Oaxaca de Juárez, 24 de abril. La tarde de este 24 de abril de 2026, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) encabezada por Roberto Velasco, dio a conocer el nombramiento de la activista Rigoberta Menchú Tum como Alta Consejera para los Derechos de las Mujeres y los Pueblos Indígenas en la Política Exterior de México. 
Este cargo, creado en coordinación con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, busca fortalecer la presencia de la igualdad sustantiva y la interculturalidad como ejes de la agenda internacional mexicana.
Nueva etapa en la política exterior mexicana
La SRE informó que la designación de Rigoberta Menchú Tum responde a las prioridades establecidas durante la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. El objetivo es articular estrategias que promuevan y protejan los derechos de las mujeres, pueblos indígenas y afromexicanos, tanto dentro del país como en el ámbito internacional.
Colaborar en el diseño de una política exterior integral para la promoción de derechos humanos.
Asesorar la implementación de proyectos estratégicos en materia de igualdad e interculturalidad.
Fortalecer la coordinación entre la Cancillería, la Secretaría de las Mujeres y el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.
La gestión de Menchú Tum buscará establecer planes y acciones conjuntas que aseguren la presencia activa de estas comunidades en foros multilaterales y la agenda global.
¿Quién es la activista Rigoberta Menchú Tum?
Rigoberta Menchú Tum nació el 9 de enero de 1959 en Chimel, Guatemala. De origen maya k’iche’, es hija de Juana Tum, curandera tradicional, y Vicente Menchú, dirigente comunitario. Su vida estuvo marcada por la represión del régimen guatemalteco: su pueblo natal fue arrasado y su familia sufrió persecuciones y asesinatos.
Sin estudios universitarios, Menchú trabajó en el campo y como empleada del hogar, aprendiendo español de manera autodidacta. Comenzó su activismo en el Comité Unidad Campesina y en 1981 se exilió en México, donde denunció internacionalmente la situación de los pueblos indígenas guatemaltecos.
Desde 1982 participa en las sesiones de la Asamblea General de la ONU y en 1992 recibió el Premio Nobel de la Paz, siendo la primera indígena y la persona más joven en recibirlo hasta esa fecha. Creó la Fundación Vicente Menchú para apoyar proyectos indígenas y fue designada embajadora de buena voluntad de la ONU en 1993.
A lo largo de su carrera ha recibido múltiples reconocimientos, entre ellos doctorados honoris causa en universidades de América y Europa, el Premio Educación para la Paz de la UNESCO y el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. Publicó libros y fue candidata presidencial en Guatemala en 2007. Su labor se ha centrado en la defensa de los derechos humanos y la visibilización de los pueblos indígenas en la escena internacional.


