XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 
HOMILÍA DE MONS. LUIS ALFONSO TUT TÚN,
OBISPO AUXILIAR DE ANTEQUERA OAXACA
Oaxaca de Juárez, 3 de noviembre. Hermanos, hermanas en Cristo Jesús, el relato evangélico de San Marcos de este domingo, como hemos escuchado, parte de la pregunta que un Escriba, es decir, un experto de la ley hace a Jesús, en quien, como él mismo dirá, reconoce a un Maestro lleno de sabiduría.
La pregunta es compleja y simple al mismo tiempo ¿cuál es el primero de todos los mandamientos? Interpretable en múltiples niveles, la más evidente teniendo en cuenta quien la formula, es que se trata de una pregunta de escuela, de esas preguntas que los estudiantes les hacen a sus maestros en la universidad, con la que se pide a Jesús que demuestre su capacidad exegética, es decir, de interpretar y explicar las Sagradas Escrituras.
Este tipo de discusión está bien atestiguado en el primer siglo de la era cristiana, cuando las diversas escuelas de los rabinos, que se dedicaron a enumerar y ordenar los diversos preceptos que de diferentes maneras se deducían de la Torá, pero detrás de esta pregunta se lee también una petición que no es de la escuela, no es de la universidad, es más bien de la vida y que afecta directamente nuestro vivir de día a día y la vida de fe, un caso que trae consigo interrogantes para nosotros que somos católicos y que podríamos profundizar analizando y comentando ahora el texto bíblico.
El protagonista es un escriba. Los escribas son los especialistas en la Ley de Moisés, parecidos a los actuales maestros de teología, pero con una formación mucho más intensa, porque tenían que aprender de memoria el Pentateuco, es decir, los primeros cinco libros de la Biblia: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, esos cinco libros son considerados la Torá y las interpretaciones de los rabinos también los tenían que aprender, los rabinos mayores, los rabinos que habían muerto. Además, no podían los escribas ejercer su profesión hasta cumplir los cuarenta años, gozaban de gran prestigio ante el pueblo, aunque su peligro era el legalismo, la norma por la norma, con todas las manipulaciones posibles para evadirlas cuando les interesaba. Nada nuevo bajo el sol, como hacen todavía hoy muchos católicos.
Por eso, Jesús tuvo tantos enfrentamientos con ellos. En los Evangelios aparecen generalmente como enemigos, pero en el Evangelio de este domingo, las relaciones entre el escriba y Jesús son muy buenas y los dos se alaban mutuamente.
La pregunta por el mandamiento principal consiste en que en la antigua sinagoga se contaban 613 mandamientos, fíjense qué habían hecho los judíos de aquella época, Moisés dio diez y ellos ya lo habían desmenuzado en 613, 248 preceptos y 365 prohibiciones, que se dividían en fáciles y difíciles, es decir, los que exigían poco esfuerzo o poco dinero eran fáciles y difíciles los que exigían mucho dinero o ponían en peligro la vida.
Poor ejemplo, eran considerados difíciles la circuncisión, que para los judíos es una obligación, honrar al padre y la madre porque la mentalidad judía requería ocuparse de ellos y sustentarlos en su ancianidad, no había jubilación.
Generalmente, se consideraba importante lo referente a la idolatría, la lujuria, el asesinato, la profanación del nombre divino, la santificación del sabbat, el día del Señor, la calumnia, el estudio de la Torá, que era obligatorio también.
Ante este cúmulo de mandamientos, es lógico que surgiese el deseo de sintetizar o de saber, bueno, de los 613, ¿cuál es el más importante?
Antes que le preguntaran a Jesús, la gente lo había intentado y algunos maestros también habían dado algunas respuestas.
Hay dos casos. El primero se encuentra en una anécdota a propósito de los famosos rabinos, Shamai e Hillel, que vivieron pocos años antes de Jesús. La anécdota cuenta que un pagano llegó ante Shamai y le dijo al maestro, al rabino, a Shamai me haré tu seguidor, es decir, estoy dispuesto a convertirme al Judaísmo, con la condición de que me enseñes toda la Torá mientras aguanto a pata coja, cojeando, fallando, ¿no? Shamai, que era un sastre, saben que los sastres hoy en día usan cinta métrica, en aquélla época era un palo donde estaban las medidas, lo echó con su vara métrica de palo y eso también era símbolo de la ley, por eso Jesús dice: la vara con que mides, lo que hoy es el flexómetro, la cinta métrica, antiguamente era un palo, una vara.
Entonces, este pagano fue a Hillel y este le dijo: lo que no te guste, no se lo hagas a tu prójimo. En eso consiste la ley, lo demás es interpretación y este pagano se quedó contento con la respuesta y se convirtió en alumno de Hillel.
La respuesta de Jesús que hemos escuchado en el Evangelio es el esfuerzo por sintetizar en una sola frase lo esencial. Se encuentra al final del Sermón del Monte, en el Evangelio de Mateo, todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos. En esto consiste la ley y los profetas, Mateo 7 versículo 2.
En el Evangelio de hoy Jesús responde con una cita de la Escritura: escucha Israel, el Señor Nuestro Dios es sólo uno, amarás al Señor Tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, estaba citando lo que hemos escuchado en la primera lectura, del libro del Deuteronomio, capítulo 6 versículo 5, aunque añade también: con toda tu mente. Estas palabras forman parte de las oraciones que cualquier judío piadoso recita todos los días al levantarse y al ponerse al sol.
En este sentido, la respuesta de Jesús es irreprochable, no peca de originalidad, sino que aduce lo que la fe está confesando continuamente. La novedad de la respuesta de Jesús radica en que le han preguntado por el mandamiento principal y añade un segundo tan importante como el primero: amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Ambos preceptos están al mismo nivel y deben ir siempre unidos.
Jesús no acepta que se pueda llegar a Dios por un camino egoísta, individual, intimista, como muchos dicen: qué me importan los demás, yo hablo con Dios.
No, no se puede olvidar al prójimo. Dios y el prójimo son inseparables, por eso tampoco se puede decir que el amor a Dios es más importante que el amor al prójimo, por eso a la pregunta del escriba por el mandamiento más importante, que pregunta cuál es, en singular, Jesús responde que son estos dos, responde en plural y no hay precepto más grande que estos.
El protagonista, el escriba que hace la pregunta, se muestra plenamente satisfecho de la respuesta, pero añade un comentario importantísimo, amar a Dios y al prójimo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Con estas palabras abandona el plano teórico y saca las consecuencias prácticas.
Durante siglos, muchos israelitas, igual que hoy, muchos católicos, pensaban que a Dios se llegaba a través de actos de culto, peregrinaciones, ofrendas para el templo, sacrificios costosos. Sin embargo, los profetas les enseñan que para llegar a Dios hay que socorrer necesariamente al prójimo necesitado, preocuparse por los pobres y oprimidos, los migrantes, que no tienen casa, en la justicia, para lograr una sociedad justa. Eso es el amor que nos enseña Jesús.
En el Evangelio de San Mateo, Jesús dice algo similar, dice así: si fueres al altar para hacer tu ofrenda y ahí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda, regresa a tu hermano y reconcíliate con él, luego vuelve y presenta tu ofrenda, porque una ofrenda sin amor al prójimo, no vale a los ojos de Dios.
El señor Jesús deja claro que el segundo mandamiento es tan importante como el primero y que sirve de verificación del primer mandamiento, se vuelve uno que dice: amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo. Jesús, pues, reúne ambos mandamientos en uno solo y no hay ningún mandamiento más grande que este.
Así, el verdadero culto a Dios no puede separarse del amor cristiano al prójimo.
El que dice: amo a Dios y no ama a su prójimo es un mentiroso, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su prójimo, a quien ve? Este es el mandamiento que hoy hemos recibido de Jesús, el que ama a Dios tiene que amar también a su prójimo.
Sea alabado Jesucristo.
Por siempre sea alabado.