SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
Oaxaca de Juárez, 23 de noviembre. Escuchando lo que cantábamos en el Salmo “vayamos con alegría al encuentro del Señor”. ¿Cómo veníamos hace un momento, recorriendo las calles de nuestra ciudad, desde el atrio del Templo de Santo Domingo a esta Iglesia Catedral?, así veníamos, con alegría, al encuentro del Señor y es lo que estamos viviendo en este momento, el encuentro con Nuestro Señor, celebrando los sagrados misterios de la Eucaristía.
Pero ya, desde nuestra casa, salíamos así, con la alegría de encontrarnos con nuestros hermanos, con los demás miembros de nuestros grupos, de nuestros movimientos apostólicos, de nuestros movimientos laicales.
Estoy muy feliz y muy agradecido con ustedes, porque hace tres días les hicimos la invitación a que vinieran hoy y miren qué hermosa respuesta. He visto la Iglesia Catedral, llena, sí, pero creo que nunca la había visto tan llena como hoy.
Me alegra, me alegra porque ustedes vinieron con la intención de decirle a Nuestro Señor, Rey del Universo, queremos la paz, necesitamos la paz, estamos cansando de mirar lágrimas o de derramar lágrimas ante tanto sufrimiento, ante tanto dolor.
No sé, no sé cómo ha tocado este sufrimiento a su familia. A mi familia, sí ha tocado sufrimiento, porque hasta el día de hoy, no sabemos dónde está un familiar nuestro. No lo sabemos.
Miles de familias, de nuestro país, viven el dolor, el sufrimiento de no saber qué pasó, no saber y quisieran saber, porque tal vez piensan “ya murió, pero quisiera saber dónde está, para darle la cristiana sepultura, para poder decir, aquí están los restos de mis seres queridos”. Miles de familias siguen buscando, siguen buscando y sigue habiendo desaparecidos y sigue habiendo muertos, asesinados, sufrimiento y dolor y hoy hemos venido a decirle a Nuestro Señor “eres el Príncipe de la Paz, toca nuestros corazones para que tengamos paz, en primer lugar en nuestra persona”.
Que usted tenga paz y va a tener paz en Dios. Llénese de Dios y sentirá la paz y, para llenarnos de Dios, tenemos que sacar de nuestro corazón los resentimientos, los celos, las envidias, los deseos de venganza. Para llenarnos de Dios tengo que perdonar setenta veces siete y, para perdonar, se necesita vivir el amor, así como lo ha vivido Nuestro Señor, muriendo en la Cruz, porque ahí nos perdonó a todos de nuestros pecados y hoy nos dijo, haciendo verdad lo que un día pronunció, nadie tiene amor más grande por el amigo que el que da la vida por él y Él ha dado la vida por nosotros, qué grande es Su amor.
¿Por qué usted, el día de hoy, sigue negando su amor, por qué? ¿por qué muchos de nuestros hermanos se niegan al amor y toman las decisiones de quitarle la vida a otro? ¿por qué? ¿por qué tanto odio? ¿qué ha pasado en el corazón del hombre, en el corazón de la mujer, qué ha pasado? ¿por qué hemos sacado el amor de nuestro corazón y, por tanto, por qué hemos sacado de nuestro corazón a Dios? ¿por qué? Porque nos creemos Dios, porque nos creemos con poder, porque nos creemos dueños de este mundo, porque nos creemos dueños de la vida del otro y, por eso, decidimos quitarle la vida, porque me siento dueño de tu vida. Qué triste, qué triste es eso, sentirme dueño de la vida del otro. El único dueño es Dios, Él es el Creador, nadie más, nadie más.
Tenemos que cuidar todo esto de los sentimientos en nuestro hogar, algo ha pasado en nuestros hogares, porque de ahí han salido todos los que le quitan la vida al hermano, salieron de una familia. No descuidemos, no descuidemos a nuestras familias, no descuidemos ese cultivar el amor.
Y hoy nos dice, el Rey de Reyes y Señor de Señores, “Yo quiero que en tu familia esté presente justicia, amor, paz, verdad, vida”. Analice si en su casita hay todo eso.
Santidad y gracia, son las características del Reino de Jesucristo, lo vamos a escuchar hoy en el prefacio, antes de cantar el Sanctus, un Reino de Santidad y de Gracia, de verdad y de vida, de justicia, de amor y de paz.
Qué hermoso es vivir así, en santidad y gracia, en verdad y vida, en justicia, en amor y en paz. Qué hermoso es.
Así podremos salir de nuestra casa tranquilamente, con la seguridad de que vamos a regresar a casa, de que no nos van a desaparecer, de que no nos van a quitar la vida. El padre de familia regresará a su casa, la madre de familia, el esposo, la esposa, los hijos, los estudiantes, regresarán a su casa, porque en nuestros ambientes hay seguridad, porque se vive así, como quiere el Rey de Reyes y Señor de Señores, haciendo presente Su Reino.
Algo tenemos que hacer. Yo sé que usted tiene un corazón bueno, yo sé que usted tiene la capacidad de amar y está amando. Encuéntrese con los demás y siembre, siembre el amor. Siembre el respeto, siembre el respeto a toda persona, hable de la justicia, hable de la verdad, hable de la paz.
No nos cansemos de hablar, de hablar a los oídos y tocar el corazón de nuestros hermanos, para que todos cuidemos esto y lo vivamos. Decimos que estamos cansados, pero parece ser que ya nos cansamos también del anuncio del Evangelio. No nos canse anunciar el Evangelio, no nos canse hablar de Jesucristo Rey, no nos canse. No nos canse hablar del amor y vivir el amor, no nos canse de hablar de la paz y vivir en la paz, hablar de la justicia y ser justos en la vida.
No nos canse vivir haciendo el bien y creciendo en la santidad, porque no debe de olvidarse. Hay una invitación del Rey de Reyes “sean perfectos, como Su Padre Celestial es perfecto. Sigue avanzando en el camino de la perfección”, no se detenga, no piense que es suficiente lo que ha logrado en el ejercicio de la virtud. Todavía puede tener más y más virtudes y engrandecer las virtudes en su persona, porque Dios le dice todos los días “sé perfecto, como Tu Padre Celestial es perfecto.
Crezcamos, que nuestros grupos apostólicos, los movimientos laicales nos ayuden a crecer, nos ayuden a vivir la comunión, a vivir la comunión, a vivir la fraternidad, a tendernos la mano, a ser una bendición para la otra persona.
Que estos grupos que tenemos y que nos realizamos como hijos de Dios y como miembros de comunidad, nos ayuden a crecer. Que esos grupos tengan vida y se proyecten en nuestra sociedad. Hoy, veníamos caminando felices, unos y otros, diferentes grupos. Venían nuestros hermanos periodistas, no sé qué vayan a destacar de esta procesión. Nuestros hermanos que vinieron a visitarnos a Oaxaca se detuvieron y no nada más para tomar fotos, creo que ellos recibieron algo en su corazón, porque el Señor hace obra, hace obra.
Usted, en ese caminar y en ese peregrinar evangelizó, evangelizó. Su caminar le dijo al que se detuvo en la banqueta para contemplar, le dijo, Cristo es Nuestro Rey y Señor. María de Guadalupe es Nuestra Madre. Que tengas a este Señor en tu corazón y que tengas a esta Madre en tu corazón y peregrina por el mundo, haciendo el bien, así como vivió Nuestro Señor, pasó por el mundo haciendo el bien. Que eso se diga de usted, que va pasando por el mundo haciendo el bien.
Hoy, de nuevo nos dice Dios, hay más buenos que malos, hay corazones que aman, que están muy comprometidos en esta lucha de paz y de justicia. Dios nos colme de bendiciones. Hoy disfrutamos de esta peregrinación, algún día nos volverán a llamar, que nos hagamos presentes, no nos enfrentamos a nadie, nos encontramos en el amor para crecer juntos, para responderle a Dios, para vivir nuestra fe católica, para vivir nuestro compromiso de discípulos del Señor, para hacer lo que Él quiere que hagamos, en este momento presente, peregrinos de esperanza, amantes de la justicia, amantes de la paz.
Trabajemos juntos para que esto se logre en nuestro país, tal vez usted diga, no sé qué hacer yo, yo no cuento. Hoy contó, mire, hoy contó. Usted, que dice que no cuenta, hoy contó y no porque engrosó el número de peregrinos, no, porque vino hablando del Resucitado que murió en la Cruz y que desde la Cruz es nuestro Rey. Lo descubrió un ladrón que estaba crucificado con Él. “Acuérdate de mí cuando llegues a Tu Reino”. “Hoy estarás Conmigo en el Paraíso”.
Que también usted le siga diciendo a Nuestro Señor: “acuérdate de nosotros, acuérdate de nuestras familias, acuérdate de nuestra comunidad, acuérdate de nuestro Oaxaca, acuérdate de nuestro país, acuérdate”. Y nos dirá el Señor “quiero que sigas trabajando por extender Mi Reino” y, usted, comprometido con Él, extienda ese Reino de Jesucristo, Reino de Santidad y de Gracia, de verdad y de vida, de justicia, de amor y de paz.
Que la Reina del Cielo, María, nos siga acompañando en Su Amor maternal y sigamos nosotros, muy comprometidos como discípulos, a vivir siempre agradando a Dios con lo que hacemos. Feliz domingo Festividad de Jesucristo Rey del Universo para todos ustedes. Que reine el Señor en su casa, en su hogar, en su familia.
Que así sea.

