Oaxaca de Juárez, 6 de septiembre. El sistema político mexicano está viviendo una crisis, no hay candidatos, cuando menos: presentables. El triunfo de AMLO en 2018 realmente correspondió a una falta de contrincantes de talla, amén del desgaste del neoliberalismo. Vienen elecciones de aquí al 2024, pero el estigma persiste: no hay candidatos, cuando menos: presentables.
En la elección presidencial de 1976, José López Portillo (Presidente de México 1976-1982), fue el único candidato en la boleta electoral. O sea que, era el candidato de todos los partidos de ese entonces: PRI, PPS, PARM. Y el PAN fue el único partido que no postuló a López Portillo como candidato, decidiendo ir a la elección sin candidato a la Presidencia de la República. Ese era poder del PRI, y aunque se consideró un triunfo del sistema, por considerarse que López Portillo era prácticamente el candidato de unidad, en el extranjero no se veía así, concretamente Estados Unidos observaba falta de democracia. Esta situación fue la que dio pie a la Reforma Electoral.
Así como en el siglo XIX, si se pretendía incursionar en la política, había que ingresar a una Logia Masónica para hacer carrera, por la sencilla razón de que no existían partidos políticos. Así mismo, para ubicarnos en el momento histórico de 1976, podemos decir que, si se pretendía hacer carrera política, ésta tenía que hacerse necesariamente en el PRI. Los demás partidos políticos mexicanos no formaban cuadros y realmente, dado el aplastante poder del partido oficial, solamente eran comparsa de este en la Cámara de Senadores y en la Cámara de Diputados.
Luego entonces, en el PRI era donde se formaban los cuadros que finalmente llegarían a las boletas electorales. Y podemos decir que había abundancia de líderes y que realmente el partido oficial tenía de donde escoger para contender en los cargos de elección popular.
Pero a la llegada de Miguel de la Madrid (Presidente de México 1982-1988) y sobre todo, cuando llega Carlos Salinas (Presidente de México 1988-1994), el PRI dejó de formar cuadros y cedió la elección de candidatos a la corriente neoliberal encabezada sobre todo por economistas de profesión.
De esta forma se fue empobreciendo la oferta electoral para todos los cargos de elección popular, incluyendo por supuesto, la de Presidente de la Republica.
Y es así como llegamos a 2018, donde el PRI tuvo que hacerse de un candidato externo para ir a la contienda electoral. José Antonio Meade fue candidato a la presidencia de México en las elecciones federales de 2018 por la coalición Todos por México, conformada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y por el Partido Nueva Alianza (PANAL). Fue secretario de Energía, de Hacienda y Crédito Público, de Relaciones Exteriores y de Desarrollo Social, durante los sexenios de Felipe Calderón (Presidente de México 2006-2012) y Enrique Peña Nieto (Presidente de México 2012-2018). Y desde el 1 de marzo de 2019 José Antonio Meade, trabaja en la Comisión Global de Adaptación, de la empresa financiera HSBC.
Meade es un buen economista, un buen burócrata, pero no es un político. Como que los neoliberales, que le copian todo a los Estados Unidos, no han entendido que los gringos no hacen presidentes a los economistas, sino a los abogados.
Lo que es evidente es que AMLO le ganó la elección a un burócrata, no a un político, y mucho menos a un líder.
Así las cosas, ahora nos perfilamos al 2024, con una carencia total de oferta política de todos los partidos. No hay candidatos y los pocos que hay: ¡no son presentables!
El PRI, el PAN y el PRD no tienen gallos, ni gallinas, para la contienda electoral de 2024. Y que conste que esta es la única oposición que enfrenta AMLO. El resto de los partidos son comparsas de uno u otro bando, depende del mejor postor. Y es pertinente resaltar que los partidos políticos han perdido la razón de su existencia.
Los partidos políticos son entidades de interés público, con personalidad jurídica y patrimonio propios, y tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática y contribuir a la integración de los gobiernos. Definitivamente el mercantilismo ha plagado a los partidos políticos, y lo que es peor, no ofrecen la oferta electoral a la población, oferta electoral para lo que fueron creados.
AMLO tampoco dispone de gallos ni de gallinas para la contienda 2024. Pero es poseedor del otrora Voto Verde del PRI. La lección que nos brindó la elección federal intermedia de este año, fue que AMLO tiene en la bolsa su Voto Duro, y con eso le basta para que su gallo o gallina gane el 2024.
La alianza PRI PAN PRD, amén de no tener candidatos presentables, continúa con el discurso de un neoliberalismo trasnochado, que no le brinda ninguna posibilidad de triunfo electoral en la elección presidencial 2024.
Dado que el triunfo de AMLO en 2018 se debió a dos factores. Uno, el desgaste del neoliberalismo, con sus subsecuentes efectos adversos en la población, como fue esa corrupción galopante en todos los niveles. Y Dos, que no se confrontó con auténticos políticos, sino con burócratas del sistema político.
¡Suerte! y hasta el próximo De Análisis Político.
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