Oaxaca de Juárez, 13 de mayo. El 2 de junio, los mexicanos elegirán un nuevo presidente, un nuevo Congreso y miles de funcionarios estatales y locales. Los resultados y las consecuencias tendrán importantes implicaciones tanto para Estados Unidos como para México. Estados Unidos debe prestar mucha atención. 
La relación de Estados Unidos con México afecta la vida cotidiana de más estadounidenses que cualquier otro país del mundo. México es el mayor socio comercial y de coproducción de Estados Unidos. Es la vía de la mayor parte de la migración irregular y la mayor fuente individual de migrantes. México es el punto de entrada de la mayoría del mortífero fentanilo y otras drogas ilícitas que ingresan a Estados Unidos. También es la fuente de vínculos familiares y culturales para más de 35 millones de ciudadanos estadounidenses.
Estados Unidos necesita una buena cooperación con México para poder abordar y gestionar eficazmente los difíciles problemas que enfrentan ambos países. Una mala cooperación sería muy costosa tanto a corto como a largo plazo. Las elecciones de junio en México y los acontecimientos postelectorales determinarán el potencial de cooperación de Estados Unidos con México como socio democrático.
Desafortunadamente, la calidad de la democracia y su gobernancia de México ha ido disminuyendo según una serie de estudios que comparan el desempeño de países de todo el mundo en estas áreas. Esta alarmante tendencia en México está significativamente subestimada. Podría socavar gravemente la calidad de la asociación de Estados Unidos con México, así como la naturaleza de la gobernanza de México.
Estados Unidos necesita una buena cooperación con México para poder abordar y gestionar eficazmente los difíciles problemas que enfrentan ambos países. Una mala cooperación sería muy costosa tanto a corto como a largo plazo. Las elecciones de junio en México y los acontecimientos postelectorales determinarán el potencial de cooperación de Estados Unidos con México como socio democrático.
Esto es especialmente importante porque los desafíos que enfrenta México siguen siendo enormes, como lo destacan los informes periódicos sobre violencia en México. El país ha tenido más homicidios durante la actual administración presidencial que durante cualquier otro mandato presidencial en las últimas décadas. México ocupa el tercer lugar con peor índice de criminalidad a nivel mundial. Una violencia significativa empaña la campaña electoral en curso y muchos observadores se preocupan por el papel del crimen organizado, especialmente en las elecciones locales.
El Índice de Democracia 2023 de la Economist Intelligence Unit clasifica a México en el puesto 90 entre los 167 países que estudió, y etiqueta a México como una democracia “híbrida”, que está por debajo de una democracia “plena” o “defectuosa”.
Además, el último informe de Freedom House sobre Libertad en el Mundo caracteriza a México como “parcialmente libre”. Describe una disminución de algunas libertades a partir de 2017 y señala preocupaciones sobre el crimen organizado y la violencia, la corrupción, la falta de transparencia gubernamental y el deficiente estado de derecho, entre otras cuestiones.
El Banco Mundial prepara indicadores mundiales de gobernanza que cubren más de 200 países y territorios. Al observar conjuntos de datos de 2012, 2017 y 2022, estos indicadores muestran que el rango percentil de México disminuyó en todas las categorías durante los diez años.
El punto clave es que los estudios de expertos que cubren la mayor parte del mundo encuentran preocupaciones y tendencias similares sobre el estado de la democracia y la gobernabilidad en México. Estas conclusiones reflejan las preocupaciones planteadas por muchos comentaristas y organizaciones mexicanas e internacionales sobre violaciones de derechos humanos y libertades civiles, ataques a individuos y organizaciones no gubernamentales que critican al gobierno, junto con la violencia contra periodistas y activistas.
Los mexicanos, por supuesto, son los que más están en juego, pero el siguiente es Estados Unidos. Estados Unidos ha invertido mucho en los vínculos entre Estados Unidos y México, incluso mediante un importante acuerdo comercial y una inversión masiva por parte de empresas estadounidenses. La administración Biden estableció una serie de reuniones y procesos periódicos entre Estados Unidos y México para abordar cuestiones difíciles. Esto ha producido un mejor diálogo y cooperación en general, con una buena cooperación en materia de comercio, un esfuerzo combinado en materia de migración y una asociación mejorada, aunque lejos de ser satisfactoria, en materia de seguridad pública y tráfico de drogas.
The U.S. relationship with Mexico touches the daily lives of more Americans than any other country in the world. Mexico is the U.S.’s largest trade and co-production partner. It is the pathway for most irregular migration and the largest single source of migrants. Mexico is the point of entry for most of the deadly fentanyl and other illicit drugs entering the U.S. It is also the source of family and cultural ties for over 35 million U.S. citizens.
Unfortunately, the quality of Mexico’s democracy and its governance has been declining according to a range of studies that compare the performance of countries around the world in these areas. This alarming trend in Mexico is significantly underappreciated. It could seriously undermine the quality of U.S.’s partnership with Mexico, as well as the nature of Mexico’s governance.
This is especially important because the challenges that Mexico faces remain daunting, as highlighted by the regular reports of violence in Mexico. The country has had more homicides during the current presidential administration than during any other presidential term in recent decades. Mexico is ranked as having the third worst criminality score globally. Significant violence mars the ongoing election campaign and many observers worry about the role of organized crime, especially in local elections.
The Economist Intelligence Unit’s Democracy Index 2023 ranks Mexico 90th out of the 167 countries it studied, and labels Mexico as a “hybrid” democracy, which is below a “full” or “flawed” democracy.
Also, Freedom House’s latest report of Freedom in the World, characterizes Mexico as “partly free.” It describes a decline in some freedoms beginning after 2017 and flags concerns with organized crime and violence, corruption, lack of government transparency and poor rule of law, among other issues.
The World Bank prepares Worldwide Governance Indicators covering over 200 countries and territories. Looking at data sets from 2012, 2017 and 2022, these indicators show Mexico’s percentile rank declined in every category over the ten years.
The key point is that expert studies covering most of the world find similar concerns and trends about the state of democracy and governance in Mexico. These conclusions echo concerns raised by many Mexican and international commentators and organizations about violations of human rights and civil liberties, attacks on individuals and non-governmental organizations that criticize the government, along with violence against journalists and activists.
Mexicans, of course, have the most at stake, but next in line is the United States. The U.S. has invested heavily in U.S.-Mexico ties, including with a major trade agreement and massive investment by U.S. companies. The Biden administration set up a series of regular U.S.-Mexico meetings and processes to address difficult issues. This has produced better dialogue and cooperation overall, with good cooperation on trade, combined effort on migration, and improved but far from satisfactory partnership on public security and drug trafficking.

Building from a broader understanding of trends in Mexico, we all need to pay closer attention to the results of Mexico’s June 2 elections and the aftermath. If Mexican President Andrés Manuel López Obrador’s preferred candidate and his party win a big majority (with 2/3 of Congress), for example, we may well see an effort to amend Mexico’s constitution in ways that analysts warn would further weaken its courts and rule of law, its electoral authorities and other independent regulatory bodies, concentrating more power in the executive branch.
A constant, however, is that the United States and Mexico are profoundly intertwined. The U.S. needs a strong, democratic Mexican partner to strengthen its own prosperity and security, just as Mexico needs a good partnership with the U.S. Both countries need to understand the trends shaping electoral outcomes on the other side of the border and should engage each other to forge as constructive a partnership as possible. That will bring the best outcomes for Mexicans and Americans.
As Mexico’s democracy shows decline, the US must pay attention to its upcoming election
Earl Anthony Wayne is a retired career ambassador and distinguished diplomat in residence at the School of International Service at American University. He is a public policy fellow at the Woodrow Wilson Center for International Scholars.

