Oaxaca de Juárez, 3 de diciembre
MILENIO CARLOS MARÍN EL ASALTO A LA RAZÓN“Parecen mejor adiestrados los anarquistas que los policías”, comentó anoche Azucena Uresti en MILENIO Tv, y quizá tenga razón: los vándalos no solo están entrenados en ponerse y quitarse rápido capuchas y en cambios radicales de apariencia y actitud, sino en lo que deben alegar si son pillados, confiados en que sortearán los escollos ministeriales o judiciales y quedar impunes.
A la Procuraduría del DF se le exigen los videos o las fotos en que se vea delinquiendo a los tres detenidos la noche del lunes (uno del IPN, dos de la UNAM), y su defensor Miguel Méndez dice haber entregado al MP imágenes donde los jóvenes aparecen “pacíficos”.
Como evidenció el caso del detenido a lo güey el viernes reciente (reconocida por él mismo su conducta ilegal), lejos de que se “criminalice la protesta”, estos depredadores suelen colarse entre manifestantes.
De los videos y fotos de actos delincuenciales, conviene recordar que si fueran requisitos únicos para la procuración y administración de justicia, nunca habría procesos ni sentencias de culpabilidad.
CIRO GÓMEZ LEYVA LA HISTORIA EN BREVEPensaba pasar de largo por el tema de las encuestas de aprobación/desaprobación del presidente Peña Nieto al cumplir dos años en el poder. Asumí que los números serían malos debido a los hechos del último bimestre, y que convenía esperar a las mediciones del primer trimestre de 2015 que, probablemente, serán más indicativas.
Cambié de opinión después de escuchar al gobernador del Estado de México. Dijo ayer Eruviel Ávila: “Es tiempo de cerrar filas por el bien de nuestro país, que todos estemos hoy más que nunca unidos en torno a nuestro Presidente de la República, porque somos muchos los que actuamos y pensamos en positivo, en forma constructiva y que queremos lo mejor para México”.
Con ese fraseo que denota nerviosismo desde la sílaba inicial, el gobernador podría estar tratando de poner en marcha el arcaico discurso de proteger al Jefe porque sí, porque es lo que se debe hacer, porque no nos queda de otra. El discurso del temor defensivo, siempre emparentado con la desesperación. Ojalá no contagie a muchos.
Una aprobación de 38 a 40 por ciento, como la que registra el presidente Peña Nieto, no es una desgracia en un país con una sociedad viva, con voto y mucha voz. A fin de cuentas, ese porcentaje representaría a los que votaron por él y no se han arrepentido.
En torno de ese 38 por ciento tal vez se tenga que mover de aquí a 2018. No es para angustiar a un Presidente que en vez de acariciar los mensajes tipo Eruviel, asuma aquello planteado por Fernando Savater:
“Nada es irremediable, salvo cuando dimiten la inteligencia y la voluntad”.
EXCÉLSIOR RAZONES JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZEra 1992 y la popularidad de George Bush llegaba casi a 90% de aceptación. Había caído el muro de Berlín, Estados Unidos tenía una indudable hegemonía global, Bush acaba de ganar la primera intervención en Irak con la Tormenta del Desiertoy se enfrentaba en las elecciones presidenciales con un desconocido gobernador de Arkansas, Bill Clinton. Pero aquel muro tenía una fisura: la economía cotidiana de los estadunidenses, a la que no llegaban los beneficios de tantos éxitos diplomáticos, bélicos y macroestructurales.
Fue cuando James Carville, el estratega de la campaña electoral de Clinton, insistió en que el candidato debía enfocarse en los temas más relacionadas con la vida cotidiana de la gente y sus necesidades más inmediatas, sobre todo en la economía del día a día. Y para mantener la campaña enfocada en un solo mensaje, Carville pegó un cartel en las oficinas centrales de Clinton con tres puntos. Decía, literalmente: cambio versus más de lo mismo; es la economía, estúpido, y no olvidar el sistema de salud. Cuando la economía cayó en el estancamiento, la frase se convirtió en el eslogan no oficial de la campaña de Clinton, el tema resultó decisivo para modificar la relación de fuerzas y derrotar a Bush.
Hoy, en nuestro caso, el tema es, nuevamente, la economía. Pero no las grandes variables macro que están, en buena medida, bajo control y desde hace ya tiempo atrás. Es la economía cotidiana, la de la gente que está viviendo muy malos momentos y todo indica que los vivirá peores.
¿Qué sucede, por qué está tan mal la economía de los mexicanos? ¿Es parte de la crisis global? No. La economía global está lejos de ser boyante y existe un decrecimiento notable, por ejemplo, en Asia, además del que vive Europa desde 2008, pero Estados Unidos se está recuperando y este año crecerá más del doble que México, cuando históricamente nuestras tasas de crecimiento habían estado uno o dos puntos por encima de las de la Unión Americana. Demostración de ello es que nuestras exportaciones no petroleras están creciendo a un muy buen ritmo y eso se percibe en la balanza de pagos. Algo similar sucede con las remesas, que están volviendo a crecer, luego de muchos retrocesos desde el inicio de la crisis.
Pero el precio del petróleo, es verdad, está cayendo. Sin embargo, el precio del crudo siempre tiene más de una lectura. Por lo pronto, los ingresos petroleros están garantizados por las coberturas compradas que garantizan cobrar hasta 70 dólares por barril (en el paquete económico está contemplado en 71 dólares). El precio más bajo del petróleo también debería garantizar precios más bajos en distintos productos, incluyendo las gasolinas. En Estados Unidos son hoy mucho más baratas que en México, donde aún tendremos un gasolinazo este mes y otro, anual, en enero próximo. Tampoco, pese a lo dicho, han bajado los precios de la energía eléctrica, son mucho más altos en México que en la Unión Americana.
Nuestros vecinos del norte han estructurado una notable estrategia de sustitución de importación de crudo y generación de energía que los tiene al borde de la autosuficiencia energética. Pero en buena medida eso se ha logrado gracias a las técnicas de shale y fracking que tienen un costo de extracción, para una multitud de pequeñas empresas, de entre 50 y 60 dólares por barril. La caída de los precios puede hacer inoperantes a muchas de esas empresas. Por eso la OPEP se ha negado a recortar su producción, apostando a sacar del mercado a muchos de esos productores pequeños o medianos. Tener precios que no sean demasiado bajos, pero tampoco demasiado altos le tendría que convenir a México.
¿Por qué entonces tiene para nosotros tantos costos? Primero, porque no es novedad decir que la economía y sobre todo la recaudación están petrolizadas. Pero además, porque está paralizado el mercado interno, que no crece ni tiene perspectivas de hacerlo en el futuro. Y no crecemos porque la economía cotidiana está asfixiada por los impuestos, la falta de recursos y de inversiones. El costo fiscal es muy alto y la reforma está destinada a restringir el consumo, y lo hemos estado viviendo durante todos estos meses.
Tampoco se invierte: para muchas empresas sus inversiones en el exterior son hoy mucho más importantes que las realizadas en el país. Será por especulación o por aprovechar oportunidades, pero también es porque no hay el suficiente mercado interno y porque las condiciones para invertir no son hoy las mejores en muchos terrenos, incluyendo el fiscal y el de infraestructura. Se dice que hay fuga de divisas: no es verdad, lo que sí hay es desinversión. Y no es un consuelo.
Clinton ganó aquellas elecciones en apariencia imposibles porque decidió apostarle al cambio, a la economía cotidiana, a las necesidades básicas de la gente, comenzando por la opción a que tuviera dinero en sus bolsillos con una propuesta enfocada al mercado interno. Es difícil comprender por qué ahora no hacemos en México una apuesta similar.
LA JORNADA ASTILLERO JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZDiputados convertidos en trajeados granaderos que pretenden encapsular el derecho a la expresión pública de las inconformidades, utilizando como presunto justificante de sus decisiones provocadoras la movilidad
y la ecología, al facultar a las autoridades gubernamentales a la virtual prohibición (encapuchada deregulación
) de las manifestaciones públicas.
Falta la aprobación del Senado (donde le es más fácil al PRI imponer su voluntad, con panistas y perredistas alineados y la presidencia
fársica de Héctor Miguel Bautista), pero ya en San Lázaro se confirmó la calculada intención del peñismo y sus aliados de generar un clima propicio para la cancelación de libertades de expresión y manifestación, a partir de los infiltrados, la provocación y los medios de comunicación que prefieren destacar los episodios violentos y no las marchas pacíficas. El gobierno federal, y su comisionado para el Distrito Federal, el mal procurador Miguel Ángel Mancera, han promovido o cuando menos han dejado correr la película de los destrozos, los incendios y la sangre para tratar de justificar
medidas como la autorizada ayer por una de las dos cámaras legislativas.
No se trata de un arranque ni una ocurrencia. Gobernadores intensamente deseosos de hacer el trabajo sucio a Los Pinos (Chiapas, Quintana Roo y Puebla) ya dieron pasos, meses atrás, en la misma dirección, haciendo aprobar ordenamientos restrictivos de las manifestaciones públicas e incluso, en el caso de Rafael Moreno Valle, por ello apodado el Góber Bala, propiciatorios del uso extremo de la fuerza pública, con disparos de armas de fuego incluidos. Ante la crítica reacción popular, en esos estados se dio marcha atrás o se atenuaron las medidas autoritarias, pero el ensayo cumplió sus objetivos de presagio.
Lo que han aprobado los diputados-granaderos y llegará a la cachiporra senatorial es una propuesta de Ley Bala nacional. La restricción del derecho a manifestarse tiene como consecuencia natural la autorización a las autoridades gubernamentales para aplicar sus recursos de disuasión y represión para hacer cumplir las órdenes prohibitivas. En los hechos, los gobiernos federal y capitalino están aplicando un método de amedrentamiento a manifestantes mediante la provocación de violencia (cuyos verdaderos causantes siempre logran huir
), luego que marchas y manifestaciones tan concurridas como pacíficas se han dado por terminadas, y la posterior arremetida contra ciudadanos sin relación con los hechos, los que suelen ser encarcelados, golpeados y amenazados, aunque luego se les puede dejar en libertad, como ha sucedido en episodios recientes.
La pretensión restrictiva aprobada ayer en San Lázaro da cuenta del ánimo desesperado de un gobierno federal que no atina a plantear salidas o soluciones pacíficas y prefiere apostar por el uso de la fuerza y la imposición de políticas de granadero.
El próximo sábado se cumplirá un siglo de que entraron triunfantes a la ciudad de México los revolucionarios ejércitos norteño y suriano, encabezados respectivamente por Francisco Villa y Emiliano Zapata. De aquellos episodios de poder popular cabalgante quedó como imagen perdurable la de los dos generales en Palacio Nacional, uno de ellos, Villa, sentado en la mera silla presidencial. En conmemoración de ese episodio se realizarán caravanas hípicas este 6, unas en cívico entendimiento con autoridades capitalinas e intencionalidad rigurosamente apacible, y otras desde más de una docena de puntos de la periferia, en una toma política en protesta por las políticas antiagraristas, antipopulares y entreguistas de la administración de Enrique Peña Nieto y de la inmensa mayoría de los gobernadores estatales.
Aun cuando la atención pública está centrada actualmente en las explosiones de descontento fundamentalmente urbanas y de clases medias (aunque detonadas por el caso de una normal rural, la de Ayotzinapa), en el campo mexicano se vive una presionante insatisfacción a causa de las políticas gubernamentales promovidas o toleradas por el peñismo. No se trata solamente del desasosiego derivado de los problemas de comercialización o de las trabas, corrupción y manipulación inherentes a la aplicación del sistema oficial asistencialista.
Campesinos, comuneros, ejidatarios y pequeños propietarios han recibido demasiadas señales de que van cambiando las reglas de la operación rural, con políticos gobernantes aliados a empresas nacionales y extranjeras en proceso de quedarse con tierras y riqueza (entre ellas el agua), en virtuales planes de expropiación desde las cúpulas. Un ejemplo impactante lo dieron las fórmulas aprobadas en la reforma energética, que mostraron las pretensiones de ceder a inversionistas nativos y foráneos franjas de propiedad privada para servidumbres de paso.
Otro tema inquietante es el de la renovación o cancelación de las concesiones de agua. Empleados de compañías particulares, contratadas por Conagua, han recorrido el país para verificar que unos 450 mil mexicanos están en uso de sus pozos. Una suma aún imprecisa de esos concesionarios se ha visto de pronto dictaminada como carente de condiciones para que se le dé nueva vigencia a los permisos que han vencido de 2009 a la fecha. Ha sido fácil encontrar causales para esa virtual cancelación (falta de recibos de pago de electricidad o consumo de diesel, equipo de bombeo retirado por no ser temporada de riego, etc.) Antes, el hombre de campo tenía un título de concesión
y ahora a lo mucho se expide una jurídicamente manipulableconstancia de registro de obra de alumbramiento
. Si la del futuro es la guerra por el agua, pareciera que en México ha comenzado, con Conagua retirando concesiones y empresas particulares dispuestas a hacer negocio. ¡Hasta mañana!
Twitter: @julioastillero
