Oaxaca de Juárez, 15 de septiembre. Cada septiembre, México se llena de banderas, música de mariachi, pozole, tequila y celebraciones que parecen decirnos qué significa ser mexicano. Sin embargo, muchos de los elementos que hoy se asocian con la mexicanidad no han sido siempre los mismos ni tienen un significado inmutable.
La identidad nacional es, en realidad, un repertorio cultural que cambia con el tiempo, explicó José Ignacio Lanzagorta García, integrante del área de Comunicación Pública de la Historia del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.
“Una identidad nacional es un repertorio cultural, es decir, un conjunto de elementos que se toman, que pueden ser de muchos tipos: puede ser el idioma, la religión, un conjunto de costumbres, de ideas, de una historia común”.

Estos elementos son compartidos por un grupo que se reconoce en ellos, pero no permanecen iguales para siempre. Lo que en determinado momento resulta fundamental para definir la identidad puede perder importancia y ser sustituido o complementado por otros símbolos.
Por ejemplo, durante buena parte de la historia de México, la religión católica y el idioma español fueron elementos importantes de la identidad mexicana. Sin embargo, actualmente existen mexicanos que no se consideran católicos y que continúan identificándose como mexicanos.
Por ello, señaló el especialista, no existe una esencia que determine qué es ser mexicano.
“No existe nada que sea esencialmente mexicano, sino que es algo que en el tiempo vamos decidiendo qué contenido tiene y qué nos sirve”.
Septiembre y la identidad mexicana
¿Por qué cada septiembre parece despertar con mayor fuerza el sentimiento de mexicanidad? La respuesta está relacionada con la historia que México ha construido como parte de su identidad nacional. Septiembre es el mes en que se conmemora el inicio del movimiento de Independencia, considerado uno de los momentos fundacionales del Estado mexicano.
Miguel Hidalgo, José María Morelos, el movimiento insurgente, los primeros textos constitucionales y la construcción del México independiente, entre otros acontecimientos, forman parte de esa historia común que ha sido incorporada al repertorio de elementos con los que los mexicanos se identifican.
De ahí que durante este mes las calles, casas y espacios públicos se llenen de banderas y que aparezcan elementos como el mariachi, el tequila, el pozole y los trajes tradicionales. Pero incluso estos símbolos son resultado de un proceso histórico.
¿Quién decidió qué es mexicano?
Algunos elementos de la identidad mexicana comenzaron a adquirir fuerza desde el periodo colonial. Uno de ellos fue la Virgen de Guadalupe, que se convirtió en un símbolo capaz de unir a poblaciones diversas.
Sin embargo, buena parte de los elementos que hoy se consideran representativos de México adquirieron su carácter nacional después de la Revolución mexicana.
Tras el conflicto revolucionario, los gobiernos posrevolucionarios emprendieron un esfuerzo deliberado por construir una identidad común para un país profundamente dividido. Para ello recuperaron costumbres y expresiones culturales que existían en distintas regiones y comenzaron a presentarlas como parte de una cultura mexicana.
Este proceso se expresó en los murales, en el cine y en los libros de educación, entre otros medios. “Si están tomando algunos elementos, sí hay un esfuerzo deliberado por crear eso”, explicó el académico.
Así, prácticas que originalmente podían ser locales o regionales comenzaron a adquirir un significado nacional.
Del mariachi al Día de Muertos
La identidad nacional tampoco permanece inmóvil. Algunos símbolos pierden fuerza mientras otros adquieren mayor relevancia.
Un ejemplo es el Día de Muertos. Aunque se trata de una celebración con una larga historia y distintas expresiones, durante el siglo XX fue incorporada por los gobiernos posrevolucionarios como una tradición asociada con lo popular mexicano.
Actualmente, considera el especialista, el Día de Muertos tiene una fuerza extraordinaria como símbolo de mexicanidad, incluso a nivel internacional.
La industria cultural y el mercado también participan en este proceso. La representación de México en películas y productos culturales puede contribuir a que ciertos elementos cobren nueva fuerza e incluso a que aparezcan nuevas formas de celebrar tradiciones.
“Un día alguien hace algo que lo asocia a la identidad mexicana, funciona, nos gusta, nos agrada y se vuelve una nueva tradición”.
Esto no significa que una tradición sea falsa por haber cambiado o adquirido nuevas expresiones. Por el contrario, demuestra que las identidades culturales son dinámicas.
Lo mismo ocurre con símbolos como el mariachi. Aunque es uno de los elementos más reconocibles de México, su importancia relativa puede cambiar con el tiempo, mientras otras expresiones culturales adquieren mayor presencia.
Incluso los colores de la bandera han cambiado de significado
Los símbolos nacionales también pueden conservar su forma mientras cambia lo que significan. Los colores verde, blanco y rojo de la bandera mexicana tienen su origen en el Ejército Trigarante. En un primer momento, su significado estaba relacionado con las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad, en consonancia con el contexto religioso de la época.
Posteriormente, esos colores adquirieron otros significados relacionados con la independencia y la historia nacional. Este ejemplo permite observar cómo un mismo símbolo puede conservarse mientras su contenido se transforma.
Lo mismo sucede con la comida. El pozole se ha convertido en uno de los platillos asociados con las celebraciones patrias, particularmente con la noche del 15 de septiembre. Sin embargo, no existe una razón esencial por la que tenga que ser el alimento de la celebración.
Su presencia también puede explicarse por cuestiones prácticas: es un platillo que puede prepararse para muchas personas y que forma parte de distintas tradiciones familiares.
Una identidad que cambia con las generaciones
Los cambios en la identidad nacional también están relacionados con las transformaciones sociales. Durante las décadas de 1920 y 1930, México vivió un fuerte periodo nacionalista, impulsado por el contexto posterior a la Revolución y por las políticas de los gobiernos de la época.
En los años cuarenta, durante la Segunda Guerra Mundial, aumentó el interés por estilos de vida más cosmopolitas y por elementos culturales provenientes de Estados Unidos y el Caribe.
Después, entre finales de los años sesenta y comienzos de los setenta, acontecimientos como los Juegos Olímpicos de 1968 y el Mundial de 1970 volvieron a colocar a México ante los ojos del mundo y reforzaron la necesidad de mostrar determinados elementos de la identidad nacional.
Hacia finales del siglo XX, con una mayor apertura económica y cultural, se modificaron los patrones de consumo y las referencias culturales.
Actualmente, considera el académico, México podría entrar nuevamente en una etapa de mayor interés por la identidad nacional.
Las nuevas generaciones, sin embargo, incorporan otros elementos y los cambios ocurren a una velocidad mucho mayor.
“Antes, las identidades juveniles duraban un año; ahora creo que duran tres semanas”. Las redes sociales aceleran todavía más este proceso. Modas y expresiones que se vuelven populares pueden desaparecer en cuestión de semanas, pero algunas de ellas pueden permanecer y convertirse en parte de nuevas formas de identidad.
En ese sentido, ser mexicano no significa responder a una definición única ni conservar intactos los mismos símbolos a lo largo del tiempo. La mexicanidad se construye y se transforma con cada generación, a partir de una historia compartida, pero también de nuevas formas de reconocerse como parte de una comunidad.
Banderas, mariachi, comida, celebraciones y tradiciones pueden cambiar de significado, ceder espacio a nuevos referentes o no representar de la misma manera a todas las personas. Precisamente por eso, la identidad mexicana no depende de identificarse con un conjunto fijo de símbolos, sino de una construcción colectiva que cambia con el tiempo y admite distintas formas de entender qué significa ser mexicano.
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