Oaxaca de Juárez, 3 de agosto. La marcha del “Orgullo Gay” se vio opacada la semana pasada en Israel por un ataque homofóbico cometido contra seis asistentes a la misma. El crimen cometido por un judío ortodoxo, desencadenaría una serie de delitos calificados como “de odio” sobre los cuales el Primer Ministro Israelí, Benjamín Netanyahu, califica de indignantes e intolerables.
Luego de la noticia de que una de las asistentes afectadas hubiera fallecido a causa de la agresión cometida en su contra, sale a la luz una noticia de un bebé palestino quemado vivo en Cisjordania. Lamentablemente para Israel los delitos de odio no son ajenos para ellos, no sólo haciendo referencia al holocausto cometido en su contra, sino también por los miles de crímenes de guerra que se le han imputado a Israel en contra del pueblo palestino.
Hoy en día nos sorprendemos con noticias alarmistas sobre el terrorismo y sus atrocidades sin pensar que en muchos casos los principales promotores de generar odio en contra del “otro” (en palabras de Edward Said) somos nosotros mismos. El crimen en contra de homosexuales o en contra de un bebé de otra religión es igualmente condenable, pero más importante es aún reconocer que este tipo de delitos no conocen de connacionales, de edad o religión.
Por tanto, ¿cuándo nos detendremos a pensar que estos delitos atentan no sólo contra musulmanes, homosexuales o mujeres, sino contra toda una especie? Los crímenes acontecidos en Israel son sólo una clara muestra de las consecuencias que genera el educar bajo la sombra del odio y del resentimiento.
Netanyahu hace todo lo posible porque lo cometido contra el bebé en Cisjordania no derive en una oleada de violencia, sin pensar que la violencia ha transformado la mentalidad de varias generaciones de judíos y palestinos. Lamentablemente en la actualidad no hay una teoría en la arena internacional ni tampoco una política pública que mitigue las amenazas que estos delitos tienen sobre las poblaciones, lo que sí es importante reconocer es que el odio atenta contra todos y todos somos tan culpables como víctimas de este tipo de crímenes y perversiones.
