Oaxaca de Juárez, 21de septiembre. El dirigente del PRI, Alejandro Moreno, ha colocado a su partido en el epicentro de la traición a México. Su felonía no tiene paralelo en la historia reciente y solo puede ser comparada con la entrega de un país a una caterva de usurpadores.
Alito no sólo fue desleal al PAN y al PRD. Deshonró compromisos que se construyeron para impedir que la nación sucumbiera ante el poder de un régimen arbitrario y despótico. La alianza “Va por México” en el Congreso fue pensada como un bloque de contención legislativa para defender el orden constitucional, la autonomía del INE e impedir la militarización del país.
Cuando los diputados del PRI votaron a favor de extender la presencia de las Fuerzas Armadas en las calles hasta 2028, redactaron el acta de defunción de su órgano político. Accedieron a ser cómplices de un régimen autocrático, que está destruyendo al país y pretende perpetuarse en el poder violentando el Estado de derecho. Los priistas de Alito operan como cómplices de un tirano.
Eso que llaman “disciplina” o “responsabilidad política”, eso que ha servido a muchos priistas para ser camaleónicos y acomodar intereses a conveniencia, hoy lo utilizan para ocultar un cobarde sometimiento que ha puesto al Revolucionario Institucional en la orilla de un abismo que difícilmente tendrá retorno en la confianza del electorado.
Paga el PRI el costo de haber llevado a la dirigencia nacional a un hombre sin principios, ni valores, sin ética, ni moral. Alguien que aceptó abrir las puertas del autoritarismo militarista a cambio de evitar la cárcel. Pocas veces la libertad de una nación y los derechos humanos de los ciudadanos ha dependido de la perfidia de un político de tan pocas dimensiones.
El traidor será traicionado una y mil veces. Esto no lo dice la Biblia, sino las reglas de la vida y la política. Alejandro Moreno cree en su inmensa soberbia que puede convertirse en el candidato de Morena a la Presidencia de la República. Está pensando en una alianza PRIMOR donde él o Alejandro Murat sean los abanderados. Alito no se da cuenta de que ya no sirve. Que para López Obrador es una pieza que ya usó y desechará, en su momento, por no ser confiable.
El campechano repite lo que dice su nuevo jefe político, que “el 80% de los mexicanos quieren al Ejército en tareas de seguridad”. Una tesis que, como todas las que se inventan en Palacio Nacional, fue confeccionada para legitimar una reforma que no resuelve, por sí sola la violencia, y sí agrega poder de fuego a las arbitrariedades del régimen.
La alianza opositora tendrá que ser pensada de otra manera, con otros actores, bajo nuevas reglas, con una visión mas amplia, ciudadana, pero sobe todo, blindándola de traidores.
