SEMANA SANTA 2025 
JUEVES SANTO
SOLEMNE CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA DE LA ÚLTIMA CENA DE NUESTRO SEÑOR
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
Oaxaca de Juárez, 17 de abril. Le agradezco a usted que le esté dedicando este momento a Nuestro Señor, recordando en nuestra vivencia de fe lo que vivió Nuestro Señor Jesucristo con sus apóstoles en lo que conocemos como la Última Cena.
El Evangelio nos dice unos aspectos que se vivieron esa noche. La segunda lectura nos habla de lo que vivió Nuestro Señor con sus Apóstoles y lo que ha vivido la Iglesia, nuestra Iglesia, a lo largo de todos los siglos.
Cuando el Señor tomó en Sus manos el Pan y tomó en Sus manos la copa de vino y pronunció las palabras que usted escucha siempre que va a la Santa Misa y que nosotros conocemos ese momento como el momento de la Consagración, donde ese Pan y ese Vino se convierten en el Cuerpo y en la Sangre del Señor.
Creemos en la presencia real y verdadera de Nuestro Señor en la Eucaristía. Creemos y el Señor nos prometió darnos ese alimento y, cuando hizo esa promesa, dijo: “Yo les daré a comer mi Cuerpo y a beber Mi Sangre. El que coma mi Cuerpo y beba mi Sangre tiene vida y vida eterna y yo lo voy a resucitar el último día.
Eso que dijo Nuestro Señor en la Sinagoga de Cafarnaún lo vivió en la Última Cena. Tomó en Sus manos el Pan, tomó en Sus manos la copa de Vino. Tomen y coman, este es mi Cuerpo. Tomen y beban, esta es mi Sangre. Hagan esto en memoria mía”.
Es lo que hoy recordamos, con gratitud, con profunda gratitud a Nuestro Señor. Se quiso quedar para alimentarnos, porque necesitamos de ese alimento para llegar a la vida eterna.
Le invito a que cada día usted crea en la Eucaristía y sienta necesidad de alimentarse, porque el Señor no se quedó nada más para ser adorado, se quedó para ser alimento. Tomen y coman, este es mi Cuerpo. Tomen y beban, esta es mi Sangre. Nuestro Señor instituyó la Eucaristía en aquella noche, al reunirse con sus apóstoles, pero también instituyó el sacerdocio, cuando les dijo: hagan esto en memoria mía.
Estos dos sacramentos están íntimamente relacionados. Hay Eucaristía porque tenemos sacerdote, si no tuviéramos sacerdote, no habría Eucaristía.
Aquí quisiera decirles, nuestra Iglesia Oaxaqueña necesita de sacerdotes y nos toca a todos trabajar para que haya sacerdotes. Aquí tendré que decir de nuevo, tal vez nuestro testimonio no motive para que alguien quiera ser sacerdote. El sacerdote está envuelto en una fragilidad humana. No somos santos, fuimos llamados a la santidad el día de nuestro bautismo, como usted fue llamada a la santidad, a la misma santidad. Usted tiene diez mandamientos que cumplir, yo tengo los mismos mandamientos que usted tiene.
A usted le cuesta vivir ciertos mandamientos, cumplir con ellos. A mí también me cuesta. Yo no soy perfecto, el sacerdote no es perfecto. Usted no es perfecto, no es perfecta. Tenemos defectos, pero tenemos una gracia. Usted y yo tenemos una gracia. Fuimos llamados a la santidad y Dios nos da la gracia de ir creciendo en santidad. Usted también es sacerdote, no se le olvide, usted es sacerdote desde el día de su santo bautismo y tiene que vivir su sacerdocio, vívalo, viva su sacerdocio, viva esos momentos en los que usted se encuentra con Dios. Vívalo en su casa, su sacerdocio y vívalo en un lugar como este, celebrando los sagrados misterios, pero viva su sacerdocio y promueva en su hogar las vocaciones a la vida sacerdotal, porque de las familias van saliendo los sacerdotes.
Hágalo, se lo pido de gran favor, hágalo. No nada más le diga a Dios, que haya más sacerdotes, también dígale a su hijo, también dígale a su familiar, también dígale a su amigo: ¿no quieres ser sacerdote? Así me lo dijeron a mí, ¿no quieres ser sacerdote? Y aquí estoy.
Hoy, recordamos la institución de Eucaristía y sacerdocio. Necesitamos que haya Eucaristía y, para eso, necesitamos sacerdotes.
Le invito a sentir hambre de Dios, a querer recibir la Sagrada Comunión. Antes de comulgar decimos: yo no soy digno de que entres en mi casa. Ninguno es digno, porque a veces yo pregunto, ¿y usted por qué no comulga?, “es que no me siento digno”. Yo tampoco me siento digno y por eso decimos, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Ame la Eucaristía, ámela, perdónenos muchas cosas, perdónenos.
Yo sé que a veces hemos sido escandalosos, perdónenos, lo necesitamos. Sé que a veces no les hemos dado un buen ejemplo. Lo sé, lo sé, pero perdónenos.
¿Usted quiere recibir el perdón? Qué nos dice Nuestro Señor: perdona y serás perdonado.
Necesitamos ser perdonados, lo necesitamos.
Ningún sacerdote quiere causar daño, ninguno, pero sé que sí causamos daño. Usted no quiere equivocarse, pero se ha equivocado. Usted no quiere ofender a Dios y lo ha ofendido. Usted quiere practicar la virtud y lo han dominado sus defectos. Todos estamos trabajando y, hoy, Nuestro Señor nos dice cómo debemos ser usted y yo, capaces de lavar los pies a nuestro hermano y para que usted y yo le lavemos los pies a un hermano, necesitamos ejercitar la humildad. Para poder servir, necesito practicar la humildad y Dios nos invita a servir a todos, no nada más a unos cuantos. Nos invita a servir a todos, nos acaba de decir en el Evangelio, se lo dijo a sus apóstoles: quiero que ustedes le laven los pies y se laven los pies entre ustedes y usted es discípulo de Jesucristo, es llamado a lavar los pies y lavar los pies significa servicio, lavar los pies significa amor, lavar los pies significa caridad, lavar los pies es tener sentimientos muy humanos, muy de hijo de Dios para poder hacer algo que alcance la glorificación a Dios.
¿A quién no le ha servido usted? Piense en este momento, alguien le pidió a lo mejor, ayúdame en esto, y tal vez usted le dijo: yo no te quiero ayudar o yo no te puedo ayudar y sí podía, pero no quiso, no fue capaz de tomar el agua y lavarle los pies. Por amor, por amor, por amor a quién, por amor a Dios, por amor a Nuestro Señor.
¿Se siente discípulo de Nuestro Señor? ¿Se siente su seguidor? Escúchelo, pero escúchelo en su corazón.
Nos dijo el apóstol y Evangelista San Juan, que el Señor nos amó hasta el extremo, hasta el extremo, ¿usted ama así, hasta el extremo? ¿su amor es así? Amen como Yo los he amado, dice Nuestro Señor, ¿así está amando, como Dios lo ama a usted? ¿le está diciendo a Nuestro Señor que lo llene de la virtud de la humildad?
Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, decía Nuestro Señor. Se lo dice a usted, me lo dice a mí. Aprendamos a ser humildes para poder lavar los pies a nuestro hermano. Hoy, yo voy a hacer este gesto de la Última Cena, pero que no quede en un gesto de poner agua en un pie y lavar. Ese gesto tiene un significado, sirve a tu hermano y sírvelo con caridad y amor, y sírvelo como signo de que tú amas a Dios y quieres amarlo hasta el extremo también. Donde más te cueste servir, sirve, y hazlo con alegría y gozo.
Aprovechemos estos días santos para darle gracias a Nuestro Señor por todo lo que ha hecho por nosotros. Hoy le decimos, gracias porque te has quedado para ser nuestro Alimento. Gracias porque tenemos sacerdotes. Gracias porque nos amas y nos amas hasta el extremo porque nos llamas a amar y a servir a nuestros hermanos.
Que estos días nos ayuden a todos nosotros a agradecerle a Dios y a comprometernos más y más con el Señor porque usted y yo somos esos discípulos de Jesucristo y con alegría le seguimos y con alegría le servimos en la persona de nuestros hermanos.
Disfrute en el servicio y sienta el gran deseo de recibir a Nuestro Señor en la Sagrada Comunión a lo largo de toda su vida.
Felices días santos y ojalá y podamos guardar silencios para poder encontrarnos con Nuestro Señor, que por amor dio su Vida por nosotros.
Hacemos ahora el gesto del Lavatorio de los pies.