Oaxaca de Juárez, 21 de noviembre. Tradicionalmente, la filosofía ha sido considerada una disciplina reservada a los adultos o a los niveles superiores de la educación. Sin embargo, cada vez más voces dentro del ámbito académico y pedagógico defienden que la filosofía no solo puede, sino que debe practicarse desde la infancia.

En México, la Dra. Sandra Lucía Ramírez Sánchez, investigadora del CEPHCIS-UNAM, reflexionó sobre la importancia de esta disciplina en las infancias y manifestó que enseñar a las y los niños pensar filosóficamente significa reconocerlos como sujetos autónomos, con voz, pensamiento y capacidad de reflexión.
“Pero de igual manera, la filosofía con niñas y niños no se limita a transmitir conocimientos o conceptos abstractos, sino que busca fomentar una actitud reflexiva y ética ante la vida. A través de la pregunta, la escucha y el diálogo, pueden aprender a comprenderse a sí mismos, a los demás y al mundo que los rodea”,
— Dra. Sandra Lucía Ramírez Sánchez, CEPHCIS-UNAM
Un factor que brinda autonomía
Ramírez Sánchez explicó que la filosofía brinda autonomía a las niñas y los niños, ya que ésta les brinda las herramientas necesarias para que puedan pensar y actuar de manera libre y consciente, asumiendo las consecuencias de sus decisiones. Esto resulta esencial, ya que es en los primeros años de vida cuando se desarrollan las bases del pensamiento y la personalidad.
“Si empiezas a trabajar filosóficamente con los niños desde chiquitos, incluso desde los cuatro años, generas condiciones que les permiten desarrollar su autonomía. Porque en este espacio los niños aprenden a formular sus propias ideas, a cuestionar lo que se les dice y a construir juicios propios en lugar de aceptar pasivamente las opiniones ajenas”, destacó.
El hecho de enseñar filosofía a las y los menores no necesariamente quiere decir que se tendrán pequeños adultos, sino que esto permitirá formar personas capaces de reflexionar, dialogar y decidir con sentido ético y responsabilidad.
¿Cómo fomenta la filosofía la escucha y la empatía?
La filosofía no puede existir sin una escucha real y activa. Para la Dra. Sandra Lucía, ésta no se limita a oír las palabras de los otros, sino que implica prestar atención, comprender, respetar y dar valor a lo que el otro expresa. Por tanto, los niños y niñas que realicen ésta, aprenden a escuchar con atención, permiten reconocer al otro como un igual, como alguien cuyas ideas merecen respeto.
De igual manera, esto les permite aprender a autorregularse, a no monopolizar la palabra y a respetar los turnos de los demás. En ese proceso, surgen actitudes de amabilidad, compasión, empatía y sentido de justicia.
“Muchos niños poseen comportamientos naturalmente empáticos y compasivos, pero con frecuencia esos comportamientos son reprimidos por los adultos. Por ello, uno de los objetivos de la filosofía con niños es fomentar y mantener viva esa capacidad de empatía y cuidado hacia los demás, en lugar de apagarla”,
— Dra. Sandra Lucía Ramírez Sánchez, CEPHCIS-UNAM
Desarrollan la conciencia ética
Las y los niños, por naturaleza, se preguntan constantemente por el sentido de las cosas, por lo justo, lo correcto, lo bueno o lo malo. Esa curiosidad innata es el punto de partida para desarrollar una conciencia ética, ya que esto le permite reflexionar sobre sus acciones y las de los demás. Ramírez Sánchez apoyó su afirmación en los pensamientos de los filósofos Matthew Lipman, creador del programa Philosophy for Children, y Oscar Brenifier, representante de la filosofía práctica, quienes conciben la filosofía como una herramienta para vivir mejor y convivir de manera ética.

“No se necesitan grandes teorías para que los niños se pregunten por lo justo o lo injusto; basta con experiencias como ver que alguien patea a un perro o que no todos reciben lo mismo para que surja la pregunta moral”, comentó.
Construir espacios más humanos
Con base en los anteriores puntos, los espacios de diálogo filosófico no son únicamente educativos, sino también comunitarios y afectivos. En ellos se cultiva la confianza, la cooperación, el respeto mutuo donde los niños aprenden que pensar es también una forma de convivir y que la reflexión puede ser una práctica colectiva y gozosa.
Permitirles filosofar…y ayudarles a encontrar la respuesta
Las sociedades modernas suelen situar al adulto como el centro del discurso, mientras que los niños quedan relegados a una posición de pasividad y silencio. Sin embargo, los adultos deben fomentar y despertar la iniciativa lúdica de los niños, permitiéndoles filosofar sobre situaciones hipotéticas y analizar sus implicaciones éticas y sociales. Esto permite que los menores fomenten un pensamiento crítico, creativo y cuidadoso, fortaleciendo la investigación, la autonomía y la motivación por aprender más allá de lo ya establecido.
Por tanto, el papel de las y los adultos debe ser el de acompañantes y formadores: reconocer sus propias limitaciones ante las preguntas de las niñas y los niños, y favorecer que ellos mismos desarrollen sus respuestas y su autonomía intelectual.
“A lo largo de la historia de la filosofía y de la pedagogía se ha pensado mucho en las infancias, pero se ha pensado muy poco con los niños. Se les ha escuchado muy poco y se les ha dado muy poco espacio para manifestarse. Los adultos silencian a los niños no por falta de interés, sino por falta de costumbre o de herramientas para escucharlos. Sin embargo, al callar sus voces, se limitan también sus posibilidades de aprendizaje y desarrollo crítico”,
— Dra. Sandra Lucía Ramírez Sánchez, CEPHCIS-UNAM
Por ello, la Dra. Sandra Lucía Ramírez Sánchez especificó que es necesario hablar sobre una filosofía con niños, más que una filosofía para niños, ya que esto implica un desplazamiento simbólico en el que el adulto deja de ocupar el centro de la conversación y permite que los niños sean los protagonistas del diálogo. Es decir, los niños ya no sólo son receptores de conocimiento, sino co-creadores de él.
Con base en lo anterior, es fundamental introducir la filosofía desde temprana edad, incluso desde los cuatro años, mediante comunidades de indagación. “La filosofía no debe limitarse a niveles medios o a la enseñanza académica formal, ni a la transmisión de conocimientos históricos de filósofos; su objetivo es desarrollar actitudes éticas, investigativas y reflexivas, promoviendo que los niños se conviertan en personas cuestionadoras y autónomas en su pensamiento”, concluyó la Dra. Ramírez Sánchez.
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