La etapa cumbre del populismo
Rubén Cortés
Oaxaca de Juárez, 2 de abril. Los electores mexicanos están teniendo una posibilidad histórica que… ni soñada: antes de votar en 2018, han podido observar en sus narices el resultado del populismo en el poder. Donald Trump tiene patas arriba a Estados Unidos en sólo 70 días, y Venezuela ya es oficialmente una dictadura.
El presidente populista Nicolás Maduro anuló ayer las atribuciones del Congreso y asumió poderes extraordinarios en materias penal, militar, económica, social, política y civil. Un poder dictatorial apuntalado con una Gestapo, que tiene creada hace años con asesoría de la Cuba comunista.
Porque, en su fase cumbre, el populismo sólo puede mantenerse en el poder con una policía política (en Venezuela es el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional y en Cuba el G-2 o Seguridad del Estado), para controlar la vida, expresión, movimiento, economía y pensamiento de los ciudadanos.
La dictadura total es imprescindible para el éxito del populismo, junto con la intervención del Estado en la empresa privada, para incrementar el número de trabajadores del gobierno, a quienes chantajea con dádivas y amenazas, con tal de asegurarse el control de elecciones amañadas.
Por ejemplo, cuando el populismo llegó al poder en 1999, en Venezuela había apenas 800 mil trabajadores del Estado: 18 años después hay tres millones, a quienes el gobierno no pide más que apoyo político, a cambio de mantener el puesto sin responder por la productividad o la superación técnica.
Ese modelo populista, de mantener lo público a costa de arruinar lo privado, provocó que en Venezuela sea casi imposible conseguir gasolina, siendo el país con las mayores reservas certificadas de petróleo en el mundo: 297 mil millones de barriles.
No faltará el populista trasnochado que alegue que México importa gasolinas y es uno de los principales productores de petróleo del mundo. Sí, pero los mexicanos tienen dinero para comprarla: consumen 130 millones de litros al día, sólo superados en el mundo por Estados Unidos, Canadá y Australia.
Desde que ganó las elecciones, el populismo venezolano gastó mil veces mil millones de dólares: más dinero de lo que Venezuela erogó en sus primeros 178 años de independencia. Pero ese gasto demencial resultó un milagro económico al revés.
Cuando Hugo Chávez llegó a la presidencia, el 45 por ciento de los venezolanos vivía en pobreza extrema: 18 años después la cifra aumentó al 75 por ciento, según un estudio realizado en conjunto por las universidades Católica Andrés Bello, Central de Venezuela y Simón Bolívar.
Al desastre económico absoluto actual, ayer se sumó la entrada oficial del país en dictadura al estilo cubano. Una cancelación definitiva a las aspiraciones democráticas de los venezolanos, tras la anulación de las competencias de la Asamblea Nacional: un golpe de Estado redondo.
¿Populismo? Es eso.
Twitter: @ruben_cortes
