Es lógico que Napoleón Gómez Urrutia no quiera telegrafiar sus movimientos. Decía el genial Meme Garza que los viejos cuentan lo que hicieron y los pendejos lo que van a hacer. Y él no es lo uno ni lo otro.
Pero había que preguntarle si el inminente regreso a México significaría también su renuncia al liderazgo del sindicato nacional minero, después de los ocho años y medio en Canadá. Se tomó unos segundos para barnizar la respuesta con los argumentos de que son los trabajadores quienes lo mantienen en la secretaría general (“Me han reelecto seis veces por unanimidad sin estar presente”) y decirme que no, que seguirá siendo el jefe.
Era palpable su brío y buen humor en la conversación de ayer, luego de que el viernes se conociera que un Tribunal Colegiado lo absolvía penalmente de la supuesta defraudación de 55 millones de dólares en un fondo de los mineros. Sin embargo, no se animó a ofrecer una fecha de vuelta. Dijo a lo más que trabajará dos o tres semanas en Canadá con sus abogados, y que a partir de esas sesiones tomarán la decisión. Enfatizó, eso sí, que vendrá y residirá en la Ciudad de México.
Y como para prefigurar los años que esperan al sector cuando esté en el territorio nacional, Napoleón fue despiadado con Grupo México, “causante en los ríos de Sonora del peor desastre ecológico en la historia de la minería”.
Nadie le devolverá los ocho años y medio en el exilio, está claro. Pero si alguien pensó que el exilio lo derrotaría, eliminaría, fracasó. No solo eso: por lo visto, Napoleón regresará a tambor batiente.
EXCÉLSIOR JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ RAZONESSi mal no recuerdo, eran los últimos días de julio de 2002 y estaba en el despacho del secretario de Gobernación, Santiago Creel a la espera de una entrevista programada días antes, cuando el propio Creel, se acercó a decirme que el presidente Fox había decidido cancelar la construcción del nuevo aeropuerto, luego de casi un año de conflictos ininterrumpidos provocados por el llamado Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, relacionados con grupos partidarios muy radicales, desde el EZLN hasta los derivados del EPR, que se habían opuesto desde el primer día a esa obra.
Recuerdo que platicando con Creel coincidimos en que sería un durísimo golpe político para la administración Fox. Pero nunca imaginé la magnitud que ese golpe tendría para el primer gobierno federal de alternancia. Ese primero de agosto de 2002, la administración Fox quedó marcada y, en los hechos, ya no pudo avanzar en casi ninguno de sus proyectos estratégicos. Retrospectivamente, el mal manejo técnico y político fue evidente, pero, sobre todo, la incapacidad de reacción gubernamental mostró a un gobierno pasmado ante los hechos.
Un año antes, el 22 de octubre de 2001, el presidente Fox había anunciado la ampliación del aeropuerto y decretado la expropiación de miles de hectáreas, en tres municipios, que servirían, junto con terrenos que ya eran propiedad federal, para el proyecto. Pero el proceso fue muy desaseado en muchos ámbitos. Se había decidido pagar apenas 7.20 por metro cuadrado y cerca del doble en tierras de riego, sin negociar y sin consultar con las comunidades y ejidos. Es verdad que muchas de esas tierras eran improductivas, pero se hablaba de un proyecto que tendría, se dijo entonces, hasta 300 mil millones de pesos de utilidades.
Muchas de esas comunidades terminaron aceptándolo, sobre todo cuando más tarde, ya al calor de las manifestaciones, decidieron aumentar las indemnizaciones, pero en la agenda de los entonces llamados macheteros de Atenco, los integrantes del FPDT, que encabezaba Ignacio del Valle, no había espacio para la negociación: desde el 23 de octubre de 2001 se sucedieron las manifestaciones, cada una más violenta, que incluyeron muchos de los artificios (cohetones, machetes, violencia desmedida de los manifestantes, secuestro de funcionarios) que estamos viendo hoy en distintas zonas del país y grupos con los mismos, o parecidos, andamiajes políticos de aquellos.
El clímax de la violencia fueron unas jornadas en las que se quemaron camiones, se cerraron autopistas, se secuestró a trabajadores de la CFE y del gobierno mexiquense, se los amarró a postes en pleno Atenco y se amenazó, frente a todos los medios de comunicación, los hechos fueron trasmitidos en vivo, con quemarlos. La situación duró horas, y no hubo intervención de la fuerza pública. La imagen que quedó fue la de un gobierno inerme ante los manifestantes.
Pero el primero de agosto de 2002 cuando se dio carpetazo al proyecto no concluyó la historia. Las manifestaciones de estos grupos y las provocaciones continuaron durante años. Hasta que entre el 3 y 4 de mayo de 2006, en pleno proceso electoral y con parte de la llamada Otra Campaña que realizaban fuerzas afines al EZLN, hubo tomas de carreteras en Texcoco y diversos enfrentamientos en Atenco, con una comunidad a su vez cada vez más dividida, que concluyó con el desalojo de los integrantes del Frente y numerosos detenidos, entre ellos Ignacio del Valle. El operativo fue encabezado por el almirante Wilfrido Robledo, en ese entonces, jefe de las fuerzas de seguridad en el Estado de México y el gobernador era un Enrique Peña Nieto que comenzaba su administración. Durante el resto de la misma, el entonces gobernadorPeña no tuvo que volver a vivir situaciones tan extremas como esas.
Casi exactamente 12 años y diez meses después que Fox, el presidentePeña presentará, mañana, oficialmente el nuevo proyecto de aeropuerto. Será casi en el mismo lugar al propuesto por el gobierno foxista, pero hay diferencias centrales: primero y principal, todas las tierras involucradas ya están en manos del gobierno federal; no hay por lo tanto conflictos agrarios de importancia pendientes; tercero, ya hubo una operación política y administrativa intensa para evitar sorpresas, esos acuerdos incluyen al gobierno capitalino (en 2001, López Obrador, no sólo no apoyó a Fox sino que alentó a los grupos de Atenco), al del Estado de México, y a muchas otras dependencias y sectores productivos y sociales. Cuarto, se irá sobre un proyecto ya definido.
Es un gran proyecto económico que involucrará unos 140 mil millones de pesos en la construcción y detonará el desarrollo de una amplia zona geográfica del Estado de México y el DF. Pero no nos engañemos, será, entre muchas otras cosas, un símbolo, una señal política, imposible de ocultar. Si hace 13 años fue muestra de debilidad ahora se buscará que lo sea de fortaleza.
LA JORNADA JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ ASTILLERONegociable Congreso de la Unión lavado, planchado y usado conforme a las necesidades de Los Pinos. Ventanilla de recepción de, entre otras cosas, los tomos que contienen las presuntas grandezas habidas durante los dos años (21 meses, en realidad) del peñismo avasallador. La entrega de ese ‘‘informe’’no la hizo el prócer sexenal, pues a punta de interrupciones, consignas, mantas, interpelaciones y otras variantes de la protesta el propio Congreso federal aprobó años atrás que no hubiera más exposición de la egregia figura presidencial a los desfiguros de las minorías vociferantes y en cambio se pudiera enviar un mensajero propio, que ayer fue el suspirante Miguel Ángel Osorio Chong.
Enrique Peña Nieto pudo haber llegado sin problema alguno a San Lázaro para entregar personalmente el texto. Es de preverse que no hubiera existido más que una ínfima franja simbólica de diputados y senadores que podrían haber intentado el desarrollo de alguna protesta que probablemente los distraídos medios de comunicación electrónica ni siquiera tomarían muy en cuenta (o ni en cuenta). La aplastante mayoría habría estado encantada con que les visitara el autor y beneficiario de las reformas que ellos aprobaron a mano alzada y ojos cerrados.
Pero Peña Nieto, como Fox y Calderón comenzaron a hacerlo durante sus gestiones, prefirió armar su fiesta particular en Palacio Nacional y allí dar a conocer lo único que no es confesa demagogia técnica del segundo Informe de labores, el famoso ‘‘mensaje político’’. Al acto privado, que se realizará hoy, estará convidada la representación legislativa, en este caso materializada por los edecanes proporcionados por el PRD a título de presidentes de las mesas directivas de las cámaras. Un Congreso mínimamente respetuoso de sí mismo protestaría y no enviaría acompañantes de lujo (Aureoles y Barbosa, en este caso) ante la descalificatoria confesión que hizo EPN ayer en su Twitter, al mencionar que hoy ‘‘rendirá cuentas a la sociedad mexicana’’, como si los tales diputados y senadores no representaran a esa sociedad. Cuando se piden debates o consultas abiertas sobre temas a discusión en las cámaras, siempre se arguye que allí están los legítimos representantes populares. EPN sabe que eso no es cierto. Por eso hoy se va a una ceremonia blindada, con las élites seleccionadas por él mismo.
El ceremonial decadente y las cataratas propagandísticas dan marco a los jaloneos en busca de reacomodos que tienen como propósito inocultable la sucesión de 2018. Parece demasiado temprano para el tema y habría de suponerse que el cesarismo reinstalado no desearía permitir tan precoces trajines. Aquí se ha planteado la hipótesis de que Peña Nieto, como su ahora distanciado icono gemelar, Carlos Salinas de Gortari, explorará las posibilidades de relección (CSG comenzó las indagaciones en SLP, tratando de que un gobernador interino lograse reformas constitucionales que le permitieran la inmediata elección directa). Peña Nieto está ávidamente dedicado a cosechar su propia siembra mediática y propagandística, con su personal operativo cuidando todos los detalles para que en cada acto sólo destaque y relumbre una figura política, la del ocupante de Los Pinos. Y la secuencia natural del discurso hasta ahora sostenido por EPN llevaría a que se pidiera al ‘‘pueblo’’ un periodo extra para que se cumplan los planes reformistas aún tiernos.
Sin embargo, la caballada tal vez no esté gorda, pero sí inquieta. Evidente y cada vez más aguda es la contienda en la delantera peñista entre el controlador político y policiaco, Miguel Ángel Osorio Chong, y el controlador económico y áulico, Luis Videgaray. No es del equipo peñista, pero sus servicios a la causa reformista desde las cámaras, en eficaz alianza con su compadre Emilio Gamboa (quien también busca un alto cargo compensatorio), colocan a Manlio Fabio Beltrones en condición indicativa de lo que puede venir. Mucho se habla de que el sonorense busca ser el próximo presidente del PRI (mientras César Camacho se encaminaría a una diputación y al control de la bancada priísta venidera), para encargarse del procesamiento de la lista de los candidatos, de las negociaciones con gobernadores, sectores y grupos y de las campañas y sus resultados, que serían muy apreciados por Los Pinos si dieran altricolor una mayoría absoluta en San Lázaro. Pero crecería demasiado en su partido un político así. Otra opción para el todavía controlador real de la Cámara de Diputados, MFB, sería la Secretaría de Gobernación, con Osorio Chong pasando a San Lázaro en plan prémium, para encarar las negociaciones respecto de los presupuestos que den viabilidad a las reformas ya habidas. Pero crecería demasiado en Bucareli un político así.
Y, mientras apenas van encontrando cuando menos un campamento de entrenamiento dezetas en Veracruz, ¡hasta mañana, con la caravana de la gendarmería extendiéndose ahora a cinco estados más!
Twitter: @julioastillero