Fernanda Cardoso
Oaxaca de Juárez, 28 de julio. El nombre de Hillary Clinton jamás había representado tanta pasión y esperanza como en esta contienda electoral. Si bien, los escándalos y los no tan acertados comentarios de la ahora candidata demócrata habían ganado ciertos enemigos, la realidad es que representa la única esperanza para los miles de latinos, musulmanes, LGBT y mujeres alrededor del mundo. Aunque cueste aceptarlo, las elecciones estadounidenses representan una parte importante para la configuración de la política exterior de muchos países.
Así pues, empieza este largo camino por la Casa Blanca y tanto Trump como Clinton bucarán ser los nuevos presidentes de la nación más poderosa del mundo. Empecemos por partes, por mucho que Estados Unidos se muestre ante el mundo como un país de libertades y oportunidades para todos, nunca antes una mujer había tenido una posibilidad real de convertirse en la primera mandataria, gracioso resulta el dato anterior cuando nos detenemos a pensar en todas las críticas que recibe Arabia Saudita por parte de nuestro vecino del norte cuando no quiere otorgar plenos derechos políticos a las mujeres.
No obstante la algarabía que pueda generar la candidatura de Clinton, es importante ponernos a reflexionar en cuanto la disparidad de ambas candidaturas. Por un lado, encontramos a Donald Trump con una serie de ideas que muchos creíamos ya superadas y que para sorpresa de propios y extraños siguen teniendo una enorme aceptación; por su parte, encontramos a Clinton que ha capitalizado toda la frustración de los sectores segregados por Trump para generar un mayor número de votos. Entonces, habrá que cuestionarnos qué discurso es más sincero, particularmente yo recuerdo a una Hillary Secretaria de Estado que elogiaba operaciones como “rápido y furioso” aunque ello representara una amenaza directa para los mexicanos que ahora tanto apoya. Al mismo tiempo, recuerdo a una Hillary aceptadora de las políticas expansionistas israelitas que afectaban directamente a los musulmanes y a los árabes que ahora tanto defiende.
La realidad es que durante cualquier campaña política las mentiras y las farsas aumentan, no obstante, yo no recuerdo alguna otra campaña presidencial en Estados Unidos que despertara tantas pasiones como las actuales. Es importante mencionar entonces que hoy por hoy los fanatismos de todo tipo siguen guiando el actuar de muchas personas alrededor del mundo, lo cual poco ha servido para fomentar un sistema internacional donde se privilegie la inclusión y el entendimiento. Si Hillary resultara ser la ganadora de la contienda tiene una obligación grande que cumplir no sólo para con el pueblo de Los Estados Unidos, sino para las miles de mujeres alrededor del mundo que han visto en su discurso una salida de la opresión y la segregación que viven no sólo en países como Butan, Irán o Yemen, sino en países tan cercanos como México, Colombia y Venezuela.
Es pues, obligación de todas las del género ( en el cual me incluyo) fomentar nuevos caminos para empoderar a más mujeres como a Hillary Clinton, con buenas ideas que buscan cada vez más una efectiva representación en la arena internacional para efectos estructurales y no a corto o mediano plazo como sería la presidencia de otra Clinton.

