Edwin Meneses
Asunción Ixtaltepec, Oax. 3 de enero. El silencio que dejó el descarrilamiento del tren interoceánico en las inmediaciones del poblado de Nizanda, perteneciente a Asunción Ixtaltepec, comenzó a romperse con el traslado de los restos del vagón y la locomotora siniestrados hacia el puerto de Coatzacoalcos, Veracruz.
Entre hierros retorcidos y piezas marcadas por la tragedia del pasado 28 de diciembre, el lugar volvió a cobrar movimiento, aunque el ambiente seguía cargado de duelo y memoria.
Sobre plataformas ferroviarias fueron colocados los fragmentos del tren, previamente cortados con herramientas especiales por personal del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec.
Las maniobras se realizaron con precisión y cautela, mientras cada pedazo de metal parecía contar una historia del impacto con la que la unidad terminó su recorrido.
La locomotora y los vagones, que tras el accidente quedaron atrapados en el fondo del barranco, finalmente fueron retirados del sitio.
La escena, que durante días fue testigo del dolor y la incertidumbre, comenzó a despejarse, dejando atrás huellas visibles del siniestro y el esfuerzo de quienes participaron en las labores de rescate y retiro.
Este accidente ferroviario marcó profundamente a la región, al cobrar la vida de 14 personas y dejar a 90 más lesionadas.
Aunque los restos del tren ya se alejan del lugar, el recuerdo de la tragedia permanece vivo entre las comunidades del Istmo, que aún buscan consuelo y respuestas tras uno de los episodios más dolorosos registrados en esta vía interoceánica.



