Oaxaca de Juárez, 20 de febrero. ¿Sabías que siente miedo y no culpabilidad cuando le regañas? ¿o que juzga cómo te comportas con el resto de humanos? Descubre esas y otras curiosidades más en esta fotogalería.
Entienden lo que decimos
Antes de que la ciencia se adentrase a investigar el cerebro del perro, un estudio todavía en tinieblas, cualquier dueño de un can sabía lo que reza este titular: que cuando les hablamos parece que nos entienden.
Para despejar dudas al respecto, un equipo de investigadores de la Eötvös Loránd University capitaneados por Attila Andics, han realizado una pionera investigación sobre la capacidad de nuestras queridas mascotas para entender no solo nuestras palabras, sino la entonación con la que las decimos. El trabajo, publicado en la revista Science, ha concluido que el aprendizaje del vocabulario “no parece que sea una capacidad exclusivamente de los humanos que sigue a la aparición del lenguaje, sino que se trata de una función anterior que puede ser explotada para poder vincular secuencias de sonidos completamente arbitrarios a significados”.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores húngaros valoraron la actividad cerebral de un grupo de perros voluntarios gracias al uso de la resonancia magnética funcional. Una vez en el interior de la máquina, los científicos activaron una grabación con la voz de sus dueños, en las que estos grababan la misma palabra con distintos tonos de voz.
Fue así cómo los científicos se percataron de que los canes relacionan las palabras con la entonación y de que su cerebro funciona de una forma muy similar al nuestro: usan el hemisferio izquierdo para procesar las palabras que les decimos y el derecho para la entonación. Si ambas coinciden, para el perro habrá un feliz bingo en su sistema de recompensas. Para los investigadores esto es una prueba de que sus mecanismos neuronales para estos menesteres evolucionaron mucho antes de lo que creíamos. Y que no tienen por qué ser los únicos.
El estudio teoriza con que esto se ha podido producir a consecuencia de la domesticación, que habría provocado el desarrollo de esta capacidad para adaptarse a su imprescindible convivencia con el ser humano.
Miran la televisión
Quien tiene un perro, lo sabe. Cuando estamos vaciando nuestro coco frente a la caja tonta, de vez en cuando aparece nuestro leal amigo a ladrar a la tele o a girar la cabeza frente a la misma mostrando su inquieta curiosidad.
Pero, ¿qué está pasando exactamente por sus cabezas para que reaccionen así? Un grupo de investigadores se propuso averiguarlo, para lo que utilizaron mecanismos de seguimiento de la visión muy similar al que se utiliza con los seres humanos. Fue así como descubrieron que los perros tienen sus propias preferencias y gustos en cuanto al programa televisivo que elige su dueño. O, al menos, eso creen.
Según indica el estudio, los canes tienen preferencia por ver en la TV otros perros, aunque también han descubierto que el sonido es factor de atractivo para ellos. Cuando escuchan a perros ladrando o gimiendo, o personas dándoles órdenes o elogios e incluso ruido de juguetes de otras mascotas, también focalizan su atención en el televisor.
No obstante, los perros ven la televisión de forma muy distinta a los humanos. En lugar de quedarse quietos o pacíficamente sentados en el sofá, los perros necesitan acercarse a la pantalla para verlo más de cerca, así como dar paseos ‘nerviosos’ entre su propietario y el dispositivo electrónico. Son espectadores esencialmente inquietos e interactivos.
Tampoco ven las imágenes como las vemos nosotros. Los perros tienen visión dicromática, solo perciben dos de los tres colores primarios. Esto se debe a que solo tienen dos tipos de receptores de color (conos), a diferencia de los humanos, que tenemos tres. Cada uno de estos conos es sensible a una longitud de onda diferente (por ejemplo, color) de la luz. Mediante la detección de diferentes cantidades de cada longitud de onda y la combinación de ellos, nuestros tres conos pueden transmitir varias señales por todas las tonalidades de la rueda de color, de la misma manera los tres colores primarios se pueden mezclar en cantidades diferentes. Por ello, es cierto que algunos colores no los aprecian y otros los ven con menos intensidad.
Con este pequeño detalle ya cuentan en DogTV, un canal dedicado a los perros. Dan prioridad a aquellos tonos que están dentro de su gama cromática (azul y amarillo), lo que llama poderosamente la atención de los canes. Además, sus ojos también son más sensibles al movimiento. Para los veterinarios, las nuevas televisiones con alta definición ayudan a que el animal vea mejor las imágenes y, por ende, le atraiga más la caja tonta.
La cuestión es, ¿lo disfrutan? Las primeras investigaciones al respecto creyeron demostrar que cuando se da a elegir al animal entre tres pantallas con emisiones distintas, los perros son incapaces de decidir, prefiriendo ver cualquier pantalla sin importarle el contenido que se retransmite por ella.
Pero con el paso del tiempo, y la consecuente evolución de estas tecnologías, los perros parecen estar mostrando más interés por programas donde salen colegas suyos como protagonistas. Aunque lo cierto es los científicos reconocen que aún hay que profundizar en esta compleja cuestión.
Otra de las teorías es que el perro muestre interés por aquello que le atrae a su dueño. Es uno de los pocos animales que mantiene la mirada con el ser humano y que puede leer sus expresiones faciales. No sería descabellado pensar que es una pura cuestión de empatía.
Comprenden la terrible pérdida de sus dueños
Todos hemos escuchado varias historias en la que leales mascotas han reaccionado a la muerte de sus dueños de sorprendentes formas, que van desde de las más desgarradoras a las más curiosas. Desde hace unas décadas, los investigadores se esfuerzan en saber qué pasa por la cabeza de un perro y cómo reaccionan a determinados eventos como es la muerte de un ser humano con el que convive.
Según explica Stanley Coren, profesor de psicología en la Columbia Británica, a IFLScience: “los estudios actuales muestran que los perros tienen un cerebro equivalente al de un niño de dos o tres años”. Además, el mejor amigo del hombre es capaz de experimentar dolor, tristeza e incluso depresión, aunque probablemente “carece de la inteligencia emocional necesaria para comprender la permanencia de la muerte”, argumenta Coren. “Antes de los cinco años, los niños no entienden algunos conceptos muy básicos sobre este tema, no comprenden que la muerte es irreversible”.
Esto tampoco quiere decir que los perros sean tontos o no intuyan qué está pasando. Un número mayor de investigaciones sobre cognición canina muestran que son animales emocionalmente complejos con un alto grado de inteligencia social. De hecho, son capaces de comprender el lenguaje humano, el tono de su voz, su lenguaje no verbal e incluso sus miradas para descifrar lo que le están diciendo. Es esta “intuición social” lo que permite a los perros establecer lazos estrechos con los seres humanos y que, consecuentemente, genera estas respuestas conmovedoras de las mascotas cuando sus dueños se marchan para siempre.
Sin embargo, Coren cree que si bien tienen la capacidad de comprender conceptos abstractos como la autoridad, la muerte puede escapar a su raciocinio. “Los perros son muy sociales y conscientes de la pérdida de una persona importante en su vida, pero no creo que sepan que su dueño se ha ido para siempre”.
En cuanto al por qué esperan junto a sus tumbas, Coren cree que “probablemente estén esperando a que vuelvan y no de luto por su pérdida. No creo que el perro se asombre si de repente su dueño abre la caja y se sienta”.
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