Oaxaca de Juárez, 29 de noviembre. Hoy, finalmente se termina al parecer el peor sexenio de la historia de Oaxaca. Gabino Cué, que no tenía dinero para su campaña política y que le fue a pedir prestado al empresario Carlos Ahumada se convirtió en multimillonario y próspero hombre de negocios. Esto, a costa de los oaxaqueños. Aquellos a quienes les vendió la idea de su inmaculada honestidad. Resultó más voraz que todos sus antecesores. Quiso pasar a la historia como el tonto, pero fue todo lo contrario. No le dolió la pobreza que vió durante sus recorridos. Esas mujeres y hombres miserables que le ofrecían un pedazo de tortilla con sal porque no tenían más. Esos campesinos que le depositaron su confianza, que le transmitieron de manera lastimosa sus carencias, los defraudó. En su toma de protesta hizo muchas promesas. Aseguró que no habría más corrupción y hoy seis años después sus colaboradores más cercanos son millonarios. No castigó a los rateros, los cobijó y protegió. El gobernador sabía lo que hacían sus colaboradores y les permitió toda clase de excesos. La extraña relación con su prestanombres Jorge Castillo quien realmente ejerció el poder, queda en el aire, al grado que le pidió al gobernador entrante Alejandro Murat que no lo tocara, que “se chingara a todos menos a él”. Así es de grande su cariño y su complicidad. Prometió apoyar a las mujeres -en este sexenio se registraron más feminicidios que en otras administraciones-. Hubo más negligencias médicas que nunca. El “doctor muerte”, su compadre Germán Tenorio sigue cobrando en el sector salud, pese a todo. Su ambición es insuperable. En obras públicas todos los recursos pasaron a manos de Netzahualcóyolt Salvatierra y su amigo del alma José Zorrilla. Ambos “voraces fariseos, que no poseen más moral que la de la codicia”. Y la lista es larga. Pero que quede claro, Cué fue cómplice en todo. 
A los maestros los empoderó, les dio todo y más. A la organizaciones sociales las encumbró y enriqueció. A sus aliados los partidos políticos PAN-PRD y PT les abrió las arcas.
Como nunca, se vivió un paro histórico de policías, al grado que hoy en día, los titulares no tienen ninguna fuerza, no mandan y al contrario están bajo sus reglas.
Con la prensa local tuvo muchos raspones, y su coordinador se peleó con todos. Cué siempre se mantuvo alejado de algunos medios, se mostró poco afable y molesto.
A los discapacitados, los maltrató pese a que lo apoyar0n. A los burócratas no les pagó. A lo proveedores, tampoco.
Deja un estado ingobernable, con carencias y polarizado. Los oaxaqueños están hartos de tantos desmanes que permitió a lo largo de 6 años. No creo que nadie lo recuerde bien. Desde siempre soñó con ir a vivir a otro estado, -Nuevo León- con todo y sus cómplices. Veremos.
Lo que sí hizo es dinero, y con eso puede comprar tiempo, complicidad y apoyos para no ir a parar a la cárcel. Al tiempo.
Adios.
