Por: Jorge Castañeda
Oaxaca de Juárez, 19 de mayo. Muchos hemos escuchado que lo único que funciona contra la contaminación atmosférica en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México es la Secretaría del Aire, ya que sólo cuando sopla el viento hay dispersión de los contaminantes que a diario afectan gravemente a millones de capitalinos.
Pues bien, según un proyecto del ingeniero Heberto Castillo Martínez, destacado luchador social y político de izquierda, que también era un científico de vanguardia, internacionalmente reconocido, sí es posible “construir” una Secretaría del Aire, esto a través de una serie de grandes ventiladores estratégicamente ubicados, que formarían túneles de viento para dispersar la contaminación de la megalópolis.
Aunque el proyecto para algunos puede ser descabellado, fue planteado formalmente por Heberto Castillo ante expertos y científicos, e incluso investigadores de la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos, lo consideraron totalmente viable, esto a finales de la década de los 80 del siglo pasado.
Inclusive, en 1997, año de la muerte de Heberto Castillo, ya existía un proyecto para llevar a cabo la idea de los grandes ventiladores, que desafortunadamente sólo quedó en fase experimental, según refirió entonces Alejandro Encinas, que fungía como secretario de Medio Ambiente capitalino.
Posteriormente, el proyecto fue desechado, pero nunca se explicó por qué y con base en qué estudios, aunque muchos siguen afirmando que, en teoría, sí es posible crear túneles de viento de manera artificial en la Ciudad de México, esto a partir de la idea original de Heberto Castillo, quien también proponía crear, mediante ionización del aire, lo que llamaba “pequeños tornados” para esparcir los contaminantes de la urbe.
Y es que todos sabemos que la Ciudad de México está en un valle rodeado de montañas, que literalmente forman una especie de cazuela, en medio de la cual quedan atrapados los contaminantes. A esto se agrega la altura y la gran radiación solar que existe entre febrero y junio, o bien, en los meses de frío, la aparición de la Inversión Térmica, que atrapa la contaminación atmosférica hasta que el calor la rompe luego del mediodía invernal, todo lo que en foroambiental.com.mx hemos explicado detalladamente en varios artículos y reportajes.
Por ello, sólo cuando existe la acción del viento es que el aire logra limpiarse de la polución, y fue precisamente esta situación la que llevó a Heberto Castillo a plantearse la forma de crear viento artificial, lo que desgraciadamente nunca fue tomado en serio, a pesar de que se trata de un proyecto científicamente sólido, elaborado por alguien que era admirado por su ideas innovadoras que le dieron fama mundial.
Quién fue Heberto Castillo Martínez
Además de ser reconocido como un político de la izquierda mexicana y un verdadero luchador social que nunca traicionó sus principios, Heberto Castillo Martínez fue un científico internacionalmente reconocido que, entre muchas de sus aportaciones, creó una de las más grandes innovaciones ingenieriles a nivel mundial.
Ingeniero civil, egresado de la entonces Escuela Nacional de Ingenieros de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), desarrolló un sistema tridimensional de estructuras mixtas de fierro y concreto que se convirtió en un éxito internacional por su liviandad y su resistencia, al que llamó Tridilosa.
Su objetivo fue utilizar la menor cantidad de material posible para la construcción de losas. Al conjuntar un racionado diseño de construcción con estructuras tridimensionales de acero y concreto, ahorró hasta 66 por ciento del material que se utilizaba para rellenar las losas.
Para lograrlo, sólo recubrió de cemento la zona de tensión y la capa superior de las losas, obteniendo la misma resistencia, pero haciéndola mucho más ligera y a precios notablemente menores, por lo que se puede afirmar que su invento fue toda una revolución tecnológica pero también ecológica, por la gran cantidad de material que ahorra.
Dentro de las anécdotas sobre este invento, se refiere que ante la incredulidad de sus colaboradores, y para demostrar su resistencia, en una ocasión mandó colocar un camión de 50 toneladas sobre el techo del Banco Agrícola Ganadero de Toluca, que se estaba construyendo utilizando la Tridilosa.
Las crónicas de aquéllos años afirman que quienes presenciaron la hazaña, no tuvieron más remedio que felicitarlo y nunca más dudaron que se trataba de un ingeniero muy adelantado a su época y que su invento significaba, sin duda, una revolución para la industria de la construcción.
La estructura se volvió desde entonces tan liviana que incluso podía flotar, permitiendo que se erigiera sobre suelos fangosos sin pilotes o columnas subterráneas.
Una de las cualidades más destacadas de la Tridilosa es que puede ahorrar un 66 por ciento de hormigón y hasta un 40 por ciento de acero, debido al hecho de que no necesita ser rellenado de hormigón en la zona de tracción, solamente en la zona superior de compresión.
La Tridilosa sirve no sólo para hacer techos y puentes ultralivianos, sino también muelles flotantes y hasta pangas, como las 40 que navegan desde hace años en Campeche.
En Nicaragua, Heberto Castillo construyó un puente por el que pasan camiones y que, sin embargo, puede ser levantado por dos hombres, uno a cada extremo.
Luego de demostrar plenamente los beneficios de la Tridilosa, esta invención fue utilizada en más de 200 puentes en México, así como en edificios famosos como el World Trade Center, la Torre Chapultepec, el Centro Médico Siglo XXI, la Plaza Cuauhtémoc, la Plaza Tabasco 2000, el Hotel Morelia Misión y en el edificio Biósfera 2, ubicado en Arizona, Estados Unidos, país en donde existen varias construcciones que se realizaron aplicando su invento, así como naciones europeas y asiáticas, hasta donde ha llegado la Tridilosa.
Cabe destacar que en México hay casi un millón de metros cuadrados construidos con el invento de Heberto Castillo, según datos del Colegio de Ingenieros Arquitectos del Estado de Hidalgo.
Por su parte, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) considera a Heberto Castillo Martínez como uno de los más destacados científicos en el ámbito de la construcción.
Así que después de saber un poco de este desaparecido científico mexicano, tal vez ya no parezca descabellado su proyecto de los grandes ventiladores para dispersar la contaminación del aire en la capital del país, lo que sin duda funcionaría mucho mejor que las absurdas e ineficaces medidas que se han implementado hasta ahora, enfocadas a limitar la circulación de autos particulares, los cuales, como lo hemos señalado en foroambiental.com.mx
Y aunque estoy seguro que nadie se atreverá a tratar de implementar el proyecto de Heberto Castillo, ojalá que al menos este reportaje sirva para reconocer la enorme valía del político-científico, que quizá sólo tuvo el defecto de adelantarse demasiado a su tiempo.
Por cierto, a Heberto lo conocí cuando yo era estudiante del primer semestre de la Licenciatura de Periodismo, y le solicité una entrevista para que me explicará su extraordinario invento de la Tridilosa, esto para un trabajo de investigación escolar.
A pesar de que yo era un joven totalmente desconocido, aceptó de inmediato que lo entrevistara, e incluso me recibió en su casa.
Después de la entrevista, que duró casi dos horas, me dijo que para dónde iría. Le respondí que a la Escuela de Periodismo Carlos Septién, en donde yo estudiaba. Pues vámonos juntos, que yo voy al centro, me contestó.
Así, nos subimos a un camión que nos llevó al Metro, y seguimos platicando hasta llegar a la estación Hidalgo, donde yo me bajé y el ingeniero siguió hasta el Zócalo. Y es que Heberto Castillo, aunque tenía recursos económicos de sobra, gracias a su invento, viajaba en transporte público muy frecuentemente, porque decía que así le podía tomar el pulso a la gente y saber lo que realmente sentía, pensaba y padecía.
De ese tamaño era la grandeza de Heberto Castillo Martínez, y eso que aquí no les cuento sobre su gran pasión por la lucha social y su enorme contribución a la verdadera izquierda mexicana, esa que por desgracia quedó sepultada en México por personajes que sólo piensan en el poder y el dinero.
Jorge Castañeda es colaborador especial de ADN Sureste y
Director Editorial de foroambiental.com.mx
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