Oaxaca de Juárez, 13 de septiembre. En la acelerada carrera por obtener una cura que ponga fin a la pandemia que actualmente nos acecha, las vacunas que se desarrollan en varios países alrededor del mundo están obteniendo buenos resultados en sus diferentes etapas de estudio. No obstante, los comités de ética que se ciñen a reglamentos estandarizados de investigaciones internacionales no pueden aprobar su aplicación masiva sin antes ser probadas en todas sus facetas, señaló Alejandro Macías Hernández, integrante de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia del Coronavirus.
Tal es el caso de la vacuna rusa Sputnik V. Respecto al anuncio de su aplicación a miles de personas de la milicia y grupos especiales de la nación más grande del mundo, señaló que, debido a que es una vacuna de vectores (como la de AstraZeneca), es muy probable que funcione creando inmunidad sin tener efectos colaterales graves.
“Aquí y ahora lo que sabemos es que más o menos se encuentra en una fase de avance que pudiera ser semejante a otras vacunas de vectores que ya se han reportado y que también parece que funcionan bien, porque por lo que sabemos de la vacuna de AstraZeneca, funciona bastante bien en la fase 1 y 2.
Refirió que la investigación de AstraZeneca y de la Universidad de Oxford, que es la vacuna con la que se hizo un contrato en México y Argentina para Latinoamérica, está lista para empezar los estudios de fase 3 para ser aplicada a miles de personas. Un análisis que depende de un ejercicio comparativo que involucra a otro grupo de individuos a los que no se les administrará el medicamento con el fin de demostrar su efectividad.
De acuerdo con el infectólogo de la UNAM, hoy en día existen muchas estrategias para elaborar vacunas de acuerdo a la ingeniería genética con la que se cuente. Para la vacuna contra la viruela, por ejemplo, se empleó un microorganismo que causa una enfermedad leve para proteger al individuo de la enfermedad más grave. Sin embargo, existen otros métodos que tienen por objetivo inactivar o matar en el laboratorio al microorganismo para inyectarlo muerto.
Respecto al caso de las vacunas de vectores, como la son Sputnik V y la de AstraZeneca, trabajan con un virus modificado, en este caso es un adenovirus que en su interior tiene una molécula de ácido desoxirribonucleico, molécula doble de genes, que se encargará de cargar los genes del otro virus que nos interesa proteger, es decir, el coronavirus, el cual tiene en su interior una cadena sencilla (ARN).
A pesar de que se desarrollan una gran cantidad de vacunas contra el SARS-Cov-2, acota el Dr. Macías, pareciera que las vacunas de virus vectores se circunscriben ahora como las principales esperanzas en el mundo porque, hasta el momento, en sus diferentes etapas que se han presentado, son las que han arrojado mejores resultados.
