Oaxaca de Juárez, 7 de octubre
MILENIO CARLOS MARÍN EL ASALTO A LA RAZÓNEn El asalto… de MILENIO Tv, René Bejarano, líder de Izquierda Democrática Nacional (solo detrás de la predominante Nueva Izquierda del PRD), hizo un relato que azora:
Desde hace más de un año, el alcalde de Iguala, José Luis Abarca Velázquez, fue señalado por un sobreviviente (ante notario y este año ante el MP guerrerense) de asesinar con tiros de escopeta (en la cara y el pecho) al dirigente de la agrupación Unidad Popular, Arturo Hernández Cardona, de ordenar la muerte de dos más y de torturar a otros de la misma organización.
El profesor Bejarano denunció esos hechos (hoy cobran mayor verosimilitud) en congresos partidistas y ante las autoridades estatales y federales; promovió un par de resoluciones del Senado para que al alcalde se le hiciera marcaje personal, pero de nada sirvió.
Alguien debe responder: ¿por qué el hoy fugado Abarca Velázquez continuaba en funciones y mandaba sobre sus venales policías el viernes y el sábado, hace diez días cuando ocurrieron los asesinatos y desapariciones de normalistas de Ayotzinapa?
CIRO GÓMEZ LEYVA
EL ASLATO A LA RAZÓN
Por más entrevistas que conceda, hay una secuencia de preguntas que el gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, no logrará responder:
*¿No estaba enterado de lo que pasaba en la zona de Iguala?
* Si no lo estaba, ¿qué entiende por gobernar un estado?
* Si lo estaba, ¿por qué no desactivó una situación inaceptable que podía explotar, como lo hizo la noche del 26 de septiembre?
La respuesta tiene un nombre: negligencia. O irresponsabilidad, si se prefiere. Aguirre, como otros gobernadores, asume que hay grupos criminales que es mejor no enfrentar. Aplica el criterio complaciente de no golpear el panal para que las avispas no salgan furiosas. Y confía en la suerte. Solo que esta vez la tiranía de la contingencia le jugó una muy fea.
Los hechos y la secuela del 26 de septiembre colmaron la paciencia del gobierno del presidente Peña Nieto. Todo es inaceptable: las policías penetradas, los funcionarios al servicio de los criminales, los desaparecidos, las mentiras y explicaciones absurdas.
Sobre el escritorio del Presidente se colocaron opciones severas para imponer el orden en el norte de Guerrero. Eso implicaba marginar al gobernador Aguirre. Pero ayer, el Presidente le perdonó la vida y le ofreció el modelo Calderón: aquí tienes a las fuerzas federales para que te rescaten.
Quizá sea lo más inteligente y funcione. Y quizá Aguirre se salve, levante la cara e incluso se proclame triunfador. Sin meter las manos, sin arriesgar nada.
Algunos lo llaman habilidad política. Yo lo llamo perversidad.
EXCÉLSIOR JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ RAZONESTiene toda la razón el presidente Peña Nieto al decir que está “profundamente indignado y consternado ante la información que ha venido dándose” sobre el secuestro y, aparentemente, el asesinato de 43 normalistas de Ayotzinapa. También en demandar que (con el gabinete de seguridad federal) “tomemos acciones y participemos en lo que permita el debido esclarecimiento de los hechos, encontrar a los responsables y aplicar de manera estricta la ley a estos hechos… (porque) en el estado de derecho no cabe el más mínimo resquicio para la impunidad”.
Es lo menos que se puede pedir al ejecutivo federal: el secuestro y presunto asesinato de 43 personas a manos de fuerzas de seguridad no puede pasar desapercibido para las autoridades. Pero en esto debe haber también otro tipo de responsabilidades incluyendo la política. Hace 18 años,Ángel Heladio Aguirre llegó al gobierno de Guerrero como consecuencia de la matanza de Aguas Blancas. Luego de varios meses de haber negado los hechos, el gobernadorRubén Figueroa tuvo que renunciar a su cargo cuando el periodista Ricardo Rocha difundió videos que demostraban que se trató de una matanza, no de un enfrentamiento iniciado por los campesinos. Llegó al gobierno Ángel Aguirre, quien era entonces el presidente estatal del PRI, un funcionario cercanísimo a Figueroa. Pasaron los años, Aguirre fue diputado y senador por el PRI, y quiso ser nuevamente candidato a gobernador por ese partido. Le dijeron que no, en parte por su pasado, pero, se convirtió en candidato del PRD sin haber militado un sólo día de su vida en la izquierda. Una izquierda que ahora, a diferencia de Tlatelolco o Aguas Blancas, dice que el gobernador no es responsable de nada de lo sucedido en Iguala.
Ayer se esperaba que el presidente Peña Nieto fuera aún más contundente en su mensaje sobre Iguala en Palacio Nacional. No sé si podía exigirle al gobernador que por lo menos pidiera licencia mientras se realizan las investigaciones, pero sí que se designara una fiscalía especial o una intervención en toda la línea de las fuerzas de seguridad estatales, profundamente penetradas por el narcotráfico y los grupos criminales. Pero en esa vía hay que leer el mensaje.
¿Por qué tendría que pedir licencia Aguirre Rivero? Primero, por una elemental congruencia. No estamos ante un hecho menor: 43 estudiantes secuestrados por policías locales en connivencia con delincuentes, trasladados en vehículos oficiales, siete muertos y por lo menos 25 heridos.
El presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca, es un personaje muy cercano al gobernador Aguirre, también llegado de última hora al PRD como el mandatario y que fue muy influyente en su campaña. Desde siempre se supo que uno de sus cuñados fue Alberto Pineda Villa El Borrado, hermano de su esposa María de los Ángeles Pineda Villa, uno de los jefes de los Beltrán Leyva en Guerrero, y su otro cuñado es Salomón Pineda El Molón, que estuvo preso en Tamaulipas y fue puesto en libertad apenas el año pasado. Las autoridades afirman que Salomón Pineda es el actual jefe de Los Guerreros Unidos en Iguala. Si el presidente municipal es cuñado de los dos principales líderes del crimen organizado en esa misma ciudad ¿usted lo apoyaría para ese cargo?, ¿no le pondría especial atención a su desempeño?, ¿ no le pediría que rindiera cuentas?, ¿no tendría por lo menos que pasar algún control de confianza?. Nada de eso se hizo con Abarca.
Las primeras versiones oficiales trataron de hablar, como en Aguas Blancas, de un enfrentamiento o de ataques de los normalistas. Hay videos que muestran que no fue así: los policías municipales llegaron con un objetivo claro, dispararon y se llevaron en patrullas y camionetas oficiales a los jóvenes. Uno de ellos, un joven apodado El Chilango, apareció desollado al día siguiente.
A pesar de esos testimonios y del cadáver encontrado, lo primero que decidió el gobierno estatal, fue realizar una búsqueda casa por casa en Iguala porque se mantuvo la tesis de que los estudiantes estaban escondidos, cuando se sabía que se los habían llevado los policías. Casi una semana se perdió con la ridícula búsqueda casa por casa, hasta que uno de los policías detenidos habló de las fosas comunes.
El gobernador Aguirre, por cierto, tardó poco más de 72 horas en hacer su primera aparición pública después de los hechos y 24 horas más para que se tomaran medidas contra el alcalde de Iguala, lo que le dio tiempo más que suficiente para huir. Al momento de escribir estas líneas el alcaldeAbarca no ha sido, aún, desaforado.
Tampoco estamos hablando de hechos aislados. Apenas el fin de semana se registraron siete muertes en Acapulco, incluyendo una madre y su hija, ambas maestras y todavía no se resolvía el asesinato del secretario general del PAN ocurrido al día siguiente de los hechos de Iguala. Hay que tomarle la palabra al presidente: en el estado de derecho “no cabe el más mínimo resquicio para la impunidad”.
Mientras tanto, el gobierno federal ha decidido la virtual intervención en Guerrero. El Ejército se hace cargo del control territorial; la Marina, de las ciudades costeras, y la Gendarmería sustituye a policías locales en toda la zona de Iguala. La PGR, de la investigación. La política irá, en estos días, por otra vertiente.
LA JORNADA JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ ASTILLEROFue un mensaje impreciso, vacuo, con tufo de improvisación o atasque en arreglos políticos de última hora, a pesar de que de entrada EPN dijo que deseaba ‘‘fijar una posición muy clara’’ respecto a ‘‘los muy lamentables hechos de violencia de los que ha conocido la sociedad mexicana en el municipio de Iguala’’. Éste y otros entrecomillados anteriores se han insertado aquí para mostrar que EPN no quiso mencionar las cosas por su nombre, utilizando fraseos evasivos, sin puntualizar que los ‘‘jóvenes estudiantes’’ eran normalistas rurales ni que la ‘‘información que ha venido dándose’’ se refiere específicamente a masacres, constriñendo los ‘‘hechos’’ a afectaciones y violaciones, como si en la Suiza mexicana algunos ‘‘chavos’’ (como se ha referido el secretario Osorio Chong a otros jóvenes estudiantes, los del Poli) hubiesen sufrido ciertos agravios procesales o determinadas maniobras de fuerza contrarias a ‘‘sus derechos’’. La cereza oscura de esta videograbación fue el señalamiento de que no habrá ‘‘el más mínimo resquicio para la impunidad’’, palabras estas que equivalen a mencionar la soga de la niña Paulette, y el resquicio de su colchón, en la casa de los secuestrados, torturados, desollados (en algunos casos) y calcinados.
El comunicado peñista (que pareció urgido de reinstalar a aquel vocero de Los Pinos, Rubén Aguilar, que solía salir al frente para explicar a los medios lo que ‘‘había querido decir el Presidente’’) tuvo como consecuencias específicas, posteriormente anunciadas, el envío de Gendarmería federal a Iguala, diez días después de los hechos que han causado conmoción nacional e internacional, y la designación de Jesús Murillo Karam, titular de la PGR, como ominoso comisionado peñista para retomar las indagaciones y precisar responsabilidades.
Sugiere jaloneos cupulares y entendimientos no alcanzados el hecho de que EPN no hubiera expresado puntualmente esas acciones (la Gendarmería y JMK, que horas más tarde le fueron comunicadas a AAR (Ángel Aguirre Rivero) por Osorio Chong vía telefónica), y que hubiera preferido fórmulas genéricas al informar que la administración federal asumiría las funciones que le corresponden (lo cual no necesita ser proclamado en grabación específica en Palacio Nacional). Como si esta vez no tuviera libreto en firme en el tradicional teleprompter o por las circunstancias hubiera tenido que improvisar, el mexiquense mandó como verdadero mensaje el de la inseguridad política.
Como telón de fondo estuvo a lo largo del día la versión de que Ángel Aguirre Rivero estaría por recibir instrucciones superiores de presentar una solicitud de licencia por tiempo indefinido a la gubernatura de Guerrero, o que le sería nombrado un comisionado en forma, al estilo Michoacán. Carlos Navarrete, a quien la crisis guerrerense ha llevado con inesperada rapidez a mostrarse atado al esquema chuchista de intereses y complicidades que según eso estaría decidido a reformar, dijo con Carmen Aristegui que ‘‘cuando hay toda una ofensiva diciendo, una demanda generalizada, que se vaya el gobernador (Ángel Aguirre), yo digo, no me opondría, si se va junto con Eruviel y se va junto con el gobernador de Tamaulipas’’. No me defiendas, Navarrete, tal vez haya respingado algún atribulado político en Chilpancingo.
El propio Aguirre Rivero aceptó la posibilidad de irse del cargo, al ser entrevistado por Joaquín López Dóriga: ‘‘Pues mira, yo lo que respondo es que si mi renuncia ayuda a resolver el problema, no tengo ningún inconveniente en irme, ¿sí? Desde luego, yo sí quiero dejar muy en claro y ser muy tajante: vámonos a toda la investigación. Es un asunto de responsabilidad de lo que está pasando; obviamente yo tengo que asumir plenamente lo que a mí me corresponde, y obviamente yo soy el primero en decir que yo me someto al escrutinio de la población y me someto a las instituciones a las que me deba de someter’’ ( ).
Para defender la plaza bajo acoso, el sol azteca realizará hoy una efectista sesión plenaria en Iguala, con sus diputados, senadores y directivos nacionales, mientras Aguirre mostraba en Twitter un talante casi… guerrero. ‘‘Yo no voy a detenerme, el gobierno seguirá marchando, los programas seguirán continuando, no nos vamos a detener’’, decía en un tuiteo. En otros: ‘‘Aquí está Aguirre, y Aguirre no se raja’’. ‘‘Aquí estoy, y seguiré en mis giras de trabajo. Nadie nos va a parar y vamos a seguir con todo acabando con la delincuencia en Guerrero’’.
Recuérdese que días atrás Peña Nieto, en el contexto de Iguala, exigió que gobernadores cumplieran con sus obligaciones, y que el año entrante habrá elecciones de gobernador en Guerrero, y Los Pinos pareciera empeñado en recuperar expresamente esa posición. Atrás quedó 2009, en que Aguirre tuvo a EPN como padrino en sus bodas de plata, o 2010, en que, siendo senador priísta, hizo un jolgorio por sus 54 años de edad en el que declaró que ‘‘la fiesta es una ratificación de amigos, es la ratificación y el refrendo de la amistad que me une con Enrique Peña Nieto. No es la primera vez que él acude a una celebración de este tipo, estuvo en mi cumpleaños en la ciudad de México hace tres años; además, hace un poquito más de un año estuvo acompañándome en mis bodas de plata. No es algo nuevo, casi se sigue volviendo una tradición; espero que cuando sea Presidente nos siga acompañando’’ (). ¡Hasta mañana!
Twitter: @julioastillero
