Emeequis
Oaxaca de Juárez, 14 de julio.
Todo terreno
Fuerte pequeño
Por Andrés Juárez
@eljrz_
Las autoridades de Oaxaca —suponga quien lee que ocupar un puesto administrativo con presuntos beneficios económicos para una camarilla que rodea al secretario de Turismo del estado signifique autoridad— presentaron la maqueta de la obra que defienden como si un proyecto de construcción con aprobación popular tuviera que ser defendido. Defendido ante la turba menor, si es que uno se atiene al “somos más los que queremos el centro de convenciones” que se lee en la pancarta de los activistas activados con recursos del estado. Esa turba menor que no desiste en su afán de impedir que el cerro del Fortín se desgaje en pos de una obra sin controles ambientales y cuya vegetación buena falta le hace a una ciudad que en los tiempos que corren es declarada con mala calidad del aire.
La maqueta está ahí, muy bonita como todas las maquetas, en tonos verdosos para que no quede duda de que es un proyecto ambientalmente compatible. Las autoridades aseguran, incluso ante notario —y nadie puede poner en duda nunca la imparcialidad de los notarios porque la historia nos ha demostrado en Oaxaca, como en todo México, que esos puestos ni se heredan, ni se venden, ni los obsequia el poder político— que el proyecto no es “ninguna ocurrencia” sino la demanda sentida y urgente de toda la sociedad oaxaqueña desde hace más de 40 años. Olvidemos en este punto que la sociedad oaxaqueña lleva al menos dos siglos demandando inclusión étnica, reducción de la desigualdad económica, ciudades limpias, ecosistemas ordenados, y pensemos solamente en esa demanda sentida de un nuevo centro de convenciones para que nuestras élites se dispongan a disfrutar de las fiestas de la Guelaguetza. Las autoridades sostienen que la construcción, o mole color blanco con verde tonalidad pasto-alfombra, significará una derrama anual de 800 millones de pesos y piden con gesto compungido que no se vaya a creer la maledicencia de los enemigos del progreso locales acerca de que se beneficiaría al hotel Victoria, cuyo mayor accionista es —simultáneamente— el principal promotor del centro de convenciones y secretario de Turismo del estado.
Fidel es el Fideicomiso para el Desarrollo Logístico del Estado, aunque uno piense en otro Fidel, de apellido Herrera, delegado nacional del PRI para Oaxaca y ex gobernador de Veracruz, quien ha andado muy activo preparando el camino para el hijo del compadre Murat al gobierno estatal. El director del Fidel es Francisco Zorrilla, el mentado secretario de Turismo, y desde su oficina se promueve el centro de convenciones que ya “cuenta con aprobación de hasta 170 organizaciones sociales y empresas, además de los vecinos de las colonias Guelaguetza y Azucenas, vecinas del cerro del Fortín”, porque en Oaxaca los enredos son sabrosos como su queso y las fiestas de declaraciones son de coloridas fachadas como la celebración emblema del estado. ¿A qué sociedad le va a interesar un referéndum o una consulta formal cuando un funcionario puede declarar que 170 organizaciones ya aprueban y exigen un proyecto de tal magnitud? ¿A qué sociedad puede interesarle conocer manifestaciones de impacto ambiental o estudios de factibilidad técnica cuando tenemos ya una maqueta tan bonita?
¿Y si Oaxaca de Juárez se convierte en Oaxaca de Toledo?, se pregunta @la_go_mess. Chiste tuitero que no debe caer muy bien ni a las señaladas y desinteresadas autoridades ni a la Confederación de Trabajadores de México, que prestos a luchar por la derrama económica y empleos verdes, dignos y decentes —para usar las palabras de la ONU sobre la aspiración de un buen empleo— han ido a agredir al famoso pintor cuyas canas muchos respetan y que sus 70 años no le han impedido colgarse de un tubo a riesgo de llamar a la burla por su hazaña. Burlas que ya son lo menos importante para el prestigiado pintor ante la pérdida de su acervo cultural de toda la vida almacenado en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) porque en palacio hay un gobernador extraído de la izquierda para gobernar con la derecha acechante y perennifolia. Un gobernador que ya incluso ha pactado, dice el ex director del IAGO, con grupos del viejo régimen estatal para perpetuar su coto de poder sin importar el sacrificio de su última oportunidad de cierre digno al sexenio, lo que queda demostrado con los grupos de choque enviados a desalojar al artista y sus huestes.
Claman las autoridades que esto no se trata de algo político para tener algo que mostrar ante la escasez de obras públicas de magnitud elefantiásica, y blanca, en medio de una sala de muebles baratos forrados de plástico transparente. Ahí están, por ejemplo, las autopistas a la costa cuyos arreglos locales con autoridades agrarias no se han logrado concretar para avanzar aunque el gobierno siga derramando dinero por todos lados para conseguirlo. También nos dan en prenda su honor y su palabra —palabra firme y honor probado— al asegurar que la construcción del centro de convenciones no afecta ni muerde la reserva natural del cerro del Fortín porque en esa área “no hay vegetación y cada año se ocupa para puestos de comida” en las fiestas del lunes. Y por más que uno busca, no ve por ningún lado que las palabras reforestación, aforestación, revegetación relumbren como pepitas de oro desde el fango, en su lenguaje ambientalmente comprometido, con el mismo peso de la ausencia de acciones tipo “restauración del río Atoyac”, plantas incineradoras de residuos, ecología industrial, entre muchos que no solo serían ambientalmente razonables sino económicamente derramadores del agua de justicia de la que Oaxaca está tan sedienta.
En fin. Que las autoridades confían en que su proyecto socialmente viable y ambientalmente compatible —suspiro— va a salir avante como un barco en aguas negras agitadas por las manos invisibles de esos malhechores que no los han dejado gobernar, esos reaccionarios que desean solamente que regrese el PRI —que nunca se fue—, incluido el pintor y su runfla de escandalosos y desinformados agrupados en el Frente en Defensa del Cerro del Fortín, llamado así porque históricamente se colocaban ahí fortalezas, trincheras de defensa… Extraño juego de palabras e historia.

