CUARESMA 2026 
IV DOMINGO
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
Oaxaca de Juárez, 15 de marzo. Cuarto domingo del tiempo de Cuaresma. Muy hermosa la Palabra de Dios, que se proclama en este día domingo. El ministro viste de forma diferente a como viste todos los domingos. Sólo hay dos domingos en que usamos esta vestimenta, en un domingo del Adviento y en este domingo de Cuaresma, sólo dos domingos, no más, entonces esta va a durar muchísimo, no se usa más que dos domingos.
Es el domingo de la alegría porque estamos ya muy cercanos a vivir la fiesta de la Pascua, la fiesta central de nuestra fe, la Resurrección y nos hemos estado preparando para vivir, en la fe, ese acontecimiento del triunfo de Jesucristo sobre la muerte y sobre el pecado.
El domingo pasado, Nuestro Señor se presentaba como la fuente de Agua Viva. Nuestra Catedral estuvo cerrada, no hubo Eucaristía en esta Iglesia Catedral, pero sí hubo celebraciones en las demás Iglesias, aquí no. Por si usted faltó el domingo, pues no escuchó el Evangelio del encuentro de Jesús con la Samaritana, pero lo vivió, lo vivió el viernes pasado, en diferentes lugares de nuestra ciudad y de nuestros pueblos, porque fue el día de la Samaritana y de alguna forma recordamos ese acontecimiento en el cual Jesús se presenta como la fuente de Agua Viva, que calma nuestra sed.
Hoy, el Evangelio nos presenta a Jesús como la Luz, la Luz que nos ilumina: “Yo soy la luz del mundo. Yo he venido a dar la vista a los ciegos” y, hermosamente, el Evangelista San Juan nos habla del milagro que hizo Jesús de dar la vista a un ciego de nacimiento.
En el tiempo de Jesucristo, se cría que nacer ciego era consecuencia del pecado, tener una enfermedad era consecuencia de haber pecado. Los leprosos, los paralíticos, los mudos, los sordos, los que tenían enfermedades, pecaste. Por eso, los Apóstoles le preguntan a Nuestro Señor “¿Quién pecó para que este naciera ciego? ¿él o sus padres? ¿de quién fue el pecado?” y Nuestro Señor responde: “ni de él ni de sus padres”. Así es que, ojalá ninguno de nosotros tengamos en el pensamiento que la enfermedad que a vedes padecemos es culpa del pecado que cometimos. Eso ya pasó. Nuestro Señor dice: “ni él es culpable ni sus padres”.
Usted y yo sabemos que las enfermedades son consecuencia de que no somos perfectos, de que nuestro organismo se va desgastando y cuando no nos duele una cosa, nos duele otra y cuando vamos al médico y nos da unos medicamentos nos dice: “pues este le va a ayudar a esto y le va a curar, con la ayuda de Dios, pero también puede suceder que esto le afecte a otro órgano de su cuerpo”, así nos dice, tómese esta pastillita y ya no le va a dar el dolor, pero enseguida le va a afectar a su riñoncito, ah, entonces, pues somos imperfectos, no andemos buscando consecuencias del pecado ni andemos afirmándole a alguien “estás enfermo porque no tienes fe, pídele a Dios”, no seamos ingratos, no le carguemos la conciencia a una persona que está sufriendo, “es que si tuvieras fe ya te hubieras curado, pero no tienes fe”, pobrecito, ese hombre o esa mujer tienen fe, le hablan a Dios desde su corazón, le piden salud, le piden fortaleza y a veces llegamos nosotros y en lugar de levantarnos, de animarlos, de ilusionarlos les decimos sabe cuántas cosas que los hundimos más. “Es que no pides con fe” ¿y quién te dijo que tú sabes medir, que tú sabes entrar al corazón del otro para saber si esta orando con fe?. Cuidado. La gloria de Dios se manifiesta, pero fíjense, a mí lo que más me interesa es que veamos el proceso, el proceso que tuvo este hombre, cómo fue creciendo en su fe.
Primero dijo, cuando le cuestionaban que quién, dijo, el que llaman Jesús, hizo lodo, me lo puso en los ojos y me dijo que fuera a la piscina a lavarme y veo… el que llaman Jesús. En el segundo momento que lo cuestionan él dice: es un profeta, así dice, es un profeta y le dicen muchas cosas por haber dicho eso, por haberlo reconocido como profeta, porque decían que era un pecador. “Pues si es pecador o no es pecador, a mí me tiene sin cuidado, a mí me curó, él me sanó, él me dio la vista, es un profeta. El que llaman Jesús es un profeta y, cuando está frente a Jesús que le pregunta que si cree en el Hijo del Hombre, él responde: ¿quién es, Señor, para que yo crea, quién es? “Yo soy, el que habla contigo”. Creo, creo y dice el texto: se arrodilló y lo adoró. Va teniendo un proceso, su fe va creciendo, espero que su fe vaya creciendo también, que crezca su fe, no que disminuya, su fe no debe de disminuir, su fe tiene que ir creciendo más y más y más.
Hay muchos momentos en que somos probados, ahí, en esos momentos, hay que invocar a Dios y decirle: aumenta mi fe, aumenta mi fe, creo, Señor, aumenta mi fe.
¿Cómo está esa relación suya con Jesús? El Jesús que da la vista a los ciegos que resucita a los muertos, que hace andar a los paralíticos, que hace oír a los sordos, hablar a los mudos, ¿cómo está esa relación de usted con Él? ¿cómo lo reconoce? ¿cómo es su vivencia personal? ¿qué siente usted aquí?, no qué sabe de Él, porque usted sabe muchas cosas, su experiencia viva cómo está en su relación con Jesús, con Jesús Nuestro Salvador, Nuestro Redentor, el que dio Su vida por nosotros, el que es la luz que nos ilumina, el que es la fuente de Agua Viva, ¿cómo está? El que es el alimento que nos asegura la vida eterna y la Resurrección con Dios.
¿Su fe es grande? ¿intensa? ¿firme? ¿fuerte? O en las primeras de cambio, como decimos, se dobla, se derrumba. En los momentos en que es probado, usted deja de sentir la cercanía de Dios, el amor de Dios, la misericordia de Dios, el perdón divino.
¿Cómo está la relación con Él?
Eso es lo que nos tenemos que preguntar este domingo, necesitamos creer, necesitamos seguir siendo dichosos. No se le olvide que Nuestro Señor Resucitado, cuando se encontró con Tomás, el que dijo “yo sólo viendo y tocando voy a creer” y el Señor le dijo a Tomás, “tú crees porque me has dicho, dichosos los que creen sin haberme visto” ¿Usted es dichoso? ¿sigue siendo dichoso? Porque usted cree en el Resucitado sin haberlo visto.
Siéntase dichoso, pero no disminuya en su fe en los momentos de prueba, que los tenemos a diario. A veces cuestionamos a Dios y decimos: si de veras existieras, si de veras esto, aquello, no pasaría esto. No ponga en duda la existencia de Dios, no desconfíe, no dude. Si deveras estuvieras cerca, si deveras escucharas mis plegarias, ya me hubieras concedido, pero veo que no, no me escuchas, porque no me concedes lo que te pido. Tengo años pidiéndote y no encuentro nada.
En lugar de vivir así la congoja, mejor dígale a Nuestro Señor: hay muchos detalles en mi vida que yo no te he pedido y Tú me has dado y por todas esas cosas que me has regalado Tú sin pedírtelas a diario, en este momento quiero darte gracias, no te reclamo nada, te agradezco.
Seamos agradecidos y hablémosle a Dios con profunda fe, con profunda piedad, con seguridad. Mantengámonos firmes, llevemos nuestro proceso de ir acercándonos más y sintiendo la presencia y la acción de Dios en nuestra vida y no nos movamos en el campo de las tinieblas, movámonos en la luz, en la gracia, en la santidad.
Dios le llamó a ser un hombre de luz, sea el hombre de luz, ilumine con su luz, con sus obras, el ambiente donde usted se hace presente.
Él dice que sus obras brillen, que sus obras brillen ante los hombres, para que viendo lo que ustedes hacen den gloria al Padre, que está en los cielos.
Brille con su luz, brille con su fe, brille como un hombre de esperanza y como un hombre de amor, así vivamos.
Que en esta semana sintamos la cercanía del Señor, que está ahí para tocar, para hacer su obra en nosotros, para seguirnos alimentándonos con Su Palabra, para seguir fortaleciéndonos, porque somos débiles y frágiles y para seguir con la ilusión y la esperanza de llegar renovados a la fiesta de la Resurrección.
Encomendémonos a Nuestra Madre, la Santísima Virgen. Ella, que conoció muy bien a Su Hijo Jesucristo y que nos conoce a cada uno de nosotros, nos alcance esas gracias, para poder estar siempre cerca de Su Hijo, comprometidos con Su Hijo, para vivir en el ambiente de la luz, lejos de las tinieblas.
Dios les conserve la santidad de vida a cada uno de ustedes. Bendiciones abundantes. Que así sea.


