Oaxaca de Juárez, 2 de marzo. La semana pasada, un comentario del Papa Francisco en la privacidad de un correo electrónico causó indignación en el país al referirse a los casos de desaparición de Argentina como una “mexicanización” de la situación en su país natal. Sin embargo, dicho comentario no debió trascender dado que fue un escrito informal y personal del Papa que también es Jefe de Estado y está sujeto a las prácticas diplomáticas universales.
Así pues, la respuesta de la cancillería confirma lo sensible que este país se encuentra en materia de Derechos Humanos y desapariciones forzadas. De lo contrario, no nos hubiera ofendido tanto un comentario viniendo de un nacional argentino dónde la represión, la tortura y las desapariciones forzadas no sólo fueron, sino que son una realidad constante para las personas abducidas, o víctimas de la dictadura.
Lo que causa más ruido es el concepto de “mexicanización”, que precisamente (de todas las acepciones que pudiera tener) tomó la acepción de un país en una inestabilidad completa, donde las instituciones más que respetadas, son temidas, esto último, ante los ojos de los espectadores nacionales es mentira, pues es común ver cómo las instituciones de repartición de justicia en este país tienen todo menos autoridad y fuerza, tanto en contra de las protestas y manifestaciones, como en contra del crimen organizado.
En algún momento dentro de la política exterior se puso de moda el término “balcanización”, para referirse a los países que cambiaban de estructura, forma de gobierno y que tenían una inestabilidad política y racial (pertenecieran o no a los Balcanes), dándole de alguna manera un carácter universal a dicho concepto.
Por tanto, pienso que el verdadero temor de la “mexicanización”, debería ser evitar la “argentinización” de la situación mexicana y la “balcanización” del concepto mismo. Así pues, por gracioso que suene este juego de palabras, sería reducir al absurdo el tratar de embonar un concepto dentro de distintas realidades y diferentes contextos.

