Oaxaca de Juárez, 21 de septiembre. El pasado jueves 18 del presente mes, los escoceses acudieron a votar en un referéndum sin precedentes para decidir el futuro de Escocia como parte de Reino Unido, o como país independiente. Los resultados, aunque cerrados, no sorprendieron a muchos que apostaban a que Escocia no dejaría de ser parte de Reino Unido.
La decisión tomada en los colegios electorales, representaba el sentir de una mayoría, que buscaba seguir perteneciendo a un país con numerosos privilegios por parte de la Unión Europea y distintos organismos internacionales. El resultado del referéndum, también representa el miedo de los escoceses de nadar en la incertidumbre económica, luego de haberse consumado la independencia.
Mucha fue la expectativa que genero este proceso, que incluso llegó a poner en riesgo el puesto de David Cameron como Primer Ministro de Reino Unido. Ahora se pasará a tratar a Escocia como la novia dolida que puede irse en cualquier momento. El referéndum cayó como balde de agua fría a un Reino Unido que era el ejemplo de cohesión por excelencia.
En los discursos de los partidarios separatistas, éstos llamaban a aceptar el resultado, no sin antes hacer un llamado enérgico a las autoridades en Londres de respetar los compromisos hechos a manera de negociación en caso de que no se consumara la independencia. Dentro de estos compromisos estaba el de dar más poderes a aquella región.
Las reacciones no se hicieron esperar, luego de darse a conocer los resultados que marcaban una victoria para la “no independencia”, el Primer Ministro David Cameron aseguró sentirse satisfecho, y se pronunció a favor de un logró más para la democracia británica.
Por su parte, la comunidad internacional, particularmente Estados Unidos, destacó el proceso democrático como histórico y congratuló a Reino Unido en reiteradas ocasiones.
Así pues, podemos ver que las regiones separatistas en Europa siguen siendo una realidad, que hoy en día gracias a los procesos de globalización, han ganado adeptos y fuerza para tratar de lograr cambios importantes en sus condiciones; sin embargo, es importante recordar que nunca una región separatista va a apostarle a la incertidumbre que genera el nacimiento de un nuevo país, donde las entidades supranacionales como la Unión Europea, son las que rigen de cierta manera el porvenir de los estados.