Cuauhtémoc Blas
Oaxaca de Juárez, Oaxaca. 12 de enero. El desastre electoral y el mayor que viene para Oaxaca de seguir al frente del IEEPCO- OPLE Oaxaca los nuevos Consejeros electorales es un buen ejemplo del por qué de la crítica periodística en diversos aspectos de la administración pública de la entidad. No es por estar en contra de algún grupo político, oponerse o criticar por oficio. Nunca fue tan casi exactas la críticas a los ahora funcionarios desde que se veía venir su imposición por parte de los partidos políticos nacionales que se reparten a placer las posiciones electorales en todo el país.
Posiciones que deberían estar en manos de ciudadanos independientes de los partidos, pues se hacen llamar órganos ciudadanizados, y ahora ni uno sólo de esos consejeros electorales puede presumir independencia. Por el contrario, están allí personas de una subordinación hasta patética, no sólo a partido sino a político líderes de facciones.
Finalmente hubiera sido mejor — ya que de todos modos el OPLE quedó la gente menos apta de José Antonio Hernández Fraguas—, que quedara al frente del instituto electoral de la entidad Miguel Ángel Carballido, quien, aunque más notoriamente vinculado al PRI, al menos si conoce de los asuntos electorales de Oaxaca.
El papel de los actuales consejeros con su consejero presidente desprovistos hasta del más elemental sentido común es más que alarmante, da hasta miedo. Un botón de muestra muy notorio fue en sus primeras decisiones cuando el mismísimo consejero presidente ordenó que de inmediato se sustituyeran las siglas del IEEPCO por OPLE, cuando esto era legalmente imposible, toda vez que el Congreso local no ha hecho la reforma electoral para dichos cambios. ¿No sabían eso tan simple?
Los errores van en aumento, todo les sale mal. Y no se trata de asuntos menores, cual si fueran cualquier paisano presidente municipal de uno de los cientos de pequeños municipios de Oaxaca que al tener poco imbuido en su cabeza el Estado de Derecho comete cualquier cantidad de ilegalidades. Así los flamantes consejeros se sienten tan poderosos que se pasan por el arco de triunfo las leyes con insostenibles acuerdos en sus sesiones de Consejo.
Con la soberbia propia de quien poco conoce creen estar en lo que era ARIPO o el Instituto de la Juventud, dónde las acciones no son tan notorias, y albergan en puestos y nóminas a parientes, amigos y compañeros de equipo político. Así, desmantelan de operadores electorales tan necesarios en esta actividad del Oaxaca difícil.
En San Dionisio del Mar, donde había plazo perentorio para la realización de las elecciones extraordinarias, de nuevo se burlaron de la legalidad y van dos ocasiones que el desconcertante Consejo electoral “pospone” la elección. Intereses políticos pecuniarios aparte, estas decisiones exhiben plenamente a una autoridad electoral intrascendente.
Claro, detrás de esa ineptitud hay razones de peso y pesos, pues se trata de un municipio que ejerce 17 millones de pesos anuales y que ahora el también priista de conocida mala reputación administrativa, Jorge Bustamante García, administrador municipal de San Dionisio maneja a placer desde su cómodas oficinas alternas en Juchitán, Salina Cruz o Oaxaca.
Jorge Bustamante es aquél amigo de infancia de Diódoro Carrasco Altamirano quien lo colocó como Secretario de Administración de su gobierno, y al final lo traicionó al apoyar con recursos del erario al enemigo de Carrasco, José Murat. Antes de eso Bustamante, quien se dio vida de sultán en ese sexenio, hizo traer arena de Cancún para acondicionar su cancha de boleibol playero en su enorme casa de campo en Etla, haciendo a un lado la arena de la costa de Oaxaca porque era más gruesa.
Cada que posponen las elecciones los funcionario electorales de marras esgrimen el argumento de que no hay las condiciones políticas que garanticen un proceso electoral pacífico, y culpan al gobierno del estado y sus dependencias encargadas de la política interna de no ofrecer esas condiciones. Pero eso es un mero pretexto, pues en Oaxaca las actividades del órgano electoral no es sólo colocar las urnas, mamparas y proveer de papelería. El órgano electoral ha tenido históricamente la obligación de negociar, lograr acuerdos, operar políticamente con los grupos en pugna para hacer posible las elecciones. Claro, con el apoyo de la Secretaría General de gobierno, pero esta últimamente está más omisa que nunca. Aquí aunque la delegación estatal del INE con Roberto Cardiel al frente ha tomado las riendas y echado a un lado al OPLE tampoco han podido tener éxito, ante la incapacidad de este otro funcionario federal, quien alardeó: “Denme 24 horas y organizo la elección”, va para tres meses y no hay elecciones en San Dionisio. Lo único que exhibió con esto es la plena subordinación del Instituto Electoral de Oaxaca, su falta de autonomía potenciada por su incapacidad.
Otra perla del nuevo instituto electoral la ofrecieron en San Juan Cotzocón, donde prometieron autorizar la prórroga por tres años del actual presidente municipal, cuando legalmente en ese municipio de usos y costumbres el gobierno municipal es de un año. Aunque por otro lado también ofrecieron al grupo político contrario al actual presidente la pronta realización de elecciones. Así, quién sabe hacia dónde van. Por eso las apuestas por cuánto tiempo duran los bisoños o sumisos consejeros en sus cargos.
En el número reciente en circulación de la Revista En Marcha, un reportaje titulado “Oaxaca, desastre electoral” (http://www.revistaenmarcha.com.mx/miscelanea/analisis/1541.html) resume dicho desastre así: “INE y IEEPCO-OPLE no pueden realizar elecciones en ningún municipio con conflictos, ni en los de partidos políticos ni en los de usos y costumbres. San Dionisio es ejemplo de los primeros y Cotzocón, San Juan Mazatlán, San Antonio de la Cal, Eloxochitlán, de los segundos. Una mayor ingobernabilidad se cierne sobre Oaxaca con estos órganos electorales ineficientes en extremo”.
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