XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA 
Oaxaca de Juárez, 26 de octubre. Si usted estuvo atento, atenta a la escucha de la Palabra, quiero que de nuevo se convenza de que Dios escucha su ruego, escucha su oración si es pronunciada con humildad de corazón. Así tenemos que hablarle a Dios, con humildad, y tenemos que dejar nuestra plegaria en Él, no le podemos exigir a Dios que haga lo que nosotros queremos. Expresamos necesidades, expresamos situaciones que vamos viviendo le platicamos a Dios nuestras experiencias de vida y las dejamos en Él, pero no quiera condicionar a Dios.
A veces, le hacemos promesas, porque le pedimos que nos conceda algo y no cumplimos la promesa, porque el Señor no nos ha concedido lo que le pedimos. Usted cumpla su promesa y Dios, en su momento, hará lo que más le conviene a usted.
Dios no miente, escucha atento las necesidades de sus hijos, de eso hay que estar convencidos, de que nos escucha, de que nos atiende, de que nos concede.
Nosotros a veces le pedimos y le pedimos y le pedimos y sólo decimos, no nos lo concede, no nos lo concede, no nos lo concede, pero no nos ponemos a pensar cuánto nos concede Dios sin que se lo pidamos, sin que se lo pidamos, nos lo concede y, todo eso que nos va concediendo Dios es porque realmente es lo que necesitamos, venido de Su mano providente, no le pedimos que nos llene de alegría, que nos llene de paz, que nos llene de gozo, que nos llene de paciencia. Le pedimos a veces sólo cosas, cosas y Dios nos va concediendo lo que esta persona nuestra necesita, pero hay que aprender a leer la obra de Dios en nosotros, para que podamos ser agradecidos.
Al inicio de la misa, usted y yo nos reconocimos pecadores, bendito sea Dios que no nos domina el orgullo y la soberbia, que no hemos venido a encontrarnos con Dios para presumirle lo que nosotros somos de buenos, le dijimos al inicio: por mi culpa, por mi culpa, por mi grande culpa. Reconocimos nuestro pecado, reconocimos nuestras miserias, nuestras debilidades y le pedimos perdón.
Que siempre nuestra petición de perdón sea sincera, sincera y arrepentidos y dolidos, nos esforcemos por mejorar en la vida, no sólo expresemos: perdóname… hagamos lo que el Señor quiere que hagamos. Le pido perdón de lo que no hice bien, Dios me perdona, dedícate a hacer las cosas bien, como Dios las quiere, como son agradables a sus ojos, como Él lo espera, para que no pierdas la paz, para que no pierdas la armonía, para que no pierdas la buena relación con Dios, contigo mismo y con los demás y, a la vez, alégrate, porque ahí a tu lado hay muchas personas que han venido a celebrar la Eucaristía como tú, alégrate. Yo me alegro por su presencia, porque han venido a encontrarse con Dios, no miremos a nuestro alrededor y digamos: ¿por qué está ese señor aquí, si es un sinvergüenza, un descarado? Mira, aquí está… ¿Y tú eres muy santo? Tú eres muy santo… sólo el pecador es aquel, tú no has pecado. No venimos aquí a hacer juicios de los demás, porque todos los que estamos en torno a esta mesa somos pecadores, empezando por mí, soy pecador y usted también tiene que decir: soy pecador, no merezco estar aquí, pero Dios quiere que esté.
No vengamos a presumirle a Dios lo bueno que somos. Ante Su presencia, Él es el único bueno, Él es el perfecto, usted y yo somos pecadores. ¿Qué le podemos presumir a Dios? A Dios no se le presume, a Dios se le agradece. Si algo bueno hay en mí, te lo agradezco, Señor, porque Tú has hecho Tu obra en mí, Tú eres el que me mueve a las acciones que te agradan. Tú eres el que toca mi corazón y mis sentimientos para que yo me dedique a hacer el bien. Tú eres el que hace una obra en mí. Gracias por ello pero, a la vez, ten misericordia de mis debilidades, de mis defectos, de mis pecados y ayúdame a superarme cada día. Así nos tenemos que presentar ante Dios.
Sea humilde, sea sencillo, nunca pensemos que somos perfectos, porque estaremos engañados, no somos perfectos. Nunca nos creamos tan buenos, porque el bueno es sólo Dios.
No nos olvidemos de nuestro ser de pecadores y no condenemos y no juzguemos a los demás, nos lo pide Nuestro Señor en el Evangelio, no juzgues y no serás juzgado, no condenes y no serás condenado. Alégrate porque ha venido el que tú a veces piensas que es un gran pecador, dile a Nuestro Señor: bendito seas, Señor, que has tocado mi corazón y el de mi hermano y por eso estamos aquí, por eso estamos aquí, para recibir Tu gracia, para experimentar Tu amor, Tu misericordia y Tu perdón.
Seamos humildes y sencillos ante los ojos de Dios y ante nuestros hermanos.
¿Qué tienes tú que no hayas recibido de Dios? ¿Qué presumes? Todo lo has recibido de Dios, ¿qué presumes? ¿quieres presumir tu inteligencias, tus capacidades? ¿Quién te dio la inteligencia? Dios ¿para humillar a los demás, para despreciarlos? Para eso no te la dio, te la dio para explotar todo lo que tú eres y ponerlo al servicio de los demás, no para ignorar, no para humillar, no para despreciar. Todo lo hemos recibido de Dios y también quiero decir, me alegra mucho saber que todos estos grupos y movimientos que hoy han venido como peregrinos, a ganar la indulgencia, como movimientos marianos, les quiero decir, gracias, gracias porque han despertado en su corazón y en el corazón de los demás un amor a Dios, un amor a la Madre de Dios.
Qué hermoso es encontrarnos con grandes servidores en la Iglesia, de ustedes, personas humildes y sencillas, que buscan siempre agradar a Dios con sus obras y que cuando se les invita a prestar un servicio, ustedes lo hacen con inmensa alegría, con inmenso gozo, sin esperar nada a cambio. Soy testigo de su entrega, de su amor a la Iglesia, de su servicio, soy testigo. Soy beneficiado de su oración, porque usted siempre reza por su Obispo y sólo tengo palabras de agradecimiento. Gracias por rezar por mí, gracias. Gracias por mirar con tanta ternura y tanto amor. Gracias porque lo siento cerca, siempre cerca. Gracias porque en ustedes Dios hace maravillas y por eso esa expresión de Nuestro Señor: te doy gracias Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Gracias porque ustedes, en su caminar, descubren las maravillas de Dios en su persona y en su alrededor y contagian de su alegría, de su amor a Dios y su amor a la Virgen la contagian a otras personas y, a la vez les dicen, te voy a tener en mi oración, en mi humilde oración, me voy a acordar de ti cuando yo alabe y bendiga a Dios en mi oración. Gracias por vivir la comunión, como movimientos laicales. Gracias porque se alegran que hayan otros que pertenecen a otros movimientos. Gracias porque no expresan que el de ustedes es lo máximo. No, aquí Dios me llama a servir y Dios llama a mi hermano, a mi hermana, a servir en otro movimiento, pero son movimientos laicales y de Iglesia. Muchas gracias.
Gracias porque se dejan guiar y conducir por el Vicario de movimientos laicales, el padre Juan Antonio, gracias. La presencia del Obispo está en él, cuando les encomienda algo, cuando los reúne, ahí está la presencia del Obispo en el Vicario de movimientos laicales. Él me platica la humildad, la sencillez, la entrega, lo trabajadores que son en su movimiento, las preocupaciones que ustedes tienen y que juntan en su oración para pedirle a Dios que las cosas mejores. Gracias por pedir paz en nuestros pueblos, en nuestras familias, en nuestros barrios y ciudades, muchas gracias.
Gracias por tener en su corazón a Nuestro Señor y por tener en su corazón a la Madre de Dios, felicidades, me alegro, sigan con esa entrega, con ese espíritu, les necesitamos, aunque sean criticados o criticadas, “viejas beatas”, les han de decir, “viejillas” o “viejillos”, que no tienen otro qué hacer más que estar ahí, cantando, sí son criticadas y criticados, pero al Señor le criticaron y Él mismo dijo que nos iban a perseguir, a calumniar por Su causa, por Su causa, no se me desanimen, si nos critican es porque estamos haciendo algo bueno, porque si estuviéramos haciendo algo malo nos estarían aplaudiendo, “bravo, es de los nuestros, es como nosotros” pero cuando se hace algo bueno, el enemigo ahí está, tirando piedras, acusaciones, difamaciones, ahí está el enemigo. Que no les venza el enemigo, que no diga: “no, ya mejor no vengo, porque tanta crítica”… ah, pero eso sí les digo, que no salga de ustedes, eh, que no salga de ustedes, que no se dediquen a criticar a los otros y que no se dediquen a criticar a sus integrantes, adentro de casa está la maldad, no, no, no, no, eso sí no.
Gracias por todo, gracias, gracias padre, gracias padre. Su presencia es un signo de que ustedes acompañan estos movimientos de una forma o de otra, muchas gracias, sean felices en lo que hacen, sean felices viendo felices a ellos, déjense contagiar por el amor a Dios y por el amor a la Madre de Dios por nuestros hermanos, que con humildad y sencillez viven, también nosotros debemos vivir así, humildes y sencillos, porque así hará Dios Su obra. Muchas gracias. Dios los cuide y proteja. Gracias.
Que podamos vivir esta semana que viene llenos de gozo y alegría por toda la obra de Dios, no nos espantemos que al final de la semana vamos a tener mucha gente en la ciudad, nosotros les estamos diciendo que vengan, estamos adornando todas las tiendas y calles para que vengan, porque vamos a recordar a nuestros hermanos que peregrinaron por este mundo y que ya se fueron para siempre y somos muy visitados en la fiesta de los santos y de los fieles difuntos, somos muy visitados. Ojalá y usted no olvide a sus difuntos, no nada más les haga un altarcito y les ponga mole y arroz y mezcalito y cervecita, porque eso es lo que veo yo que ponen en sus altares, que lo que le gustaba al que ya se murió y ahí ponen la foto, no nada más haga eso, oiga, ore, ore y piense en la vida eterna y piense que usted tiene que llegar a la vida eterna con Dios.
Disfrutemos lo que hacemos, disfrutemos todos estos acontecimientos que vivimos en Oaxaca y todo con humildad y sencillez de corazón.
Que así sea.

