Oaxaca de Juárez, 28 de agosto. En México, la participación de abuelas y abuelos en la crianza de sus nietos ha cobrado mayor relevancia ante la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado, el debilitamiento de los servicios públicos de cuidado y el aumento de la esperanza de vida.
Sin embargo, detrás de esta solidaridad familiar también pueden existir desigualdades, sobrecarga y pobreza, explicó María Lucero Jiménez Guzmán, investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM.

Se trata de un fenómeno que ocurre en distintos países y se relaciona con transformaciones sociales, económicas y demográficas. Hoy, las mujeres no solo participan en el mercado laboral, sino que también asumen la mayor parte de las tareas domésticas y de cuidado.
“Aun trabajando fuera del hogar, llegas a tu casa y tienes la llamada doble o triple jornada”. Las encuestas sobre uso del tiempo muestran que las labores domésticas y de cuidado se distribuyen de manera desigual entre mujeres y hombres.
A esta situación se suma el debilitamiento de los servicios públicos de cuidado. Mientras en los llamados Estados de bienestar existían mayores apoyos institucionales, como guarderías y escuelas con horarios prolongados, la reducción de estos servicios ha trasladado una parte importante de la responsabilidad hacia las familias.
Cuando estas no pueden pagar servicios privados, los abuelos y las abuelas “entran al quite”.
Una responsabilidad que puede ser amor o necesidad
La participación de las personas mayores en la crianza de sus nietos no puede entenderse de una sola manera. Para algunas personas puede representar una experiencia gratificante y una oportunidad para establecer vínculos con las nuevas generaciones; para otras, puede convertirse en una responsabilidad impuesta por las circunstancias económicas.
“Hay mucha diversidad”, explicó la investigadora. La situación depende de factores como la condición socioeconómica, el número de hijos, la existencia de ambos progenitores y las propias condiciones y deseos de las personas mayores.
Incluso existe un fenómeno generacional interesante: mujeres que durante su vida adulta tuvieron que dedicar buena parte de su tiempo al trabajo remunerado y que no pudieron estar tan presentes en la crianza de sus hijos ahora encuentran en los nietos una oportunidad para desarrollar una vocación de crianza que antes no pudieron ejercer.
También ha aumentado la participación de los hombres mayores. Esto puede relacionarse con generaciones que cuestionaron la paternidad tradicional y buscaron establecer relaciones más cercanas con sus hijos, algo que posteriormente pueden reproducir con sus nietos.
Pero esta participación no siempre significa que la responsabilidad se haya distribuido de manera equitativa.
Cuando los abuelos nunca se jubilan del cuidado
La situación puede ser particularmente difícil para las personas mayores con menores recursos. En México, explicó la investigadora, existen personas que utilizan sus ingresos de jubilación o los apoyos económicos que reciben para sostener no solo sus propias necesidades, sino también las de las generaciones más jóvenes.
“Nunca te jubilas de la responsabilidad. Nunca tienes un tiempo para ti”, señaló. Para estos personas mayores, cuidar a los nietos puede significar continuar con una responsabilidad que comenzó desde la crianza de sus propios hijos.
El problema se vuelve todavía más complejo cuando el cuidado se asume por obligación y no por decisión. En esos casos, puede aparecer la culpa: si la abuela o el abuelo se niega a cuidar a los nietos, puede ser juzgado por la propia familia o por su entorno.
“Muchas veces manejado por la culpa, porque si no lo haces sientes culpa, porque eso se espera de ti de forma natural”, señaló.
A la vez, los nietos pueden convertirse en una fuente de compañía para personas mayores que enfrentan situaciones de soledad. Por ello, la relación entre abuelos y nietos tiene múltiples dimensiones: puede ser una experiencia de amor, solidaridad y acompañamiento, pero también puede esconder desigualdades y sobrecarga.
La familia mexicana: una red de apoyo con claroscuros
México conserva fuertes vínculos de familia extensa, una característica que permite que distintas generaciones se apoyen ante dificultades económicas, laborales o migratorias.
Sin embargo, que la familia sea una importante red de protección social no significa que todos sus integrantes tengan las mismas posibilidades de participar. “Lástima que todo cae en las mujeres”.
Por ello, es necesario fortalecer las políticas y programas dirigidos a las personas adultas mayores y, en general, construir sistemas de cuidado que no dependan exclusivamente de las familias.
Los apoyos económicos para este sector han transformado la vida de muchas mujeres, particularmente en hogares de bajos ingresos, pero resultan insuficientes frente a las necesidades de una población que envejece y que, en algunos casos, continúa sosteniendo a otras generaciones.
Debería ser una experiencia gratificante
El objetivo debería ser que cuidar a los nietos sea una posibilidad y una experiencia gratificante para quien así lo desea, no una obligación derivada de la pobreza o de la falta de alternativas.
“Si se repartiera de mejor manera entre las instituciones, la sociedad y los hombres le entraran, la vida sería distinta, mucho más cómoda para todos”, concluyó María Lucero Jiménez Guzmán.
UNAM Global
