Oaxaca de Juárez, 9 de marzo. La semana pasada nos vimos bombardeados por toda la propaganda mediática que tuvo la visita del Presidente Enrique Peña Nieto a Reino Unido. Haciendo a un lado las críticas del costo de los vestidos de la Primera Dama y de los hijos, pienso que la visita pone al descubierto varias lagunas que hay dentro del protocolo y la falta de cartas de negociación con las que cuenta México para lograr acuerdos con rendimiento a largo plazo.
En primer lugar creo oportuna la crítica hacia el discurso del Presidente dentro del Parlamento Británico. Su cita con respecto a Sir Winston Churchill creo que estaba de más cuando históricamente Reino Unido fue el primer Estado en reconocer al México independiente. Por otro lado, siendo el año dual de Reino Unido en México pienso que era la oportunidad perfecta no sólo de hablar sobre la supuesta seguridad para invertir en México, sino para hacer acuerdos de facto que fomentaran la Inversión Extranjera Directa en un momento en el que el dólar y el Euro tienen tanta incertidumbre.
Por su parte, las faltas protocolarias cometidas por el Presidente y su familia son claras lagunas dentro de la Secretaría de Relaciones Exteriores que tiene por obligación prever la logística en una visita de Estado y más en un país monárquico con prácticas mucho más ortodoxas. Por su parte, es importante resaltar que una vez que un jefe de Estado está en el país anfitrión está bajo la protección completa del país que lo está recibiendo, por tanto, llevar a toda la familia representa de alguna manera un abuso y una falta de protocolo.
Así pues podemos reflexionar sobre el verdadero papel que tiene México ante el mundo. Estamos muy acostumbrados a pensar en todo el asistencialismo que México debe recibir por parte de la comunidad internacional sin darnos cuenta que las obligaciones de México para con el exterior cada vez son mayores y se ha quedado rezagado en su cumplimiento si tomamos como referencia a otras potencias emergentes como Brasil o la India.
De ahí que no podemos darnos la oportunidad de que México quede ante una potencia como Reino Unido como un país cuyas instituciones no son lo suficientemente sólidas y donde el Primer Mandatario no está a la altura de las exigencias de la comunidad internacional. Claramente la visita de Estado no tuvo ninguna sincronización de agendas y se abordaron temas importantes para México pero sin ninguna resolución concreta.
Lamentablemente mientras en México sigamos ensimismados en problemas de corte social, poco tendemos qué hacer en el libre mercado y mucho menos una participación efectiva en las medidas que día a día exigen una cooperación en materia de seguridad internacional y que tanto importan a países como Reino Unido.
