Oaxaca de Juárez, 27 de agosto. En el siglo XX, nuestros antepasados fueron testigos de dos conflictos armados que cambiaron la forma de vida del mundo. En la actualidad, la sombra de estas guerras se mantiene acobijando a la sociedad bajo un manto de miedo.
Desde que estos eventos ocurrieron, el poder militar de muchos países solo ha sabido avanzar con el desarrollo de nuevas armas. Entre ellas, se encuentran las más temidas –que, en su momento, fueron una carta decisiva para terminar la Segunda Guerra Mundial–, las armas nucleares.
La posibilidad de que una de estas sea lanzada de un país a otro como por ejemplo Rusia o Estados Unidos, no solo está latente, sino que se mantiene como un terrible escenario en el imaginario colectivo. Sin embargo, actualmente existe otra amenaza que tal vez podría incluso llegar a ser más dañina que las antes mencionadas bombas; los hackers.
Estos nuevos soldados de la sociedad moderna tienen por campo de batalla el ciberespacio. En él, podrían ser capaces de tomar control de instancias que generarían circunstancias incluso más catastróficas que el lanzamiento de una bomba nuclear.
¿Por qué un hacker puede ser tan peligroso?

Como ya lo hemos mencionado, es posible que estos se infiltren en los sistemas de instancias que puedan desequilibrar el ritmo normal de la vida de una sociedad. Un ejemplo de ellos serían las centrales de servicios básicos como el agua, la luz y la electricidad.
De hecho, incluso si solo uno de estos es atacado, las consecuencias para el país o la ciudad en la que ocurra podrían ser devastadoras. Después de todo, el deterioro de la calidad de vida sería paulatino y las muertes y heridas que podría causar serían mucho más lentas.
Por otro lado, una bomba nuclear desplegaría su impresionante poder destructivo en una amplia zona, acabaría con toda la vida en un kilómetro a redonda y estaría listo. Como consecuencia por esta acción, los gobiernos podrían detectar el lanzamiento del misil antes de que impacte con la zona en peligro y enviar otro en respuesta.
Aunque parezca rebuscado, en la actualidad al menos 40 países tienen la posibilidad de fabricar sus propias armas nucleares para responder de esta forma a la amenaza. Sin embargo, iniciar de esta forma un conflicto llevaría a la humanidad a un proceso de extinción auto-inflingido. Por otro lado, el activar un ataque pequeño o grande a través de un hackeo se trata de una alternativa mucho más discreta y también difícil de rastrear. En pocas palabras, los gobiernos podrían darse cuenta de la amenaza, cuando ya es demasiado tarde para frenarla.
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