido intercesión y de haber tomado una decisión que va a hacerle feliz a usted y a todas las personas con las que vive.
Hoy hemos venido a encontrarnos con la Llena de Gracia, la Llena de Gracia, así le saludó el Arcángel Gabriel a la Virgen María, Llena de Gracia, el Señor está Contigo.
Yo creo que usted ya le dijo a Ella “Llena de Gracia, el Señor está Contigo”, porque pienso que usted ya rezó el Ave María, Dios te salve, María, llena de Gracia, el Señor está Contigo”, pienso que ya lo rezó, no una, sino muchas veces, porque aquí se ha rezado el Rosario, porque usted tal vez como peregrino ha venido rezando el Rosario, porque en su casita se reza el Rosario, porque cuando usted va al trabajo, va rezando el Santo Rosario y porque tiene muchos momentos en que pronuncia el Ave María, llena de Gracia y María, pues nos contesta intercediendo por nosotros y yo creo que Nuestra Madre también nos dice: “a ti también te ha llenado de gracia”, desde el día de tu santo bautismo y no te ha dejado solo, te ha ido acompañando a lo largo de toda tu vida, vive en ti El que me fecundó en Mi Vientre, el Espíritu Santo, El que hizo esa obra en Mí, para que el Hijo de Dios se encarnara en Mi Vientre, ha bajado a ti también y el Espíritu Santo vive en ti y está la fuerza divina en ti, sólo falta tu voluntad, para que vivas santamente. Sólo falta la decisión que tú tomes.
María, después de escuchar la misión a la que había sido elegida dijo: “Yo soy la esclava del Señor, que se cumpla en Mí lo que me has dicho”. ¿Qué podemos decir nosotros? Lo que también dijo Nuestro Señor un día, que después de haber hecho lo que teníamos que hacer, sólo digamos “soy un siervo inútil, sólo hice lo que tenía que hacer”, somos servidores, María dijo “Yo soy la esclava, Yo soy la Sierva del Señor, estoy para hacer lo que Él me pide”.
Vamos diciendo lo mismo “aquí estoy, Señor, soy tu siervo, soy tu sierva, voy a hacer lo que Tú me digas, lo que Tú me mandas, lo que Tú me pides” y usted sabe qué le pide Dios, usted lo sabe, en este momento qué le está pidiendo Dios, haga un silencio y piense qué le está pidiendo Dios para que usted pueda ser ese Siervo del Señor, esa Sierva del Señor. Haga un silencio y piense.
Ustedes son mis discípulos si hacen lo que Yo les mando.
Nos llamamos discípulos de Nuestro Señor, estamos marcados con el signo de cristianos, llevamos cargando la cruz de cada día siguiendo a Nuestro Señor. Hagámoslo con alegría, así, así lo hizo María: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador”.
Así, así habló María al encontrarse con su prima Isabel. Así alégrese usted, porque se ha encontrado con María, la Inmaculada de Juquila. Alégrese, alégrese. Alegre su corazón y vaya a alegrar el corazón de otros, vaya, vaya.
Yo sé que hay muchas necesidades en su persona, en su familia, en su comunidad, en su trabajo. Vivimos angustiados, todos, vivimos preocupados, pero llénese de Dios y pida siempre la intercesión de María, siéntase ahí, bien acompañado, bien fuerte, bien comprometido.
Cuando vivimos así, sintiendo la fuerza de Dios en nuestra vida, luchamos y salimos adelante y confiamos en la providencia, trabajando y confiamos en la protección divina y confiamos en la intercesión de Nuestra Madre, deje, deje en la Madre de Dios lo que le encomendaron, déjelo.
A mí, ayer, en la Iglesia Catedral me dijeron: pida a la Virgen por nosotros, me lo dijeron y me lo dice mi Oaxaca, pida a la Virgen por nosotros, por nuestros pueblos pobres, necesitados, pida y eso vengo a decirle a la Madre de Dios, bendice a nuestro Oaxaca, pero también usted dígale: bendice a nuestro estado de Puebla, de Veracruz, de Hidalgo, de México, del norte, de donde usted viene.
Dígale, dígale y, tal vez, los más cercanos a usted, cuando usted platicó que iba a venir como peregrino aquí a Juquila, le hicieron muchos encargos, es el momento de decirle a la Madre lo que le encargaron, un silencio, pequeño silencio para decirle a Ella, esto me encargaron, Inmaculada de Juquila, lo dejo en Tus Manos y pido Tu intercesión.
Espero esté disfrutando de la celebración y no se sienta tan cansado de estar tanto rato de pie, que esté disfrutando este momento de encuentro con Dios, para que pueda regresar feliz a su hogar.
Dios les llene de bendiciones, Dios les llene de gracia, Dios los proteja en su caminar y en su regreso a casa.
María Santísima, la Madre de Dios y Madre nuestra, la Inmaculada Concepción la limpia y pura, porque es lo que vivimos hoy, la limpieza y la pureza de María desde su concepción. En Ella no hay pecado, porque así lo quiso nuestro Dios, la preservó de toda mancha de pecado, es la fiesta que celebramos hoy y la celebramos con inmensa alegría, con inmenso gozo.
A Ella siempre le decimos cuando rezamos el Ave María y el Santa María, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén, siga diciendo eso, una y otra vez, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén y María estará ahí, cuando usted deje este mundo y vaya al encuentro de Dios.
Tengamos siempre a María en nuestro corazón y hagamos vida el Evangelio de Jesucristo para que realmente nosotros seamos felices y hagamos felices a los demás.
Dios les guarde, les bendiga y les acompañe en su caminar, no se olvide que estamos en un Santuario de Gracia. Este es un Santuario de Gracia en este Jubileo Peregrinos de Esperanza, gánese esa gracia también el día de hoy y disfrute, disfrute del encuentro con Dios. Sigamos siendo hombres y mujeres de fe que crecen en el amor a Dios y en el servicio a sus hermanos.
Que así sea.


