CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA 
XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
SANTA IGLESIA CATEDRAL DE OAXACA
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
Oaxaca de Juárez, 27 de septiembre. Ojalá y la Palabra de Dios nos lleve a tener la conversión de corazón, porque no basta escuchar el mensaje divino, hay que hacerlo vida, hay que practicar lo que Dios nos pide. Hoy, nos invita Dios a que tengamos conversión, a que cambiemos de vida, a que seamos diferentes cada día, con actitudes más agradables a los ojos de Dios.
No tardemos tiempo en darle una respuesta a Dios, no pongamos plazos a la conversión, no digamos, “mañana”, porque llegará el mañana, como hablamos, y seguiremos diciendo, “mañana”, y ese mañana de conversión, nunca va a llegar no porque no tomamos la decisión, la firme decisión de dejar de hacer ciertas cosas que no debemos hacer.
A veces, tenemos arraigado tal vez un vicio y pensamos que no tenemos vicio, que nosotros no tenemos vicio. Yo, cuando quiera, dejo esto, pero nunca llega ese “cuando quiera”, no hay decisión de la voluntad, seguimos diciendo “yo no tengo vicios y en el momento que quiera, lo dejo”, pero no llega ese momento, nunca llega y seguimos afirmando “no tengo vicios, no tengo vicios”, y seguimos cayendo en el desorden, porque no tomamos la decisión de dejar.
Hoy, el Señor Jesús, en el Evangelio, reprocha, pero reproche directo, a los fariseos les reprocha sus actitudes y les pone ejemplos, les pone un ejemplo muy sencillo, el padre que tiene dos hijos. A Nuestro Señor le gusta mucho poner la figura de un padre y la figura de hijos, acuérdense de la parábola del hijo pródigo, el padre y los dos hijos, el menor le pide la herencia y el mayor se queda en casa. El menor regresa convertido y el mayor no acepta el regreso de su hermano. En esta, pone dos hijos y el padre le dice a uno, “ve a trabajar a mi viña”, la respuesta “ya voy”, pero no va. “Ve a trabajar a mi viña”, “no quiero ir”, pero se arrepiente y va.
Nuestro Señor les dice a los fariseos otro detalle, los publicanos y las prostitutas se adelantaron a ustedes en el reino de Dios, porque vino Juan El Bautista, predicó y los publicanos y las prostitutas escucharon ese mensaje y presentaron signos de conversión, y ustedes no creyeron, no creyeron y tampoco le creen a Jesús, tampoco le creen a Jesús, hay una dureza en el corazón, no quieren saber nada, sólo los conocimientos que ellos tienen son los que valen, lo que les digan otros, no vale; lo que les diga Jesús, no tiene razón. Están cerrados, totalmente cerrados.
¿Cómo estamos nosotros? ¿a qué hijo nos parecemos?, ¿al que dice “voy” y no va? ¿al que dice “no quiero ir” y se arrepiente?
Ni uno ni otro, en sus respuestas, no son las adecuadas. La respuesta valedera está en el trabajo en la viña, ahí, en el trabajo en la viña. Ahí es donde se responde, no aquí en los labios, se responde haciendo, y aquí preguntaría, Dios toca nuestro corazón y nos invita a tener esa conversión, pero la conversión está en lo que estamos haciendo, que ahí se demuestre que yo me estoy convirtiendo, no en el pensamiento, no en las palabras, sino en la vida real, ¿qué estoy haciendo? Esos dos hijos deberían de haber ido a trabajar y ahí, en la viña, se hacía verdad la invitación se su padre. Su padre los invitó, les dijo “ve a trabajar a mi viña, ve a trabajar”, no cuando tú quieras, fue un mandato. Ahí se daba la respuesta, en el trabajo. Ahí en el trabajo da tu respuesta. Ahí en la vida ordinaria da tu respuesta, no en la plática, no en la promesa, no en ese decir “ahora sí me voy a convertir”.
No hay necesidad de que lo digas, conviértete. “Voy a dejar esto que me está causando mucho problema”, no lo digas, déjalo y ahí estarás hablando, ahí se estará haciendo verdad lo que tú traes en el pensamiento. No necesitas decirlo, necesitas hacerlo, hacerlo. Hazlo y asunto arreglado.
Demuéstrale a Nuestro Señor lo que tú quieres, trabajar en su viña. ¿Cómo anda el ambiente en nuestra familia? ¿cómo anda? ¿hay armonía, hay paz, hay comprensión, hay respeto, hay generosidad? ¿hay signos de amor, hay misericordia? Esa es la viña, esa es la primera viña en donde tú y yo tenemos que trabajar en nuestra casa.
Trabaja en mi viña, dice Nuestro Señor. Aquí están personas que necesitan de tu paciencia, que necesitan de tu caridad, de tu comprensión, de tu voz, de que les escuches. Necesitan que les animes, que les ilusiones, que les llenes de esperanza. Necesitan sentir que ellos valen y tú tienes que hacer todo eso, esa es la viña en la cual tienes que trabajar, y saliendo de esa pequeña viña, que es tu familia, te vas a algo más amplio, tu comunidad o tu centro de trabajo y ahí Dios te pide: “ven a trabajar en mi viña”, y aquí hay unos compañeros que necesitan de tu comprensión, que necesitan que les mires con caridad, con respeto, que les hables sin ofenderlos, sin herirlos, sin maltratarlos, porque tú estás enfrente de esa empresa o esa oficina, esa es la viña donde tú trabajas, ahí te quiere Dios trabajando con actitudes muy humanas y muy de hijo de Dios. Realízate como persona, realízate según tu vocación, vive la alegría de ser lo que eres, disfrutando, pero que los demás también disfruten de lo que tú haces y de cómo lo haces.
No cierres tu corazón, no le cierres el corazón a nadie, “con este sí, con aquel no”, así no se vale, eso no es conversión, eso no es trabajar en la viña.
Trabajemos, ve a trabar a mi viña, ve a hacerme presente, tú, como hijo de Dios y como discípulo de Nuestro Señor, que estás marcado con el signo de cristiano, tu ambiente tiene que ser un ambiente de alegría, de paz, de gozo, de presencia de Dios y tú tienes que ser ese signo de la presencia de Dios, tus actitudes, tus comportamientos, tu forma de vivir va a decirle a ellos cómo vive un hijo de Dios, cómo trabaja un hijo de Dios en esa viña, porque todos somos trabajadores de la viña del Señor.
Hoy, tenemos que decirle a Nuestro Señor que no queremos tener las actitudes de un fariseo, queremos tener las actitudes de alguien que abre su corazón y se convierte, que hace verdad el mensaje divino. No queremos aparentar lo que no somos, sino queremos decirle a Nuestro Señor, con la vida diaria, esto somos y esto queremos seguir siendo, tus hijos, que saben trabajar con alegría y gozo en esa viña en la que Tú me has enviado a trabajar.
Disfrutemos esta semana y que también la disfruten los que viven con nosotros, los que trabajan con nosotros, que la disfruten. Que Dios haya tocado nuestro corazón y que nosotros tengamos esa apertura. Demos signos de conversión y como les dije, no en el pensamiento, en la vida diaria, en lo que hacemos a diario.
Bendiciones para todos en esta semana, que Dios los siga acompañando y los siga llenando de su bendición y de su gracia.
Que Nuestra Madre, la que supo responder siempre a Dios, nos alcance gracias para que nuestra respuesta como hijos, al ser enviados a trabajar en la viña, demostremos nuestra respuesta trabajando en la viña. Que ninguno de nosotros diga “voy”, o “no voy”, que ninguno de nosotros haga eso, que ninguno de nosotros quiera engañar a Dios, porque no lo podemos engañar, que le digamos en el trabajo “aquí estoy, Señor y quiero trabajar en tu viña y estoy trabajando en tu viña, donde Tú me has pedido que trabaje”, según su vocación, trabaje como esposo, esposa, como padres de familia, como hijos, como hermanos, como amigos, como compañeros de trabajo, pero trabajemos y alegremos a los demás con nuestra presencia.
Que así sea.
