SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
Oaxaca de Juárez, 15 de junio. La Iglesia nos invita hoy a celebrar con profunda piedad y devoción esta verdad de fe, creemos en un Dios en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, el misterio de la Santísima Trinidad, Dios uno en tres personas, misterio y así hay que quedarnos, sin perder de vista que es un misterio y, los misterios, se creen.
Por eso decimos en el Credo, creo en Dios que es Padre, creo en Dios que es Hijo, creo en Dios que es Espíritu Santo.
Ojalá y su vida de fe siempre esté en torno a las tres Personas Divinas y usted le hable al Padre, le hable al Hijo y le hable al Espíritu Santo y le va a hablar movido por la fe, la fe que es un regalo divino, un don divino. Ese regalo y don divino se lo dio el Padre Dios el día de su Bautismo, desde ese día, usted tiene fe. Está en usted la capacidad de creer, está en usted la capacidad de esperar y la capacidad de amar recibida en su santo Bautismo, por eso, usted tiene que vivir su Bautismo todos los días, todos los días, tiene que ser una persona de fe, una persona de esperanza y una persona de amor, de caridad y debe de tener una vivencia de un verdadero hijo de Dios, de un gran discípulo de Jesucristo y de un gran templo del Espíritu Santo, porque eso es usted, un hijo de Dios, un discípulo y un templo, entonces, la obra de la Trinidad se realiza en su persona y, por eso, en su vivencia de fe, usted busca al Padre, busca al Hijo y busca al Espíritu Santo, busca a la Divinidad en las tres personas.
Reconózcase hijo de Dios, reconózcase discípulo de Jesucristo y reconózcase templo vivo del Espíritu Santo. Espero que así se sienta y así se reconozca usted y, por eso, hoy tenemos que decirle al Padre, gracias porque me has creado, porque me has dado la vida y tenemos que comprometernos con Él, a cuidar mi vida y la vida de los demás.
Él es mi creador, yo soy su creatura. Él es mi dueño, yo no soy dueño, Dios es mi dueño, Dios es mi Señor. Agradezcamos la vida, cuidemos la vida, no se cause daño, ni cause daño a nadie. Usted no es el dueño ni de su vida ni de la vida de los demás, usted no decide sobre los demás. Por eso, no debemos de quitarle la vida a nadie, porque no somos creadores de la vida, es Dios el Creador. No se le debe quitar la vida al ser que se está formando en el vientre de una mujer. No se le debe de quitar la vida.
No debemos de ir contra el Creador. El Creador está haciendo Su obra de creación en el vientre de una mujer y no tienes derecho de quitarle al Creador Su Obra.
Tampoco tenemos derecho a decir: hasta aquí vives, no, Dios es el que decide en qué momento dejo este mundo, no somos nosotros, no son los médicos los que deciden, hasta aquí la vida de este, la eutanasia, ¡no!, deja que Dios llame a la creatura que Él creó, el día que Él lo disponga, el día que Él quiera.
No tengo derecho a levantar mi mano para herir, para quitarle la vida a alguien. No tengo derecho a asesinar, a matar, no tengo derecho y, en nuestro tiempo, hay muchos hombres que se sienten con derecho sobre el otro y deciden quitarle la vida y deciden desaparecerlo. En este momento hay guerras en el mundo, muchas, muchas guerras. No tenemos el derecho de quitar la vida a otros. Dios es nuestro creador, Dios es nuestro Padre y tenemos que respetarlo en Su designio.
A Dios tenemos que decirle: gracias, porque eres Padre Providente y espero que usted, en ciertos momentos de su existencia, sea signo de providencia divina y comparta de las bendiciones que Dios le ha regalado, comparta con sus hermanos el pan, el alimento, el vestido, el sustento y no piense que se va a quedar pobre, va a enriquecerse, porque Dios es bondadoso, generoso y lo va a bendecir a usted a manos llenas, porque usted tomó en sus manos, para colocar en las manos de otro, el alimento.
Sea el signo de la providencia de Dios.
Agradezca a Jesucristo, al Hijo de Dios, que amó hasta el extremo y dio su vida por nosotros, muriendo en la Cruz. Agradézcale al Hijo, que se hizo hombre, como nosotros, en todo semejante a nosotros, menos en el pecado y, en su momento de su historia, después de haber anunciado el mensaje de Salvación, la Buena Nueva, voluntariamente, no obligado, voluntariamente fue a la Cruz, fue al Calvario, fue a derramar Su Sangre por todos nosotros, para el perdón de nuestros pecados y, el que derramó Su Sangre nos invita a tomar la cruz de cada día y seguirlo, porque somos sus discípulos. El que quiera ser mi discípulo, que tome su cruz de cada día y me siga.
Aceptemos nuestra cruz, aceptemos nuestro sufrimiento, aceptemos nuestro dolor y santifiquémonos en esos momentos de prueba y digámosle al Señor que nos ayude, que nos ayude para no desmayar en el camino, porque tenemos que llegar hasta el final y ser glorificados con Él, pero aprendamos cada día a ofrecernos en sacrificio.
Papá, síguete ofreciendo en sacrificio por tus hijos, síguete desgastando por ellos, síguete sacrificando, renuncia a muchas cosas por ellos, por tu familia, por tu esposa, por tus hijos.
Hoy, le decimos a Dios, gracias porque llamaste a este hombre a ser papá, ayúdalo a seguirse sacrificando en la vida. Ayúdalo a no renunciar de su cruz, la cruz de su matrimonio, la cruz de su paternidad, la cruz de ser el jefe de la familia, de estar al pendiente de que esta familia esté bien. Ayúdalo a sacrificarse y tendremos que decirle al Espíritu Santo, gracias, porque me vas llenando de gracia en los diferentes momentos de la vida. Gracias, porque me haces sentir la presencia de Dios, la fuerza de Dios en mí, la alegría y el gozo de saber que no voy solo en la vida, que Tú estás dentro de mí, porque yo soy el templo del Espíritu Santo.
Sigue haciendo tu obra, santifícame, lléname de paz, lléname de gozo.
Qué hermoso es tomar conciencia de la obra de Dios en nosotros, del Dios Uno y Trino.
Dios Padre trabaja en nosotros, Dios Hijo trabaja en nosotros, Dios Espíritu Santo trabaja en nosotros. Dios está en nosotros.
Hoy damos gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo, damos gloria a la Santísima Trinidad y le decimos a Dios que nos siga ayudando, para aceptar este misterio en la fe y, un día, dejará de ser misterio, cuando dejemos este mundo y queremos encontrarnos con el Señor que nos diga: ven, bendito de mi Padre. Para eso necesitamos haber vivido el amor, haber pasado por la vida haciendo el bien, como lo hizo Nuestro Señor, haber dejado que el Espíritu Santo realizara Su obra en nosotros.
Que Dios les bendiga, que el Dios Padre les acompañe, que el Dios Hijo les llene de fortaleza en el momento de llevar su cruz, que Dios Espíritu Santo les santifique, les santifique y que, María, Nuestra Madre, la que es hija del Padre, madre del Hijo, esposa del Espíritu Santo; esa es María, la hija de Dios Padre, la madre de Dios Hijo y la esposa de Dios Espíritu Santo, nos ayude a encontrarnos con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. A crecer en la fe, no hagamos complicada nuestra fe.
Dios bendiga a cada uno de ustedes y los ayude a crecer, a crecer en la gracia y en la santidad.
Que así sea.