VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
Oaxaca de Juárez, 16 de febrero. Espero que, con espíritu de fe, estemos viviendo este momento de nuestra celebración. No nos olvidemos que la Eucaristía tiene dos momentos sumamente importantes, los dos son sumamente importantes, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia de la Eucaristía. Dios nos alimenta con Su Palabra y con Su Cuerpo y con Su Sangre.
Ojalá podamos recibir los dos alimentos: la Palabra Divina y la Eucaristía, en la Comunión. La Palabra Divina que es dirigida a cada uno de nosotros. Espero que la parte del Evangelio primera, se aplique muy bien en usted, no me gustaría, no me agrada que la segunda parte del Evangelio se aplique.
Yo quiero que usted sea pobre, sea pobre, porque así lo quiere Nuestro Señor y, en su pobreza, confiar siempre en la providencia Divina.
Al leer el texto, no nada más ahorita, sino en otros momentos, porque siempre leo la Palabra de Dios, una y otra vez, una y otra vez, para poder venir aquí a presidir la Eucaristía y veo, veo, porque he podido recorrer muchos pueblos de nuestro Oaxaca y encontrarme con personas muy, muy pobres, muy pobres. Pobres en el Espíritu y pobres económicamente hablando, que van pasando la vida apenas, van pasando la vida apenas. Mucha pobreza.
A veces, sólo tienen como alimento tortillita y unos frijolitos, tortillita y un caldito de alguna yerbita que come nuestro pueblo, en una gran pobreza. Ah, pero qué riqueza tienen de confiar en Dios, de confiar en Su Providencia.
En más de una ocasión yo le he dicho, que al ir a visitar los pueblos de nuestros hermanos, pueblos muy pobres, se acercan a mí personas, con su puño cerrado, porque ahí, en ese puño cerrado, esconden un dinerito y cuando me saludan, extienden su mano y lo dejan en la mía, y yo le digo, porque me llena de ternura y de compasión, le dijo: “usted lo necesita más, no me lo dé, no me lo dé, deje dárselo otra vez a usted” y me responden, “no, yo quiero dárselo a usted. Dios me dará a mí”. Lo dice un hombre o una mujer de grande fe y confianza en Dios, Dios me lo dará, porque Dios no se va a quedar sin bendecirme, sé que me va a bendecir y nuestros hermanos, los pobres, nos dan ejemplo de generosidad, son capaces de desprenderse, sin pensar que se van a quedar sin nada, ellos no piensan en eso, ellos sólo piensan en dar y en recibir las manifestaciones de la Providencia de Dios, Dios me recompensará.
Cuántas cosas tenemos que aprender de nuestro pueblo, ese pueblo también sufre, también llora, también es perseguido. Viven las bienaventuranzas y son felices, muy felices, a pesar de sus lágrimas, de su dolor y de su tristeza son felices ¿y quién los hace felices? Dios, el Dios que tienen en su corazón, el Dios que les hace sentir Su presencia y Su compañía, el Dios que no los abandona, el Dios que no los deja solos, porque esa es su experiencia de vida. Soy feliz porque Dios me acompaña.
En este momento de lágrimas, aquí está Dios, aquí está Dios. En este momento de sufrimiento aquí está Dios, en este momento de ser perseguido, de ser calumniado, de ser pisoteado, aquí está Dios conmigo.
Qué hermoso es mirar todo eso y aprender, aprender, aunque sea poquito de los hermanos que saben vivir las bienaventuranzas, son perseguidos, se les cometen muchas injusticias, muchas, pero ellos son fuertes, porque están con Dios y porque sienten la presencia de Dios.
No nos encerremos ninguno de nosotros, que somos discípulos de Nuestro Señor, no busquemos estar más y más ricos. No ambicionemos, no ambicionemos, porque esa ambición nos puede llevar a cometer injusticias, a robar, a robar. No dejemos que el pensamiento del mundo nos coma, porque el mundo dice que sólo vales porque tiene dinero. No tienes nada, no vales, dice el mundo.
Nuestro Señor dice lo contrario, dice lo contrario. ¿Quién tiene la verdad, Nuestro Señor o el mundo? Nuestro Señor, Nuestro Señor.
Por ahí hay unos textos de la Palabra de Dios que dicen: Señor, sólo dame lo necesario para vivir, sólo lo necesario, porque si tengo en abundancia, corro el peligro de olvidarme de Ti, de olvidarme de Ti, porque voy a poner mi seguridad en las cosas, en los bienes materiales, no la voy a poner en Ti, lo voy a poner en los bienes materiales, si tengo en abundancia y, si no tengo lo necesario para vivir puedo cometer un grave error: robar, y eso es un pecado. Por eso, sólo dame lo necesario para vivir, para que no te pierda a Ti y para que no le quite a mi hermano lo que le pertenece. Dame lo necesario.
No tengamos un corazón que ambiciona, no quiera darse a valer con el signo de pesos y no crea que es grande y poderoso porque tiene abundancia de bienes. No se deje comer por el mundo. No viva harto, como dijo el Evangelio, harto, aprenda a compartir.
A veces, tenemos harta comida en nuestra mesa y sabemos, sabemos tal vez que un familiar está pasando necesidad y tengo la mesa llena y no puedo terminarme los alimentos y los tiro, los tiro y mi hermano no tiene qué comer y yo tiro, porque ya estoy harto, ya me harté de comida, de bebida y mi hermano, mi familiar, mi amigo, mi vecino, conozco de las necesidades del compañero de trabajo y no soy capaz de desprenderme, sólo me encanta hartarme.
No, ¿cómo voy a ser feliz? Así no se puede ser feliz, viviendo harto no voy a ser feliz. Creyendo que soy poderoso no voy a ser feliz, no voy a ser feliz.
Hagámosle caso al Señor. Dichoso el hombre que confía en Dios, decía la primera lectura, pero también decía, maldito el hombre que confía en el hombre, en su poder, en esto y en aquello. No, no te olvides de Dios. Dios es el que te ha dado la vida, Dios es el que te ha ido acompañando, Dios es el que te alimenta, Dios es el que te ha dado la capacidad intelectual, Dios es el que te ha dado todo y te lo seguirá dando, no te olvide de Él y sigue confiando en Él y ese Dios te invita a pensar en los demás, pero a pensar para hacerles el bien, no para hacer otra cosa, para hacerles el bien.
Pues que Dios haya hablado a nuestro corazón este domingo y vayamos a nuestra casa felices, porque confiaos en Dios, porque sabemos que no estamos solos, que Él nos acompaña, porque sabemos que la Madre de Dios también va con nosotros, cuidándonos en esa ternura de Madre, vayamos a ser deveras los discípulos de Nuestro Señor, que saben vivir las bienaventuranzas, que son felices y que hacen felices a otros, tal y como Dios lo quiere.
Feliz semana para todos, feliz semana de vida familiar, de trabajo, de esfuerzo. Feliz semana y que Dios les llene de bendición, de Gracia, les conceda salud y les llene de salud, de gozo y de paz.
Que así sea.