Oaxaca de Juárez, 2 octubre
MILENIO CIRO GÓMEZ LEYVA LA HISTORIA EN BREVEEl lunes comenzará a circular, por fin, la edición Latinoamérica de octubre de la revista Esquire. Por fin, pues desde el 18 de septiembre, un adelanto del reportaje central ha provocado una reacción en cadena que perfila marcar un antes y un después en la historia del Ejército mexicano. Así.
Bien se sabe ya que el reportaje, escrito por Pablo Ferri Tórtola, desvela que el 30 de junio en Tlatlaya, Estado de México, los soldados masacraron a 22 de personas, lo que lanza al basurero los comunicados oficiales del Ejército y el gobierno de Eruviel Ávila.
Sistemáticamente desde 1997, he sido enemigo declarado de los trabajos que se sustentan en fuentes anónimas. No es el caso del texto de Ferri Tórtola, quien por comprensible decoro, cambia los nombres de sus fuentes, perfectamente identificables: Julia es la mamá de Érika Gómez González, la niña de 15 años ejecutada en la bodega de Tlatlaya; Juan y David, los hermanos de Érika; Juan, el padre; laseñora Juana, la abuela.
Es impecable la reconstrucción. Y tan valiosas como el testimonio de la ejecución son la descripción del 102 Batallón de Infantería del Ejército, una suerte de Tiger Force mexicano infiltrado por los criminales, y la narración sobre el reinado de un capo, El Señor Pescado, en la región Arcelia-Tlatlaya.
A partir del lunes, Esquire entregará al periodismo otro trabajo de excepción en sus 80 años de vida. Uno que termina así: “Julia recordó el último cumpleaños de Érika, que celebraron en el restauranteRomario de Arcelia. Como si fuera un buen recuerdo, como algo que iba a recordar para siempre, Julia nos dijo que a Érika le gustaban las mojarras fritas”.
Felicidades.
CARLOS MARÍN EL ASALTO A LA RAZÓNLa matanza que hoy se recuerda fue resultado de la cerrazón de un gobierno incapaz de reconocer la legitimidad del movimiento estudiantil, surgido a consecuencia de la brutal represión, y sin la menor voluntad para satisfacer siquiera una de seis peticiones lógicas: libertad a los presos políticos, destitución de un par de jefes policiacos y uno de sus lugartenientes, extinción del cuerpo de granaderos (hasta en salones de clases correteaban, madreaban y detenían a maestros, alumnos y a quien se les cruzara), derogación del criminal delito de “disolución social”, indemnizaciones por los muertos y heridos que resultaron a partir del 26 de julio, y el deslindamiento de responsabilidades por los actos de represión y vandalismo a manos de policías y militares.
En el México de entonces, literalmente, se jugaba la vida quien se atreviera a pintar una consigna en la calle.
Gracias al movimiento del 68, el México de ahora es tan distinto que hasta los partidos de oposición celebran el diálogo público de antier entre Osorio Chong y el estudiantado politécnico.
EXCÉLSIOR JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ RAZONESDice Albert Einstein que “el inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos”. La crisis es la que ofrece la oportunidad de cambiar. Por supuesto que ante una crisis no es lo mismo tener una salida que una solución. Las salidas son coyunturales, permiten transitar la crisis, la solución es detectar las causas y resolverlas.
Esta semana parecía ser una semana profundamente crítica para el gobierno federal. El caso Tlatlaya resultaba evidente que crecería y tenía que tener respuesta. La situación en Guerrero, una vez más, se salía de cauce ante la increíble ausencia de las autoridades locales. En el Senado, la mala operación política de la presidencia de la cámara en la convocatoria del foro sobre federalismo amenazaba con convertir un evento pensado para la unidad, en un factor de ruptura. La intempestiva aprobación de cambios en los estatutos y programas de estudio del Politécnico Nacional, puso en unas pocas horas al gobierno federal ante el fantasma de una huelga en el IPN, casi copiada de la que se produjo en la UNAM en 1999.
Ha sorprendido, para bien, la velocidad con que el gobierno federal le ha encontrado salidas a todas estas crisis. En el caso Tlatlaya, primero la Sedena decidió aplicar la justicia militar a siete soldados y un oficial. Pero el martes, en una acción aún más destacable, la PGR dio a conocer los resultados de su investigación, aceptó la posibilidad de las ejecuciones y anunció que tres elementos militares serán juzgados por esos hechos por la justicia civil. Esa es la salida, pero la solución es otorgarle a las Fuerzas Armadas un andamiaje jurídico adecuado para cumplir su labor. Los legisladores han avanzado en el tema del fuero civil y el militar para los integrantes de las Fuerzas Armadas, pero siguen sin aprobar leyes claras que les den a los militares certeza jurídica plena y marco normativo para cumplir con sus tareas (hasta hoy irremplazables) para garantizar la seguridad interior.
En Guerrero, el presidente Peña fue contundente al reclamarle al gobierno del estado que asuma sus responsabilidades. Fue necesario que el Presidente cancelara una gira a la entidad y realizara ese fuerte reclamo para que apareciera (¡casi cuatro días después de los hechos!) el gobernador Ángel Aguirre a tratar de dar una explicación de lo sucedido. Y para colmo cayó en contradicciones con su procurador, Iñaki Blanco: mientras el gobernador aseguraba que los jóvenes desaparecidos, hasta ahora 44, podrían estar todos escondidos, el procurador aceptaba que en los videos se ve que camionetas policiales se llevan a varios de ellos. Mientras el gobernador afirmaba que ningún policía participó en el ataque al autobús del equipo de futbol Avispones, el procurador informaba que por lo menos tres policías participaron en ese ataque y que accionaron sus armas reglamentarias. Al mismo tiempo, el alcalde de Iguala,José Luis Abarca, pidió licencia y será consignado, mucho después de que se insistiera una y otra vez, y se ignorara sistemáticamente, su relación con el cártel de Guerreros Unidos. La salida ha sido rápida: el gobierno federal se ha desmarcado del estatal, exige responsables, será detenido el edil y los policías. Pero la solución pasa por retomar el control de unas instituciones estatales en las cuales la justicia simplemente es inexistente y la impunidad una norma. No sé si hay tiempo para una intervención federal mayor pero el descontrol en ese estado es evidente.
Lo que hizo el secretario de Gobernación, Miguel ÁngelOsorio Chong, ante los estudiantes del Politécnico es políticamente notable. Se apersonó ante los manifestantes, aceptó la legitimidad de la movilización, leyó el pliego petitorio (que no es lo mismo que aceptarlo, hay puntos muy controvertidos en el mismo, pero los puso en la mesa de debates) y dará el viernes una respuesta. Si la política está hecha de gestos, el de salir a la calle, enfrentar y aceptar a los manifestantes e iniciar un diálogo con ellos es un gesto inédito. Poco antes, en la mañana, en el Senado, el secretario de Gobernación había reemplazado al presidente Peña en el acto sobre federalismo, donde no participó el PAN. Una decisión acertada que evitó que el Presidente quedara en medio de un conflicto que no era suyo. Son grandes salidas que logró Osorio en ambas crisis, sobre todo en la del Poli, pero la solución será más lenta: hay que reformar la institución sin perderla, la directora YoloxóchitlBustamante tendrá que dejar ese cargo y habrá que pensar, es una decisión plena de claroscuros, si, como se demanda, la salida es la autonomía del IPN. Y pensar también dónde estuvo la SEP en todo este proceso: no se supo nada de ella ni del secretario Emilio Chuayffet ni del subsecretarioRodolfo Tuirán.
LA JORNADA JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ ASTILLEROEl apresamiento de El H es políticamente muy oportuno, pues el heredero del cártel del crimen organizado que encabezó su hermano Arturo (acribillado por marinos en diciembre de 2009 en Cuernavaca y luego cubierto de billetes como muestra de desprecio y burla) tuvo como uno de sus lugartenientes a Alberto Pineda Villa, hermano de María de los Ángeles Pineda Villa, esposa de José Luis Abarca Velázquez, el presidente municipal de Iguala (con licencia por 30 días), la ciudad guerrerense donde policías municipales bajo mando del narcotráfico, y civiles que operan como escuadrones de la muerte, dispararon contra normalistas rurales, futbolistas y ciudadanos en general, dejando seis muertos, varios heridos y decenas de desaparecidos, varios de ellos, tal vez una veintena, secuestrados por agentes policiacos que los subieron a patrullas oficiales.
Alberto ( El Borrado) y su hermano Mario ( El MP) fueron asesinados en septiembre del mismo 2009 en una purga ordenada por el propio Arturo Beltrán Leyva. Actualmente, uno de los bandos desperdigados de aquel gran cártel es encabezado por Salomón Pineda Villa,El Molón, hermano menor de la esposa del alcalde de Iguala. Los Guerreros Unidos habrían sido alertados de que normalistas rurales podrían afectar el informe de labores que rendía dicha esposa, y de ahí pudo desprenderse la orden de arremeter salvajemente contra camiones que transportaran a jóvenes. Ahora que el gobernador de Guerrero, el marcadamente ineficaz Ángel Aguirre Rivero, ha ofrecido un millón de pesos a quien aporte datos que lleven a conocer el destino de los estudiantes secuestrados, tal vez se tope con novedades y revelaciones dadas a la administración federal por el antes mencionado H, punta de la pirámide del poder criminal que gobierna en esa entidad y en Morelos (con otro personaje de ‘‘izquierda’’, el también emproblemado Graco Ramírez).
Movimientos escenográficos son la detención táctica de El H; el armado de una averiguación previa estatal contra el alcalde de Iguala, que ya está ‘‘ilocalizable’’; las confesiones lastimeras del gobernador Ángel Aguirre Rivero, que a última hora reconoce que las policías guerrerenses están controladas por el crimen organizado, y los aspavientos del PRD nacional, que con el niño ahogado pretende tapar el pozo de las complicidades promoviendo la expulsión del mencionado alcalde igualteco. En Iguala, como en otras partes de Guerrero, se han desatendido institucionalmente las fundadas denuncias respecto de actos represivos contra movimientos y líderes opositores y, en especial, el funcionamiento de virtuales escuadrones de la muerte formados por policías de civil y miembros de loscárteles regionales.
Miguel Ángel Osorio Chong (MAO) no es buen actor. A pesar de la preparación evidente que tuvo su debut como protagonista estelar de un cuidado y selectivo teatro callejero, y de la benevolencia acompasada de la mayoría de los ‘‘críticos’’ especializados, su presentación en una obra politécnica de presunto final feliz lo exhibió como un sobreactuado declamador de parlamentos mal aprendidos, con errores verbales que evidenciaron los montajes previos y con una ansiedad resolutoria (una versión sin botas de los 15 minutos famosos que un accidente de la política solicitaba años atrás desde Los Pinos para ‘‘solucionar’’ el tema zapatista chiapaneco) que delataba tramas acordadas.
El presunto relámpago hidalguense, que doctoralmente habría dado cátedra de política democrática ante masas juveniles, en un lance sedicentemente sorpresivo, señalaría al paso (diría algún filósofo y lingüista de la televisión comercial que ‘‘sin querer queriendo’’) que un día antes se había reunido con algunos de los jóvenes que participan en la protesta politécnica. El salto a la calle, según eso impulsivo, fue siendo preparado teatralmente por un hidalguense al que urgía notificar ante la multitud que ya había hecho renunciar a Yoloxóchitl Bustamante y que daría marcha atrás a los pedimentos de más fácil solución (lo referente a los planes de estudio y el reglamento interno), pero que, al mismo tiempo, pedía tiempo para los puntos más difíciles.
Los entretelones de este encuentro público tan celebrado por televisoras y medios aliados al poder (en Televisa, la benevolencia informativa puntualizó que Osorio Chong llegó y se despidió de los jóvenes entre aplausos) forman parte de la dinámica natural de un movimiento sin liderazgos consolidados y con presencia de grupos políticos identificados con el priísmo (todo intento de organización crítica en el IPN ha sido confrontada violentamente de inmediato por los porros clásicos, que ahora no se manifestaron).
A fin de cuentas, lo importante será la postura que este viernes asuman los politécnicos ante las respuestas preparadas por Osorio Chong. El régimen peñista está encarrerado en busca de utilizar a este movimiento para simular aperturas democráticas y establecer diferencias perdurables entre protestas ‘‘sanas’’ y las que no lo son. Los jóvenes del IPN deberán aceptar las respuestas positivas a sus demandas y mantener a salvo la integridad y continuidad de su movimiento. ¡Hasta mañana!
Twitter: @julioastillero