Gerardo Felipe Castellanos Bolaños
A Norberto Bautista y a Dolores Martínez. Me consta como trabajan sin descanso por el pueblo.
Oaxaca de JuàHablar de Capulalpan, ahora que puedo abrazarlos, y ustedes pueden escucharme, es hablar del lugar en donde está enterrado mi ombligo; la tierra de mis amores; es hablar de costumbres, tradiciones y forma de ser de los capulalpenses; es hablar de la cuna de Miguel Méndez y del Pueblo Mágico.
La familia me dice de cariño, Papá Tinito, y me gusta porque es una forma de consentirme, de apapacharme, de quererme. Es algo que todos, como seres humanos, necesitamos de manera perma- nente, aunque lo olvidamos y transitamos por la vida como hojas al viento.
Los paisanos me dicen compa, y cuando se refieren a Capulal- pan, dicen: el pueblo. ¿Cómo estas compa? ¡Bien compa! aquí en el solecito, agradeciendo la luz de este día ¿y tú? ¿Dónde están tus papas? Al pueblo fueron.
Nací un domingo lluvioso, a medio día, era el 29 de julio, día de Santa Marta. Me pusieron Faustino, como mi abuelo; era el año 1923. Mis padres fueron Dionisio Martínez y Dolores Martínez, originarios. En el pueblo todos éramos parientes; así era antes, te casabas sin saber el grado de parentesco.
Estudié la primaria en la única escuela del pueblo, la Miguel Méndez, por supuesto; tenía siete años cuando inicié e iba de 8 a 11 de la mañana; había seis grupos, del primero al sexto, cada uno en su salón. Había mucho cambio de profesores y los mandaban de Oaxaca.
En el 5o y 6o año fue mi maestro el Sr. Eleazar T. Cruz, que era buen profesor, con él terminé la primaria. Había un solo libro por 62 gerardo castellanos grupo y lo tenía el maestro; en un cuaderno te dejaban la tarea y todo lo memorizabas, así era antes.
Era un tiempo crítico, no había dinero; escribía uno con gis en un pizarrón tamaño carta que se llamaba pizarra, era delgadita y el gis largo y delgado como un lápiz, era el pizarrín; borraba uno con lo que pudiera. Aprendí a leer con el silabario y a contar en un marco de madera, así, como de un metro de altura y de ancho un poco menos, con alambres que tenían canicas de madera.
Había competencias para ver quién sabía más, el maestro dividía al grupo en dos y así, en dos filas nos paraban frente al pizarrón, su ayudante apuntaba las cuentas y pasaba uno, y otro, y otro y otro.
Al final del año se hacía un examen práctico, frente al Comité de Educación que estaba formado por un representante de los mineros, uno de los campesinos, el maestro y la autoridad municipal. Todos en un salón.
Para que luciera el aprovechamiento de los alumnos y el trabajo del maestro, como estrategia, a quienes sabíamos, el profesor nos sentaba atrás y a los bodorros adelante (Bodorros, los que así como entraban así salían, es decir, sin haber aprendido nada. El jurado pensaba que los burros eran los de atrás y empezaba a preguntar- nos: a ver tú y tú. Ahora tú. A mí siempre me sentaron atrás.
Eran grupos pequeños, mixtos, de ocho a diez alumnos, y eran muy pocos aquéllos que llegaban a 5 o y 6o.
A partir del 4o. año, cada lunes, antes de entrar, nos formaban y nos hacían preguntas, y a los que no contestaban bien, debían extender la mano con la palma hacía abajo, como para tomar distancia, y con una regla les golpeaban el dorso.
Para las fiestas patrias de hacía el concurso para sacar a la Amé- rica, a cada grupo iba la Junta Patriótica y sacaban el 1o, 2o y 3er lugar, y por su cuenta se pagaban los vestidos de las tres.
En la noche del 15, era Noche de Libertad; en carretas ador- nadas iba la América y sus damas, acompañadas por la banda de música del pueblo. Las yuntas eran jaladas por policías hasta llegar al Altar Patrio; allí estaba la autoridad y era donde cantaba la Amé- rica. El Presidente municipal daba El Grito y cualquiera sacaba su máuser, pistola o escopeta y… a quemar cartuchos; entonces no había cuetes, ni ruedas catarinas; eran bonitas las fiestas, se ponían bien alborotadas.
El 16 desfilaban por el pueblo los niños, la América y sus damas, acompañados por la banda de música hasta el Altar Patrio en donde se celebraba el acto cívico; después había encuentros de básquetbol, que era el único deporte, y de pelota mixteca; “adornados estaban sus guantes”; venían a jugar de Lachatao y de Latuvi. Aquéllos que trabajaban en el mineral ganaban mucho y jugaban de a dinero.
Fueron mis contemporáneos: Taurino Bautista, Eustaquio Bau- tista y Edmundo Sánchez.
Estaba amolado el medio, salía avante quien tenía primaria; quien contaba con dinero salía del pueblo. Estuve a un pelito de irme a estudiar a Oaxaca, pero mi destino era quedarme. El maestro Eleazar escogió a los mejores para estudiar fuera. Dijo a ver Faustino, tú y… tu. El día del viaje se enfermó mi mamá y me que- dé a cuidarla.
Desde Santa María Oaxaca
El día de tu partida 21 IV 2016
