Oaxaca de Juárez, 5 de noviembre. Shri Krishna Singh nació en 1946 en Azamgarh, India, al pie del Himalaya. Gracias a una beca gubernamental ingresó en 1960 a la Escuela Hindú de Minas en Dhanbad, donde obtuvo su licenciatura con honores en Ingeniería Minera en 1964. Inmediatamente después de graduarse fue merecedor de una beca en la Universidad de Columbia, EU, donde obtuvo los grados de maestro (1969) y doctor en Ciencias de la Ingeniería (1971) en el campo de la geofísica aplicada.
En 1971 se trasladó a México en calidad de profesor visitante con financiamiento de la Organización de Estados Americanos, desde entonces se estableció definitivamente en nuestro país, obteniendo la nacionalidad mexicana en 1991.
Impartió clases de geofísica aplicada en la Facultad de Ciencias de la UNAM, no obstante, debido a la importancia del fenómeno sísmico en México, tanto desde el punto de vista científico como el de la ingeniería, hizo que su atención pronto derivara al campo de la sismología. Este cambio en su actividad académica estuvo también motivado por la escasez de sismólogos en México a principios de los años 70. Desde entonces, el doctor Singh ha estudiado prácticamente todos los aspectos de los temblores mexicanos y de otras latitudes que contribuyan a comprender el riesgo sísmico en México.
Como todos los sismólogos del país, y muchos ingenieros especializados en el área, los temblores del pasado mes de septiembre fueron su objeto de estudio con el propósito de entender mejor lo que sucedió. Si bien es un movimiento telúrico hasta cierto punto esperado y estimado por los expertos, el del pasado 19 de septiembre trajo consigo algunas sorpresas. Por ello y todas las caracteísticas explicadas por los científicos desde que ocurrió el 19-S, al igual que el sismo de 1985, lo hacen uno de “los mejores ejemplos extremos de su tipo”.
“Ambos son casos extremos en su familia en el sentido de los daños que causaron en la Ciudad de México, no había sucedido algo similar entre lo que hemos experimentado”, señala el científico en entrevista. “Sin embargo, no significa que no puedan ocurrir otros mayores”.
Después del terremoto de 1985, relata, el curso de la investigación científica cambió radicalmente, puesto que antes de éste no había muchos instrumentos, y se desconocía mucho sobre el fenómeno. “Había una gran necesidad por obtener más instrumentación y saber qué era lo que sucedía”. Pero en esta ocasión no hicieron falta datos científicos, dice Singh, y sucedió lo que “habríamos esperado de un sismo así”, excepto que…
Los sismos son capaces de generar movimientos en todas direcciones, señalan sismólogos, regularmente los que sentimos son de tipo horizontal, no obstante, hay otros verticales, muy característicos de los que ocurren dentro de la misma placa tectónica.
En los sismos con origen en las costas, estos movimientos se pueden producir, pero debido a que se generan muy lejos de la capital, se atenúa en su camino hasta aquí. No obstante, el sismo del 19 de septiembre pasado sucedió lo suficientemente cerca como para que este tipo de movimiento llegara a la ciudad y los científicos pudieran identificarlo.
“Este movimiento llegó por la cercanía, pero además ocurren a mayor profundidad. La combinación de ambas cosas hace que el componente vertical no sea despreciable y debamos tomarlo en cuenta en el diseño y construcción de estructuras”.
En la sismología, los científicos emplean continuamente el análisis de este tipo de movimiento para hacer investigación puesto que “no está tan contaminado como el efecto sísmico”. Si bien hasta ahora de detectaba con debilidad, que los edificios en la capital son más sensibles a los movimientos horizontales, eran desestimados. “Sin embargo, ahora quizá tengamos que tomarlos en cuenta debido a las mediciones registradas en el pasado temblor. No sabemos si llegará a plasmarse en los nuevos reglamentos de construcción, pero sí es una nueva inquietud que tenemos los especialistas”.
STRANGER THINGS. Aunque parece paradójico, puesto que no se pueden predecir, los sismos como el del 19-S si bien destacan por su cercanía y efectos, son del tipo que los científicos esperarían, dice el investigador de la UNAM. Pero dejando de lado el componente social y de daños causados por éstos, los temblores más interesantes para los expertos, añade, no son de esta clase, sino otros más “extraños y raros”.
“Éstos pueden no causar daños, pero nos ofrecen más pistas sobre lo que ocurre en la Tierra y su dinámica. Pueden ser pequeños o movimientos asísmicos y suceden en lugares que no esperamos, eso nos permite aprender algo nuevo”. En regiones entre la capital y Acapulco, ejemplifica, se han detectado muy pocos sismos en la parte superficial de la corteza terrestre y “uno quisiera saber por qué”. Eso permitiría entender mejor la dinámica superior de la Tierra, pero son tan pequeños que los científicos no tienen el equipo adecuado para detectarlos.
“Los sismólogos estudiamos una combinación de cosas interesantes, donde los grandes sismos no siempre dicen gran cosa sobre la dinámica terrestre; podemos esperar un sismo de magnitud 8, lo cual no es nada raro. Por otra parte, en aquellos eventos menos comunes, pero interesantes, no siempre hay conocimiento muy práctico que podemos emplear”.
— ¿Y cuál sería un movimiento de lo más raro e interesante?
—Normalmente donde hay volcanes hay temblores que tienen una profundidad de 100 kilómetros, aproximadamente, pero aquí cerca, en el Popocatépetl o el Nevado de Toluca, no ocurren este tipo de temblores, parece que desaparecen, aunque quisiéramos saber qué ocurre con seguridad. Sería interesante saber si aquí se mantiene la identidad sísmica de estos temblores, de ser así significaría que pueden ocurrir a 100 kilómetros de profundidad y que podrían generar además un gran sismo. Eso sería, por ejemplo, justo debajo del Popocatépetl, cuyo epicentro sería mucho más cerca de la Ciudad de México que cualquier otro sismo”.
