XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
Oaxaca de Juárez, 31 de agosto. Yo quisiera que nos preguntáramos, después de haber escuchado la Palabra de Dios y, muy en especial, el Evangelio, con qué oídos fue escuchado este mensaje ¿con los oídos de una persona humilde o con los oídos de una persona que tiene algo o mucho de soberbia?
Si usted está aquí, en esta Catedral, el día domingo, celebrando la Eucaristía, yo puedo decir que usted es una persona humilde, humilde, pero quiero que sea más y más humilde. Nuestro Señor, en un día dijo, aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, manso y humilde. Así sea usted, manso y humilde, aprendiendo del Señor Jesús.
Los que están llenos de soberbia, no sienten necesidad del auxilio divino, porque creen poderlo todo, porque creen saberlo todo, no necesitan de nadie, según ellos, no necesitan de nadie y quieren conseguir todo porque se sienten que son un don señor o una doña señora.
Yo debo de recibir un trato muy especial. A veces, así se actúa. Yo no tengo por qué hacer fila, como la hacen muchos para recibir una atención. ¿Quiere que le diga? Ah, pues fíjese que, a lo largo de mi vida, he aprendido a hacer fila, a hacer fila y cuando llego a ser atendido y se dan cuenta quién es y luego me dicen: ¿por qué no nos dijo quién era? ¿por qué no nos dijo quién era?… ¿por qué, me vas a atender de forma distinta a como estás atendiendo a todos? Yo no quiero eso, yo quiero que a todos atiendas con paciencia, con cariño y yo tengo que ser atendido también igual, pero igual que todos, igual que todos.
A veces nos dicen: es que para que no hiciera fila, porque usted es una persona muy ocupada. Pues ahorita me estoy ocupando en la fila. Me ha tocado ir a comunidades y están haciendo fila para recibir su platito y a veces me he formado y luego me dicen: Monseñor, usted no debe de formarse, váyase a sentar allá, allá le llevan el plato. No, es que yo quiero formarme aquí para ver qué se siente, déjenme formarme también, pero no, no dejan, no dejan, no dejan que tengamos ese tipo de experiencia.
Yo no pido que me atiendan así porque soy el Obispo, no, a veces ponen una mesita nomás para nosotros y les digo: ¿y por qué no nos podemos sentar allá donde están todos sentados? No, Monseñor, no se vaya, aquí quédese, aquí debe de estar, esta es la mesa para usted, ¿y qué nos hacemos con que nos vayamos allá? Así les digo a veces, sí les digo a veces, miren, no se vayan a sentir porque a mí me dan un platito muy especial, se los digo desde antes, a mí me van a dar caldito de pollo, a ustedes les dan barbacoa, yo no puedo comer barbacoa, pero sí me van a dar caldito de pollo y eso como, pero, a veces, a veces sentimos que tenemos privilegios, que nos deben atender muy especial. Usted no vaya a caer en eso, no vaya a caer en eso, porque fíjese, cuando nosotros hacemos eso, caemos gorditos, caemos gorditos, no caemos bien, “¿y este qué se cree?”…, no, que le atiendan, sí, como atienden a toda persona.
Nuestro Señor puso un ejemplo. ¿Ustedes han organizado fiestecitas? ¿y han ido a fiestecitas? ¿y han ido a ocupar primeros lugares? Se acabó el “sí”. No, no, a veces llegamos a donde nos invitaron y nos quedamos ahí como pegados a la pared, en la orillita, para que las personas que nos invitaron nos digan a dónde nos vamos a sentar, pero ustedes se han encontrado con personas que se creen así, importantísimas, grandes, elegantes, etc., que llegan y exigen un lugar, pero por qué no dicen sí, sólo mueven su cabecita y ¿caen bien esas gentes?, no, no caen bien. Entonces, yo no quiero que usted caiga mal, no caiga mal. Vaya donde vaya no exija atenciones muy especiales. Usted sabe cómo lo van a atender, no pida atenciones muy especiales, no saque la charolita diciendo: soy hijo de fulano de tal, merezco ser atendido de forma especial, porque mi papá es el diputado, porque mi papá es el gobernador, porque mi papá es el presidente municipal, porque mi papá es el abogado del pueblo, el hombre rico del pueblo. Merezco atenciones especiales, qué mal caemos, qué mal caemos.
Nuestro Señor se estaba fijando cómo ocupaban los primeros lugares y les dijo que sean humildes. Hoy nos dice a todos nosotros que no perdamos nunca la humildad y la humildad debe de estar en el corazón, en el corazón, porque si está en el corazón, siempre vamos a vivir con actitudes humildes, con sencillez, no vamos a exigir nada, nada. Vamos a disfrutar la vida, vamos a disfrutar la fiesta, vamos a disfrutar la convivencia, vamos a disfrutar todo, porque no nos complicamos la vida.
Vamos a ir donde nos invitan y no vamos a salir así, luego, luego, porque vamos a decir: mira, vámonos porque nomás no nos atienden, no nos dan nuestro lugar, nosotros merecemos atención y aquí no nos dan atención. No, vamos a vivir con humildad y ya nos tocará, ya nos tocará, pues todas las mesas están ocupadas, ya no hay lugarcito, pues espérate tantito.
Yo lo veo todos los días que voy a los pueblos y que hay comidas comunitarias, mucha gente no alcanza a ocupar las mesitas que pusieron y ahí están, paraditos, esperando y los que están a la mesa comen y se levantan y los otros llegan y se sientan tranquilamente y he visto también que no hay sillitas y todo mundo está parado comiendo, comiendo y el esposo y la esposa están comiendo del mismo platito y los papás están comiendo con los hijos del mismo platito. Lo he visto en nuestros pueblos y tan felices todos, pero solamente pueden hacerlo los humildes, los humildes, los que no se complican la vida, los que no están esperando un trato muy especial.
Seamos humildes, se lo digo a usted y me lo digo yo. Debemos de ser humildes y usted tal vez diga: Obispo, pues sea humilde, no se crea la mamá de los pollitos. No, no tengo por qué creerme. Que soy el Obispo, sí, soy el Obispo, pero eso no es para que yo me lo crea. No, nos lo dice Nuestro Señor.
Y la otra cosa, siempre sean generosos, siempre. La recompensa que nos la dé Dios, a propósito de lo que dice el Evangelio, pues el Señor le dijo al fariseo que lo había invitado, yo creo que ha de haber aprendido tantito, no invites a los que te van a invitar enseguida, porque te van a pagar. La comidita que ahora les diste te la van a invitar ellos y tú vas a estar esperando a que te invite el compadre para estar tablas. Yo te invité, tú me invitas y ya, ahí vamos y entonces nos dice Nuestro Señor, hay que ser generosos con los que sabemos que no nos van a regresar nada y, a veces, no dan ni las gracias, pero usted sea generoso con ellos, sea generoso.
Las gracias y las recompensas se las va a dar Dios y Él no miente, Nuestro Señor dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida y dice Nuestro Señor, a propósito de la generosidad, si un vaso de agua das en mi nombre, no va a quedar sin recompensa, un vaso de agua, entonces, espere la recompensa del cielo, en su momento. Ven, tuve hambre, tuve sed, estuve enfermo, hiciste algo por mí, ven, fuiste generoso, fuiste generoso y para que nosotros podamos ser generosos y desprendidos, pues es necesario que no nos domine la soberbia y la vanidad, tenemos que seguir practicando la humildad. También para eso se necesita humildad, para compartir sin herir, sin herir. Con humildad comparta, lleve a los demás, participe de las bendiciones que Dios le ha dado a usted, particípela a otros.
El Dios Providente lo ha bendecido, el Dios Providente quiere bendecir a otras personas a través de usted. Que las personas que reciban algo de usted le puedan decir a Dios: gracias, Señor, porque has sido bueno conmigo. Hoy me trajeron alimento, hoy me visitaron, hoy compartieron el vestido.
Todo eso sale de los labios cuando las personas sienten nuestro amor, nuestro amor. Por amor a Dios sea humilde, por amor a Dios sea generoso, por amor a Dios no espere atenciones especiales, por amor a Dios no exija que a usted lo traten así o asá, porque es don fulano. No, es un hermano, es una persona que, sí, merece como todos un trato, pero como todos, como todos.
Que Dios nos ayude a vivir así, con la humildad de corazón y con desprendimiento y generosidad.
Estamos terminando el mes de agosto. Mañana iniciamos un nuevo mes, el mes que dicen que es el mes patrio, pues que deveras sea patrio, que todos vivamos en paz, en libertad, en amor, en gozo, en alegría. Papás, sus niños van a ir a la escuela y tal vez ustedes papás digan: Bendito sea Dios que se van de la casa, porque ya me habían cansado, ya no sabía ni qué hacer con este muchacho en la casa, pues imagínense los maestros cómo controlan a sus muchachos todos los días en la escuela, también eso hay que comprenderlo. Yo sé que usted le dice a su hijo: hijo, ve a la escuela, pon mucha atención, aprende, sé respetuoso de tu maestro, sé buen amigo, buen compañerito. Mira, te voy a echar en tu mochilita tu sándwich, tu esto, tu aquello y por ahí tú conoces a alguien que tal vez no traiga, pues qué te parece si ahorita lo partimos y tú se lo das a uno de tus amiguitos que tú sabes que no tiene, no tiene para comer, no tiene sandwichito y tú compartes también y tal vez su hijo le dice: pues, mamá, en vez de que me avientes uno partido, mejor mándame dos para darle a mi amiguito, dame dos. Ándale pues, te voy a poner dos y uno se lo das a tu amiguito. Así hay que enseñar, yo estoy diciendo que los sándwiches y dicen que ahora la cosa está muy controlada, pues sabe, pues échenle tacos pues, taquitos de frijoles, porque aquí estamos impuestos a comer taquitos de frijoles y con tortilla fría, a la hora del recreo ya va a estar fría la tortilla, pero estamos acostumbrados a comer tortillitas frías, pero sí hay que enseñarles que aprendan a compartir desde pequeños y a no humillar a nadie, a no humillas y a ser respetuosos siempre de sus maestros y, usted, papá, mamá, aprenda también. Su hijo tiene diferentes comportamientos, apréndalo y acéptelo. En su casita tal vez su hijo tiene un comportamiento y, en la escuela, tiene otro y si el maestro le dice a usted, papá, mamá, que su hijito anda medio inquieto e incontrolable, pues no diga usted: no, mi hijo no es capaz de eso, mi hijo es bien portado y empieza la discusión con el maestro.
Acepte que nosotros y usted también fue hijo e hija, también nos comportamos de una forma en casita y de otra forma fuera de casita, ¿a poco no? Cuando somos pequeños y más cuando somos jovencitos, adolescentes que no somos tan tímidos, sino inquietos, como tengo aquí a varios de mis monaguillos, pues hay que aceptar.
Apoyen a sus hijos, apoyen a los maestros, que reciban una gran educación, que no falten a la escuela, que se preparen, se los pido de corazón y sígase sacrificando, papá, mamá, sígase sacrificando por su hijo, porque esa es la herencia más grande que le puede dar a su hijo, la educación y si tiene que emplear recursos para su educación, bien empleados que estarán los recursos.
Feliz año para los niñitos y para ustedes, papás, maestros, felicidades porque iniciamos un nuevo curso en nuestras escuelas, que todo sea para bien y que María, Nuestra Madre, que nos enseña y nos educa, nos ayude a aprender de Su Hijo Jesucristo a ser siempre humildes y sencillos de corazón, como lo fue Ella, que dijo: Yo soy la Esclava del Señor, que se cumpla en Mí lo que me has dicho. No fue María a presumir: Dios me eligió para ser la Madre del Mesías, tan esperado, no, en el silencio y en el servicio vivió María y aprendamos de Ella.
Feliz mes de septiembre para todos ustedes. Dios los bendiga y los guarde.
Que así sea.
