CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA 
Oaxaca de Juárez, 2 de noviembre. Espero que Dios, en este momento, nos llene de esperanza. Les recuerdo que estamos en el Santuario de Gracia, con motivo del Jubileo Ordinario que se celebra en toda la Iglesia Universal. Nuestra Catedral de la ciudad de Oaxaca es Santuario de Gracia y el lema de este Jubileo es “Peregrinos de Esperanza”. Por este mundo somos peregrinos y nuestra esperanza es conquistar el cielo, ganarnos el cielo, porque esa es la meta final de todos los hijos de Dios.
Usted tiene que llegar al cielo, porque el infierno es para el diablo y sus ángeles, para el diablo y sus ángeles, para el diablo y sus servidores, no para usted.
Usted es un hijo de Dios, es un servidor de Dios. Su lugar es el cielo, no el infierno. Nunca se olvide de eso. Debo de ganarme el cielo y voy a llegar al cielo con la ayuda de Dios y poniendo todo lo que esté de mi parte para irlo logrando.
Hoy, la Iglesia recuerda a todos los difuntos, pero no solamente hoy ora por los difuntos, la Iglesia ora todos los días por los seres difuntos y si usted va a la misa todos los días, todos los días va a escuchar, como lo escuchará hoy, que hay un momento, en la oración eucarística que pronuncia el sacerdote, que ora por los difuntos. Todos los días oramos por los difuntos, pero hoy, de una forma especial, nos unimos en oración para decirle a Dios que conceda el descanso eterno a los que ya murieron.
Tengamos en cuenta lo siguiente, usted y yo nos movemos en el tiempo, en el tiempo, Dios se mueve en la eternidad. En Dios no hay tiempo, en los que vivimos en este mundo sí hay tiempo y, por eso, hablamos de un pasado, de un presente y de un futuro.
Dios no tiene pasado ni tiene futuro, Dios sólo tiene presente y mi oración, mi oración por los que ya se fueron, es dirigida al que tiene sólo presente, sólo presente. Usted y yo, cuando recordamos a nuestros difuntos decimos, hace diez, quince, veinte años que murió mi papá, que murió mi mamá, que murió mi hermano, que murió el hijo, que murió la esposa, el esposo… hablamos de tiempo, hablamos de tiempo, lo medimos en años y nosotros mismos nos preguntamos así ¿cuánto hace que murió tu papá? ¿desde cuánto que murió tu papá, tu mamá?, así hablamos. En la oración nos dirigimos al que sólo tiene presente y le estoy hablando al que ha llamado a la eternidad a mi ser querido. Es como si en este momento estuviera muriendo papá, mamá, hermano, hijo, amigo, porque le hablo a Dios, le hablo a Dios y le digo: misericordia, porque el ser querido que ya se fue, ya no puede hacer nada por su salvación, pero yo sí puedo hacer algo por él y ahí es donde está el poder de la oración: “dale, Señor, el descanso eterno, dale el descanso eterno, llévalo a vivir Contigo, olvida para siempre sus pecados, no tomes en cuenta las acciones malas que haya cometido a lo largo de la vida. Sólo toma en cuenta sus buenas obras”.
Así oramos, así nos dirigimos a Dios, le pedimos eternidad en paz con Él, eternidad en paz con Él. No se canse de orar por sus seres queridos difuntos, no se canse. Habrá personas que en algún momento le digan, por tanta oración que usted hace, que le digan: “ya déjalo descansar en paz”, no se crea de eso, yo lo que quiero es que esté en paz y mi oración es así, que descanse en paz, se lo digo hoy y mañana y pasado y todos los días y en los diferentes momentos que llega el recuerdo yo le digo a Dios, que esté Contigo, que sea feliz Contigo. No se canse de hacer esa oración y hace un momentito, cuando íbamos a iniciar la misa le decía, ni usted ni yo sabemos dónde están, le decimos a Dios que queremos que estén en el cielo, y por eso es nuestra oración, Dios es el que sabe en dónde está. Si mi ser amado necesita de mi oración, Dios es el que distribuye la Gracia. Si mi ser querido ya no necesita de mi oración, Dios sigue distribuyendo la gracia a quien la necesite. Por eso, usted no deje de orar por el papá, porque nos sabe dónde está y cómo está, no deje de orar, que Dios distribuya la Gracia, así déjela y viva creyendo en la vida eterna.
Un día dijo Nuestro Señor: Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre si no es por Mí. La verdad, Nuestro Señor nos reveló una vida eterna y Nuestro Señor nos prometió una resurrección. Usted va a tener un cuerpo glorificado como el de Jesucristo. La resurrección es obra de Dios, no es obra suya, es de Dios.
Lo que sí es obra suya es que resucite para la vida, que resucite para la vida. Esa es obra suya. Gánese el cielo, Dios lo va a resucitar, que lo resucite para que viva en paz con Él en la Eternidad. Trabaje para ello ¿y cómo se gana el cielo?, usted sabe cómo se gana el cielo, viva haciendo el bien, no se dedique a hacer maldades, no se dañe, no pierda la amistad con Dios, no sea un desordenado en la vida, y aliméntese y asegure la vida eterna y la resurrección con Dios.
“El que come mi Carne y bebe mi Sangre”, nos dijo hace un momento Nuestro Señor en el Evangelio, “tiene vida y vida eterna y Yo le voy a resucitar el último día”. Si no comes, no tienes vida. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Viva con Dios, no sin Dios.
Viva agradando a Dios con sus obras, para que haga feliz a todas las personas con las que usted vive, alégrese, porque la vida no termina con la muerte, ahí se inicia la vida eterna, la vida eterna, la que nunca terminará. Así es que trabaje para ganarse la vida eterna, vale la pena. Vale la pena tener a Dios, llenarse de Dios y llegar a Dios y siga recordando a sus seres queridos que ya murieron.
También quisiera decirles, espero no herir a nadie ni molestar a nadie, pero quisiera decir algo. Los que vivimos en Oaxaca, hablamos de usos y costumbres y hablamos de tradiciones, usos y costumbres y tradiciones. Yo quiero que usted se pregunte, las vivencias que se tienen en nuestro tiempo ¿las tuvieron los que iniciaron los usos y costumbres y las tradiciones? Pregúntese, ¿lo que se vive hoy, con relación a los difuntos, así lo vivián nuestros abuelos, así lo vivían nuestros bisabuelos, así comenzaron a vivirlo los antepasados nuestros?
Ya los vi a ustedes que movían su cabecita y me decían, “no, así no, así no”. Entonces, ¿qué hemos hecho de nuestras tradiciones que decimos hay que seguirlas cuidando, que no se acaben nuestras tradiciones, ¿cómo las estamos cuidando?, y no empecemos a buscar culpables, ¿cómo las cuidamos?, ¿cómo las cuida usted y cómo la cuido yo?, porque es muy fácil decir: “los que organizan todo esto son las autoridades”, no, no, no, espéreme tantito, no aviente culpables, no aviente culpables. Ellos organizan, tal vez, pero ¿quién se hace presente? Usted, usted. Yo puedo organizar algo y si no se hacen presentes, pues no hay nada. Entonces, aquí está el programa de lo que vamos a hacer en estos días y ahí va usted, a hacerse presente, si no va en el desfilito, está en la banquetita, mirando, mirando, divirtiéndose y los que van en el desfilito, divirtiéndose también y decimos: por nuestros muertitos. Ándele, diviértase con los muertitos
¿Qué pasó?, ¿por qué hemos perdido lo que vivían nuestros abuelos, nuestros bisabuelos, por qué lo perdimos?
Hay algunas cosas que decimos, “es usos y costumbres” y lo defendemos, y son tradiciones y las defendemos. Yo no me cansaré de decir y lo vuelvo a decir ahorita, en el famoso mes de julio que celebramos las famosas guelaguetzas, nacieron por la festividad de la Virgen del Carmen, por eso nacieron, por la festividad de la Virgen del Carmen y he dicho, todos esos anuncios que ponen en los postes, en los edificios, les digo, si nació por la Virgen del Carmen, ¿por qué no pones una imagen, aunque sea pequeña, diciendo que nació esto por la Virgen del Carmen? ¿qué te haces? y luego dicen, “es que somos estado laico”, ah, somos estado laico y vamos a la Guelaguetza, ¿y qué se presenta? Las festividades religiosas que han vivido nuestros pueblos hasta el día de hoy en algunos lugares, las festividades religiosas y ahí se acaba el estado laico.
¿Qué se hace si ponen una imagencita de la Virgen del Carmen? y lo he dicho todos los años y busco en todos los carteles y no veo nada de la Virgencita, veo muchas otras cosas, pero no eso.
Algo está pasando, algo se ha desvirtuado y nos toca a nosotros enderezar, enderezar este rumbo, a usted y a mí y a todo mundo, a todo mundo.
Si alguien se sintió ofendido, perdón, no era mi intención y les diré otra vez lo que siempre he dicho aquí, lo que hablo aquí es lo que quiere Dios que hable y como lo digo, así quiere Dios que lo diga. Punto. Lo quiso Dios, lo hablé, así lo hablé porque así lo quiso Dios, no por otra cosa.
Sé que durante la semana me andarán buscando, sí, lo sé, así es que, si esto sirve para que no me busquen, pues para que ya, me andarán buscando, ¿por qué dijo esto? ¿qué piensa usted? Y me cuestionan y me buscan y me buscan. Ya lo dije, ya lo dije. No voy a decir cosas distintas, ya lo dije, ahí queda, que cada quien agarre su parte, punto, no te angusties por ello, no te mortifiques, lo importante es nuestra oración, no otras cosas. Orar por nuestros seres difuntos.
Tenemos que llegar al cielo, que todo lo que hagamos nos lleve al cielo. Que usted escuche, al final de la vida: “ven, bendito de Mi Padre”, trabaje para ello, “ven Bendito de Mi Padre”, que ninguno de ustedes vaya a escuchar: “Id, maldito al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles”. Nada, eso no, “ven Bendito de Mi Padre”. Sea usted, diario, una bendición para el hermano, para el prójimo, sea siempre una bendición.
Que así sea.

