Oaxaca de Juárez, 9 de abril. Existen infinidad de motivos por los que dos hermanos pueden discutir o pelear. Frente a las discusiones infantiles, padres y madres suelen encontrarse ante una disyuntiva: “¿Resuelvo yo el conflicto o es mejor que lo resuelvan ellos solos?”.
Para poder abordar esta cuestión, es necesario entender qué factores subyacen en las discusiones infantiles, para qué sirven y, en caso de ser necesario, cuándo y cómo intervenir.
Las emociones y el temperamento
La alegría, la tristeza, la ira, el miedo, la sorpresa y el asco son las seis emociones consideradas primarias, que existen en los humanos desde las primeras etapas del desarrollo madurativo. Esto se traduce en que las personas ya nacen con una predisposición para la comprensión y expresión de las emociones.
Paulatinamente, a partir de los tres años, aparecen las emociones secundarias que, aunque se basan en las primarias, son más complejas y están condicionadas por el ambiente: celos, envidia, empatía, orgullo, etc. Todas estas emociones tienen un papel imprescindible en la experiencia, supervivencia y desarrollo humanos; a través de ellas se va conformando nuestra manera de percibir y sensibilizarnos ante el mundo.
Emociones infantiles: cambiantes e intensas
qaaaLas emociones, durante la infancia, tienen ciertas peculiaridades: sobre todo su versatilidad (pueden pasar de una emoción a otra con relativa facilidad), su intensidad (la emoción les invade por completo) y su sencillez (la complejidad emocional se va desarrollando con la experiencia).
Las emociones están íntimamente relacionadas con el temperamento, una serie de conductas innatas en respuesta a los estímulos del medio. En psicología, distinguimos tres temperamentos básicos: difícil, lento y fácil, en función de una serie de variables como la cantidad de movimientos, la regulación del sueño, la comida y la excreción, el grado de distracción, la respuesta a la novedad, la adaptación a los cambios del medio, la cantidad de tiempo que el niño dedica a una actividad, el umbral de sensibilidad, la intensidad de reacción y el estado de ánimo general.
El temperamento es la parte biológica de la personalidad. Este permanece estático y estable durante el desarrollo madurativo.
Los hermanos se parecen entre sí más que dos personas sin un vínculo socioafectivo. No obstante, las diferencias más destacadas entre ellos son aspectos que dependen del temperamento. Precisamente por eso, en el entorno familiar, diferencias en los rasgos de temperamento van a influir en la naturaleza de las relaciones que tengan.
La ‘utilidad’ de las discusiones
Aunque las discusiones infantiles pueden llegar a crear un clima familiar incómodo, tienen su utilidad: permiten a los niños identificar qué es lo que les enfada, aprender a poner límites y desarrollar estrategias de gestión de problemas, entre otras cosas.
Asimismo, forman parte de un proceso de aprendizaje en el que se transmiten y establecen las normas sociales. Estas permiten al niño comprender la realidad en los diferentes contextos en que se mueve.
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