Oaxaca de Juárez, 4 de julio. “¿Por qué nos tienen miedo?”, dice Germán Mendoza Nube, “por qué no les tenemos miedo”. Mendoza Nube, uno de los fundadores y líderes históricos de la Sección 22 de la Coordinadora Magisterial, identificado en informes de inteligencia y en la prensa como jefe del ala más radical de los maestros y miembro del EPR, añade: “Nosotros no provocamos la violencia; nos defendemos. Nosotros no administramos el conflicto; buscamos construir”. Mendoza Nube es una de las leyendas vivas de la lucha social en México, que se mueve en una silla de ruedas desde hace 29 años cuando la policía lo apaleó en Río Grande, en la costa de Oaxaca. “¿Comandante guerrillero?”, se ríe. “No hay forma de que lo puedan probar”. En todo caso, “no se necesitan guerrillas en las comunidades. Son las comunidades las que se defienden”.
Mendoza Nube vive en la semi clandestinidad. Aparece y desaparece en mítines y asambleas. Hace mucho tiempo que no duerme más de dos noches en el mismo lugar, porque sabe que lo persiguen. No es nuevo. Varias veces ha sido detenido por sus actividades políticas –por lo que lo consideran organismos de derechos humanos internacionales como un preso político-, pero entiende que ahora es diferente. “No me quieren detener, me quieren desaparecer”. Lo ven como uno de los cerebros de la efervescencia en una Oaxaca que hierve. Su crisis política es profunda y no existe ni solución ni en el corto, el mediano y, como están las condiciones en el estado, ni en el largo plazo.

