La Crónica
Oaxaca de Juárez, 3 de febrero. Más de 15 millones de pesos fueron gastados el año pasado para remozar edificios o monumentos históricos dañados por vándalos filtrados en marchas y plantones en el DF, Oaxaca, Morelia, Chilpancingo e Iguala.
El monto sólo considera afectaciones por pintas, graffitis, pegotes, impactos y quemas parciales, y no por destrucción o incendio total de edificios, como los palacios municipales de Iguala y Chilpancingo, cuyo restablecimiento costará alrededor de 25 millones de pesos, sin incluir mobiliario ni la pérdida de inversiones recientes.
En la capital guerrerense se habían destinado más de 20 millones de pesos para remodelar la Plaza Cívica y edificios vernáculos en el centro histórico, en el marco del bicentenario del Primer Congreso de Anáhuac de septiembre de 1813 -convocado por Morelos y el cual significó la primera asamblea política mexicana libre de la corona española—. Hoy gana el deterioro.
El perjuicio pues también se mide en pesos.
Los actos violentos tras una sola megamarcha pueden provocar daños al patrimonio histórico de una ciudad por una cantidad que oscila entre 250 mil y 400 mil pesos.
“En la manifestación en la cual se atacó el mayor número de edificios patrimoniales, la Coordinación del Centro Histórico estimó los daños en más de 300 mil pesos, porque no fueron pintarrajeadas fachadas de cal sino de cantera”, reveló Alfonso Guerrero, presidente de la Asociación de Vecinos del Centro Histórico de Morelia.
“Es el graffiti, pero sobre todo el trabajo que implica quitarlo. Hay material que se pierde al intentar eliminar la pintura, además del mantenimiento. Destinamos cerca de 50 millones de pesos anuales para proyectos específicos e investigación”, apuntó Valerie Magar, Coordinadora Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural de México, en el INAH.
Según Ilan Vit, jefe de maestría en la Escuela Nacional de Restauración y Conservación del propio instituto, “el problema del patrimonio es que la mayoría está hecho de piedra o mármol, que no son inmortales: cuando les avientas un spray de laca o esmalte se filtra hasta el poro y limpiarlo se vuelve un reto técnico. Los productos que penetran al mismo nivel son muy agresivos y van quedando sombras, lo que llamamos fantasmas”.
—¿Entonces los daños pueden ser irreversibles?
—Tal vez se pueden revertir, la pregunta es a qué costo. ¿Cuánto costaría limpiar un metro cuadrado de piedra? Hablamos de entre 3 y 7 mil pesos. Para limpiar un mármol de 200 años de antigüedad en una ciudad contaminada debes pulir, retirar la capa y traer a la superficie la parte más vulnerable de la piedra. Son decenas de miles de pesos.
—¿Y todos los materiales se consiguen?
—En muchos lugares se sabe de qué cerro salió la cantera, pero cuando pongo una pieza nueva junto a una piedra que lleva siglos a la intemperie, jamás se verá igual. Y entonces surgen las voces críticas: que el monumento ya perdió su presencia estética, su autenticidad o fue falsificado. A veces es imposible obtener ciertos azulejos, mosaicos o recubrimientos, como el de terracota, o yesos moldeados o tallados, porque los oficios ya se perdieron.
INVASIÓN. Según el Instituto del Patrimonio Cultural de Oaxaca se desembolsaron el año pasado cerca de 50 mil pesos para revertir el daño a los templos de Santo Domingo de Guzmán y Nuestra Señora de las Nieves. Y se requieren más de 120 mil para borrar los rastros de ultraje en la Catedral, el Templo de la Soledad -patrona de los oaxaqueños- y el Templo de San Felipe Neri, pródigo en retablos churriguerescos y donde se casó Benito Juárez con doña Margarita Maza.
“El problema se duplica cuando se graffitea una puerta de madera antigua, un ventanal o un marco”, refirió la arquitecta Verónica Arredondo, Directora del Centro Histórico de la capital oaxaqueña.
En ciudades invadidas por vándalos se conformaron ya cuadrillas especiales para limpiar o restituir monumentos históricos: la del Distrito Federal es integrada por más de 100 personas capacitadas en limpieza sobre piedra, pintura en aplanados y remoción de pintas a través de materiales autorizados por el INAH.
“Nos mantenemos siempre en la retaguardia de las protestas, lejos de la acción. Cuando hay policías, corretizas o golpes sólo esperamos luz verde de seguridad pública. Nuestros materiales pueden ser utilizados por los agresores, ¿qué harían con garrafas de thinner? Han usado contenedores de basura incendiados con bombas molotov como arietes en contra de policías”, describió Ricardo Jaral, Coordinador de Conservación del Espacio Público de la Autoridad del Centro Histórico.
La cuadrilla capitalina ha llegado a emplear en una sola irrupción de anarquistas más de 400 litros de thinner, 300 litros de pintura y 50 kilos de estopa.
Al final de la historia, no hay recurso que alcance para reparar todas las averías ni quitar todas las manchas… Al desembolso debe sumarse el costo de los insumos, el salario de brigadistas y las horas hombre: según el nivel de daños, la limpieza o restauración puede durar desde cuatro o cinco horas hasta un mes o más.
“Una pinta de unos 6 u 8 metros de largo nos puede llevar tres semanas de trabajo meticuloso, dependiendo de la piedra y su deterioro. Oaxaca, por ejemplo, se construyó principalmente con cantera verde de la región, de un color hermoso y resistencia aceptable, pero a diferencia de las piedras basálticas, muy porosa, de ahí a que los trabajos deben ser muy especializados”, narró Jorge Valencia, director del Inpac.
OBSTÁCULOS. Un escollo adicional es que la mayoría de los monumentos históricos son de propiedad privada: en la ciudad de México cerca del 95 por ciento.
“Según las leyes federales la conservación es responsabilidad de los propietarios, pero aducen que no tienen recursos o argumentan que son daños de terceros, piden la colaboración del gobierno. Cuando rehabilitamos una fachada, les dejamos material autorizado por el INAH y le decimos: nos ayuda mucho que si alguien raya, salga usted y pinte”, acotó Inti Muñoz, director del Fideicomiso del Centro Histórico del DF.
Aunque cualquier daño del patrimonio por eventos naturales o ataques intencionales activa un seguro de protección a bienes culturales contratado por el INAH, se desconoce cuánto ha cobrado el instituto por ese rubro.
Y las cifras van y vienen… Según la Cámara Nacional de Comercio, los daños por pintas y vandalismo en edificios no catalogados como históricos y otros negocios ascendieron en 2014 a 27.5 millones de pesos.
“Estamos ante una gran envestida contra el patrimonio y los paisajes de las ciudades –alertó Esperanza Ramírez, presidenta de la asociación Morelia: Patrimonio de la Humanidad-, por la evidente barbarie, el agravio a la historia y los saldos financieros…”.
