Oaxaca de Juárez, 2 de marzo. La semaglutida ha pasado de ser una herramienta exclusiva para el tratamiento de la diabetes tipo 2 a convertirse en el fármaco más solicitado a nivel global para la pérdida de peso. 
Sin embargo, este auge ha encendido las alarmas de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y de la comunidad médica internacional, debido a que su uso sin supervisión profesional —especialmente por motivos puramente estéticos— conlleva riesgos severos que afectan órganos vitales como el páncreas, los riñones y los ojos.
Este fármaco, perteneciente a la clase de los agonistas del receptor GLP-1, actúa imitando una hormona intestinal que regula el apetito y la glucosa, pero su impacto sistémico exige una evaluación clínica rigurosa previa a su administración.
De acuerdo con las guías de la FDA, la semaglutida no es un medicamento de libre acceso. Está indicada específicamente para adultos con un Índice de Masa Corporal (IMC) igual o superior a 30, o para aquellos con un IMC de 27 que padezcan al menos una enfermedad relacionada con el peso, como hipertensión o dislipidemia.
El uso fuera de estos parámetros, impulsado en gran medida por tendencias en redes sociales, incrementa la probabilidad de sufrir efectos adversos graves sin un beneficio metabólico real.
Impacto en órganos clave y efectos secundarios graves
El uso de la semaglutida se ha asociado con complicaciones que van mucho más allá de las náuseas comunes.
Investigaciones publicadas en JAMA Ophthalmology han sugerido un vínculo potencial con la neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica (NAION), una afección que puede derivar en la pérdida súbita de la visión por la interrupción del flujo sanguíneo al nervio óptico.
Aunque se requieren más estudios, los pacientes con factores de riesgo vascular deben ser vigilados estrechamente.
En cuanto al sistema digestivo, la pancreatitis aguda es uno de los riesgos más críticos reportados.
Esta inflamación severa del páncreas se manifiesta con un dolor abdominal intenso que se irradia hacia la espalda.
Paralelamente, la rápida pérdida de peso inducida por el fármaco puede alterar la composición de la bilis, provocando la formación de cálculos biliares (colelitiasis) e inflamación de la vesícula.
Asimismo, se han documentado casos de lesión renal aguda, principalmente causados por la deshidratación severa derivada de los efectos secundarios gastrointestinales como el vómito y la diarrea.
Advertencias sobre tiroides y salud mental
La ficha técnica del medicamento incluye una advertencia de recuadro sobre el riesgo de tumores de células C tiroideas, basada en hallazgos en modelos animales.
Por ello, está estrictamente contraindicado en personas con antecedentes de carcinoma medular de tiroides.
Además, el monitoreo de la salud mental es crucial, ya que se han reportado cambios en el estado de ánimo, ansiedad y, en casos aislados, pensamientos suicidas durante el tratamiento.
Finalmente, los expertos subrayan que la semaglutida no sustituye los hábitos de vida saludables.
Los pacientes deben seguir un plan integral de alimentación balanceada y actividad física, manteniendo una hidratación constante para proteger la función renal.
Ante síntomas como taquicardia persistente, dolor abdominal insoportable o alteraciones visuales, es fundamental buscar atención médica de urgencia de inmediato.
La seguridad del paciente depende de que este fármaco sea visto como una intervención médica seria y no como un atajo estético inofensivo.

