La Jornada
México, DF. Francisco Toledo es un hombre reservado que huye de los reflectores, pero aun contra su voluntad, hace meses que no deja de ser noticia por diversas circunstancias. El motivo más reciente son sus próximos 75 años, que se cumplen el 17 de julio, por lo que hoy en el Palacio de Bellas Artes de México se abordará su relación con la literatura.
Toledo (1940), indígena zapoteco, es considerado el artista vivo más importante de México y uno de los más destacados en América Latina. Además de escultor, grabador y pintor, es un incansable mecenas, activista, promotor cultural y coleccionista.
Sus festejos son solo en privado con la familia, los amigos, nunca en público, dicen quienes le conocen. Para no romper la costumbre de evitar homenajes o entrevistas tampoco asistirá hoy al evento “Toledo y los libros”.
En él los participantes analizarán su labor como editor y creador al que han inspirado autores como Jorge Luis Borges, Esopo, Franz Kafka y José Emilio Pacheco. Además, ha publicado e ilustrado libros con relatos de la tradición oral mixteca y zapoteca “para que no se pierdan”.
“No es un homenaje, es solo una mesa (redonda) en donde los participantes hablaremos de su vida como editor”, explicó la poetisa e hija del artista, Natalia Toledo, en su cuenta de Facebook.
Francisco Benjamín López Toledo nació y vive en Oaxaca, la mágica y colorida tierra donde creció. Pasó sus primeros años en Minatitlán, Veracruz, y culminó su formación artística en París.
Desde pequeño comenzó a impregnarse de leyendas, cuentos, mitos y otras fantasías de la rica cultura indígena de Oaxaca que, como él mismo ha contado, luego transformaba en dibujos que inundaron los muros de su hogar hasta no dejar uno libre.
Años después quedarían plasmados en la original obra que ha expuesto en Japón, Estados Unidos, Europa y Sudamérica. Dos de sus trabajos más renombrados fueron las colecciones “Informe para una academia”, inspirada en la obra de Kafka, y Zoología fantástica, basada en textos de Borges.
Además de la variedad técnica y material, calidad y destreza de la producción plástica de Toledo, algo que destaca Carmen Gómez del Campo, autora del libro Miradas a Francisco Toledo es que al artista oaxaqueño “sabe reconocer nuestra animalidad, el animal que habita en los humanos”.
Su apego a las tradiciones, al mundo prehispánico, su defensa del patrimonio cultural y los derechos humanos lo han llevado a encabezar manifestaciones o actividades artísticas como protesta.
En 2002 fue un duro opositor a la construcción de una franquicia de comida en el centro histórico de Oaxaca, ciudad patrimonio cultural de la humanidad. Recientemente promovió una bienal de carteles con los rostros de los 43 estudiantes desaparecidos de la escuela rural de Ayotzinapa “porque nunca se debe olvidar”, según sus palabras.
“Cuando el sector intelectual en México permanece callado, la de Toledo es una de las pocas voces que se levanta”, dijo a Dpa Carmen Gómez del Campo, investigadora del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap).
Sus acciones también le han ganado detractores. Hace unas semanas fue agredido por desconocidos durante la defensa simbólica y pacífica del Cerro Fortín, donde se busca construir un centro cultural. En 2010 sufrió acoso por un problema de tierras en el sitio que aloja el Centro de las Artes de San Agustín Etla, uno de sus grandes proyectos.
Luego de que sus cuentas bancarias fueran intervenidas en 2014 por no pagar impuestos, en enero pasado Toledo legó al gobierno mexicano el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca y el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, creados por su propia iniciativa y que resguardan 125 mil obras de arte, producto de más de medio siglo de trabajo del polifacético artista.
