XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA 
Oaxaca de Juárez, 13 de julio. Me da mucha alegría de nuevo estar en esta Iglesia Catedral. Sé que los que vienen, domingo a domingo, aquí, a participar de la misa, pues el domingo pasado me pusieron falta, porque no estaba y no falta quien diga: se fue a pasear. No, estaba en la parroquia y Santuario de Juquila, confirmando a 90 jovencitos, a la misma hora que ustedes estaban aquí, en misa, yo estaba confirmando en Juquila y ahí pedí por ustedes, por supuesto, a Nuestra Madre Inmaculada de Juquila que nos bendijera y nos alcanzara esas gracias que todos nosotros necesitamos, para seguir esforzándonos y responderle generosamente a Dios.
Hoy, la Palabra de Dios nos acaba de decir que los mandatos divinos no rebasan nuestras fuerzas, por si en algún momento creemos que eso es imposible de vivir, no te equivoques, Dios no nos pide imposibles, todo lo que nos pide Dios que hagamos y que están contenidos en sus mandatos, es posible. Otra cosa es que no los queramos vivir, que no tengamos voluntad y, si no los queremos vivir y no tenemos voluntad, pues concluimos, es imposible hacer eso, pues no tienes voluntad de hacerlo, no quieres hacerlo, por eso dices que es imposible.
Nos acaba de decir Dios, en su Palabra, que todo es posible y también hemos escuchado y nos ha recordado Dios, en el Evangelio, que estamos llamados a vivir el amor, el amor a Dios y el amor a nuestro prójimo. No podemos nosotros hacer a un lado al prójimo, porque el Apóstol Santiago en su carta nos dice muy claramente, si dices que amas a Dios, a quien no ves, y dejas de amar a tu prójimo, a quien ves, eres un mentiroso, eres un mentiroso.
Cómo anda el amor a Dios, a lo mejor decimos, anda muy bien, lo amo mucho, lo amo mucho, no, no se imagina cuánto lo amo. ¿Y cómo anda el amor al prójimo? “ah, pues ahí sí me falla” – ah, ¿y el otro no te falló? – si te falla este, te está fallando este otro también. No digas que amas muchísimo a Dios si te está fallando el amor al prójimo, así, así de sencillo, así de sencillo.
Podríamos decir, en el amor al prójimo, está la medida de cuánto amamos a Dios. Aquí, en su corazoncito, ¿están todos sus prójimos? Y todos sus prójimos no es esposo, esposa, hijos, primos, tíos, abuelitos, familiares, no, no, no, también fuera de su familia hay prójimos. Sus compañeros de trabajo son sus prójimos, sus vecinos son sus prójimos, las personas que nos encontramos cuando caminamos y recorremos nuestras calles son nuestros prójimos. Toda persona es nuestro prójimo. ¿Cómo anda ese amor, para poder decir que amamos mucho a Dios?
Así va el amor, amo mucho a mi prójimo, estoy amando mucho a Dios. Crezco en el amor a Dios creciendo en el amor a mi prójimo. Disminuyo en el amor a Dios disminuyendo el amor a mi prójimo y, a mi prójimo, lo tengo que aceptar como él es, no como yo quisiera que fuera, como él es, con sus virtudes y sus defectos, con sus cosas que me caen muy bien y con otros detalles que no me caen bien. A esta persona, así, en esa realidad, le tengo que amar. Es mi prójimo y, hoy, nos acaba de decir Nuestro Señor, ¿somos personas que tenemos compasión? ¿nos conmueve la necesidad de los demás o pasamos de largo?
En torno a nosotros, hay mucha gente que nos necesita, ¿somos capaces de mirarlos con los ojos del corazón?
A nuestro prójimo se le mira con los ojos del corazón, con los ojos del amor, de la compasión, de la bondad, como nos mira Dios, como nos mira Dios.
Dios nos mira con compasión y nos mira con misericordia, nos mira siempre con amor y Él quiere que nosotros nos miremos así, con compasión.
¿Le tendemos la mano a quien necesita o agachamos la cabeza y seguimos adelante? que se rasque con sus uñas, es un vicioso, sus niños no tiene qué comer, es un vicioso ¿a poco voy a mantener al vicioso? ¿no te mueven a compasión los niños, los que están pasando hambre, no te mueven a compasión? También ese vicioso ¿no te mueve a compasión? Ha caído, tienes que levantarlo, tienes que ser el samaritano, está hundido en vicios, está en el fango, está tirado. ¿Por qué no eres un samaritano? ¿vas a pasar de largo? ¿no lo vas a mirar con los ojos del corazón? Lo estás mirando con los ojos que tienes aquí, en tu cara, y estás haciendo un juicio… “es un sinvergüenza, es un irresponsable, ah ¿y lo voy a ayudar?”… Es tu prójimo, es tu prójimo, puedes hacer mucho por él.
A veces, ni siquiera nos animamos a compadecernos con el que llora, con el que está triste, con el que ha perdido las ganas de vivir. No somos capaces a veces de escuchar el dolor, la tristeza, el sufrimiento que nos puede comunicar nuestro prójimo, “no tengo tiempo, no tengo por qué escucharlo, no tengo por qué cargar con su sufrimiento, no tengo por qué cargar con su tristeza y con su desilusión, no tengo por qué, eso me va a arruinar el momento, me va a entristecer, yo tan feliz que estoy, no, mejor no lo escucho, mejor no me encuentro con él”… no fuiste capaz de mirarlo, no fuiste capaz de ser el samaritano que en ese momento necesitaba tu prójimo, tenía la necesidad de platicar con alguien y tú no abriste los oídos, te cerraste a la comunicación y, al ratito, te va a doler, tal vez te va a doler. Me pidió que me escuchara y no lo escuché y, mira lo que pasó, se quitó la vida, se quitó la vida. Antes de que se quitara la vida quería platicar conmigo, quería que yo fuera su samaritano y no quise serlo. Eso lo vas a cargar, lo vas a cargar.
A veces, a veces pensamos que es perder el tiempo. Dios te necesita, te necesita como samaritano, para escuchar, sólo para escuchar, el dolor, la desilusión, porque a veces nuestro prójimo sólo eso quiere, que alguien le escuche, que alguien le atienda para poder decir: gracias, porque me estás valorando como persona, no tienes por qué estar y, sin embargo, estás conmigo, estás conmigo, me estás dedicando una parte de tu vida, te lo agradezco, te lo agradezco, no tenía con quién platicara mi dolor, mi sufrimiento. No tenía con quién llorar y he llorado contigo.
Seamos samaritanos. ¿Qué le dijo Nuestro Señor al doctor de la ley que lo cuestionó? Le dijo, después de que Él reconoció que el samaritano fue el que se comportó como prójimo, le dijo Nuestro Señor: ve y haz tú lo mismo. Creo que nos lo dice Nuestro Señor, en este mediodía, a todos nosotros: ve y haz tú lo mismo.
Vale la pena ser samaritanos y habrá momentos en la vida en que necesitemos de un samaritano.
Pues vamos ganándonos a los samaritanos que vamos a necesitar a lo largo de la vida, no nos neguemos, no seamos insensibles ante el grito de alguien que nos pide compasión, compasión y nos lo pide en un silencio a veces.
Que Dios toque el corazón nuestro, para que sea un corazón más humano, un corazón de carne, como dice el profeta Ezequiel, voy a cambiarles el corazón de piedra por un corazón de carne.
Que tengas un corazón de carne, que seas compasivo y misericordioso, que seas un samaritano y que seas muy feliz amando a tu prójimo, para que así crezcas en el amor a Dios.
Feliz semana para todos, feliz semana, encomendémonos a la Madre de Dios.
En esta semana, pues vamos a celebrar a la Virgen del Carmen, probablemente, cuando éramos niños, nos impusieron el escapulario de la Virgen del Carmen y nuestro papá y nuestra mamá nos lo pusieron o nos llevaron para que el sacerdote nos pusiera el escapulario, porque pedían la protección de Nuestra Señora del Carmen y la Madre nos ha cuidado y nos seguirá cuidando y queremos que Ella siga pisando la cabeza de la serpiente infernal, para que no nos cause daño.
Pues vivamos esta fiesta de la Virgen del Carmen con mucha fe, con mucha gratitud a Dios. Usted sabe que toda esta fiesta de este mes en Oaxaca, es por la Virgen del Carmen, pero pues parece que ya se les olvidó, porque ahora nos interesan muchas otras cosas, pero no la Virgen del Carmen. Nos preocupa si tenemos un boleto para ir a la Guelaguetza, nos preocupa ir a la cosa esta del mezcal, del mole, de las tlayudas, de sabe cuánta cosa, aquí afuera está todo el programa para que lo lean. Allá afuera pusieron maderitas y las están utilizando para eso, para poner toda la promoción de lo que se vive en Oaxaca estos días, el santo atrio, pero no aparece la Virgen del Carmen por ningún lado, yo le busco por una esquinita, nada, nada, nada, anda y la fiesta empezó por Ella y ya no la vemos a Ella, nada de la Virgen del Carmen y yo les dije, miren, así como por equivocación, pongan una imagencita, aunque sea chiquita de la Virgen del Carmen y me dijeron que sí, y he estado revisando lo que está en los postes y eso y no está la Virgen del Carmen, no está, a ver si para el próximo año, porque para esta año ya no está – “es que ya hicimos toda la propaganda, Monseñor, se nos pasó, se nos olvidó la petición que usted hizo, discúlpenos” – y, claro, hay que disculparlos – “pero, mire, para el otro año” – bueno, a ver quién está para el otro año, pero ahora disfrutemos, mire, ahí viene ya la cosa del ruido. Todo este mes oímos música por acá por esta calle, por allá, ¿y ahora qué es? Otra calenda, otro esto, otro aquello, fiesta, fiesta y fiesta. Pues que hagan fiesta siendo buenos samaritanos, así viviremos la alegría como lo quiere el Señor.