Oaxaca de Juárez, 24 de septiembre.
Un jueves por la noche, en octubre del 2013, Simon Brooks empacó sus pertenencias y condujo hacia el oeste, a Silicon Valley, pensando que iba camino a crear la siguiente aplicación tipo Scrabble, el juego de palabras, a la que llamó Gadzookery.
Tenía poco que perder. Brooks debía más sobre su casa en Louisville, Kentucky, de lo que valía. Su matrimonio se había terminado, y había estado trabajando en restaurantes y bares durante dos años, desde que la crisis financiera lo obligó a dejar su empleo como agente hipotecario.
“Metí a mis perros y mis maletas en el coche, y manejé a Dojo”, contó Brooks.
Se estaba refiriendo a Hacker Dojo en Silicon Valley, un espacio comunitario para empresas emergentes de tecnología, cuyos miembros (por lo general, las tarifas empiezan en 125 dólares mensuales) tienen acceso las 24 horas del día.
Un jueves por la noche, en octubre del 2013, Simon Brooks empacó sus pertenencias y condujo hacia el oeste, a Silicon Valley, pensando que iba camino a crear la siguiente aplicación tipo Scrabble, el juego de palabras, a la que llamó Gadzookery.
Tenía poco que perder. Brooks debía más sobre su casa en Louisville, Kentucky, de lo que valía. Su matrimonio se había terminado, y había estado trabajando en restaurantes y bares durante dos años, desde que la crisis financiera lo obligó a dejar su empleo como agente hipotecario.
“Metí a mis perros y mis maletas en el coche, y manejé a Dojo”, contó Brooks.
Se estaba refiriendo a Hacker Dojo en Silicon Valley, un espacio comunitario para empresas emergentes de tecnología, cuyos miembros (por lo general, las tarifas empiezan en 125 dólares mensuales) tienen acceso las 24 horas del día.
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El espacio de piratería resultó ser la clave para su nueva empresa; solo que no como él lo había imaginado.
Brooks llegó con 12 mil dólares y una versión aproximada de su juego de palabras educativo. Esperaba reunir a un equipo en Dojo que lo ayudara a reconstruirlo, pero, una vez allí, no encontró ni a los desarrolladores que requería, ni un cuarto para rentar. Terminó en moteles.
Cuatro meses después, ya se le había acabado el dinero y vivía en su Lexus 1999. Cuando el gerente de Dojo solicitó a un voluntario que limpiara los baños y la cocina cada tarde a cambio de una membresía gratuita, Brooks levantó la mano.
Sin darse cuenta, había dado el primer paso para crear su empresa emergente: una compañía de limpieza que depende de lo analítico para mejorar la eficiencia y fijar los precios.
Larry Maloney, un miembro fundador de Hacker Dojo, dijo que la gente estaba inconforme con la calidad del trabajo que hacían los limpiadores antes de que Brooks se ofreciera de voluntario.
Normalmente, dijo Maloney, el Dojo olía algo rancio, en gran medida, debido a los desarrolladores que trabajaban tarde por la noche. “Con Simon”, dijo, “olía limpísimo”.
Pasó de trapear a revolucionar la limpieza con datos. (NYT)
No fue una hazaña fácil. El Dojo es un espacio extenso de más de mil 485 metros cuadrados. Nunca cierra y es típico que tenga al menos 300 visitantes cada día.
Más información en: http://www.elfinanciero.com.mx/tech/paso-de-trapear-a-revolucionar-la-limpieza-con-datos.html

